Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

La RAE cambia la definición de nacionalismo y de democracia. 2 enero 2013

La RAE se está acostumbrando a cambiar las definiciones de una edición a otra, no obstante nunca cambia el significado de catolicismo, conservadurismo, etc. Evidentemente, tampoco cambia la definición de palabras como pañal o coser. Pero es muy proclive a cambiar palabras fundamentales en un estado de derecho como es “democracia” (explicado en otra entrada) o a cambiar el significado de palabras que se intentan sacralizar constantemente en el Estado español, como “nacionalismo”. 

La vigésimosegunda edición del Diccionario de la Real Academia recogía las siguientes acepciones para nacionalismo:

1.- Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.

2.- Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.

3.- Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

Cualquiera de las tres definiciones definen lo que se entiende por nacionalismo y en ninguna de ellas se hacen valoraciones subjetivas. Ahora bien, avance de la vigesimotercera edición del Diccionario para nacionalismo:

1.- Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia.

2.- Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado.

Para empezar, parece que se les ha perdido una acepción a los señores de la RAE. Pero leyendo detenidamente no sólo se les ha perdido una acepción, directamente han perdido las tres que se le otorgaban antes al vocablo “nacionalismo”, porque las dos de la 23ª edición no tienen nada que ver con las tres anteriores. Además, introduce el concepto de “fervoroso” para explicar el sentimiento de pertenencia. Ellos mismos definen “fervoroso” como “fervor activo y eficaz” y por “fervor” entienden “entusiasmo o ardor con que se hace algo”, es decir simplemente están diciendo lo siguiente en la primera acepción: 1.- Sentimiento de entusiasmo activo y eficaz de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. Ahora bien, esta definición no era del agrado de sus señorías y han decidido incluir la palabra “fervoroso”, que para todo aquel que tiene acceso a los medios de comunicación de masas durante más de un minuto al día tiene una connotación bastante negativa, pruébese a poner “fervoroso” en google-imágenes y la primera imagen que aparece es bastante representativa del resto (ver foto).

Primera imagen obtenida al buscar "fervoroso" en google-imágenes.

Primera imagen obtenida al buscar “fervoroso” en google-imágenes.

Cuando leí hace ya unos años la novela 1984 de George Orwell pensé que su crítica llegaba demasiado lejos y que había algunas fronteras muy difíciles de pasar. Especialmente me parecía muy improbable lo que hablaba con respecto a las palabras, pero parece que cada día estamos más cerca. Y, sobretodo, si estos cambios se deben a cambios de pareceres en las personas de hoy en día me pregunto dos cosas: ¿por qué no cambian las de conservadurismo o catolicismo? Al fin y al cabo muchas personas pensamos de una manera muy diferente a la que aparece explicada en la definición de la RAE, nos gustaría tener la libertad de expresión que se ha empleado para cambiar la de nacionalismo y la de democracia de una edición a otra. Y otra pregunta aún más grave: ¿la Real Academia debe cambiar el significado de las palabras según vaya cambiando en la calle o, por el contrario, debe velar porque el significado de la palabra no se desvirtúe? Y si,  en el mundo de hoy en día con el desmesurado poder de los medios de comunicación, a unos señores de un importante medio de comunicación les diere por emplear la palabra “mama” como sinónimo de “mierda” y eso calare en la sociedad, ¿entonces tendríamos que aceptar el cambio en el Diccionario de sus acepciones? Pues aunque suene a chiste es lo que ha pasado con “democracia” y con “nacionalismo”. A mí no me parece ningún chiste. ¿O es que a alguien le parece que las definiciones de la 22ª edición estaban mal hechas?

En fin, voy a aceptar el significado que se le da actualmente a la palabra nacionalista y diré que no me gusta en absoluto ser nacionalista. Pero me quedo con la frase de Joan Fuster, que cada día parece estar más vigente, desafortunadamente: “Tenemos unas terribles ganas de dejar de ser nacionalistas, pero no nos dejan”.

 

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