Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

¿De Disney Land a Vietnam? 25 octubre 2010

Hace menos de una semana quien escribe estas líneas se encontraba en la ciudad más latina de todo Norteamérica, en la metrópolis de la provincia canadiense de Québec. En la apacible, divertida y segura ciudad de Montréal. Visto desde un punto de vista simple aquello parecía Disney Land, un mundo de diversión, felicidad y entretenimiento. Al menos esa sensación tuve en el escaso mes que viví en su zona centro. Y esa es la idea de la mayoría de aragoneses con los que he hablado.

Bien, hoy escribo estas líneas ya en suelo europeo, desde Zaragoza, mientras espero en la puerta de la Ciudad Universitaria a mis amigos para despedirme de ellos hasta el 2011 porque mañana viajo a Venezuela por tres meses. Sí, a Venezuela. También está en América como Montréal y también es latina la lengua que se habla pero la diferencia es notable. Al menos eso es lo que se dice porque nunca he estado allí.

Mucha gente, y por tanto también muchos lectores estarán pensando que qué se me ha perdido por allí, que por qué hago esto y cuestiones similares. A los más caseros se les vendrán a la mente imágenes de anacondas con la cara de Chávez y bandoleros asaltando turistas en Caracas. Otros sentirán compasión y entenderán lo difícil que se ha puesto el mercado laboral español: “Probecico, se tiene que ir tan lejos…”. Los menos se asombran y se alegran sinceramente de la oportunidad que se presenta. Este último caso es una rara excepción entre la sociedad aragonesa, pero era la posición que más se repitió durante mi estancia en Canadá.

En definitiva, la gran mayoría de aragoneses al oír que alguien se va tres meses a Venezuela a hacer unas prácticas de la Universidad se asusta o directamente piensa que has perdido el juicio o ambas dos. Piensan que es casi como ir al Vietnam en guerra de décadas atrás. Especialmente si esos aragoneses son señoras de edad avanzada y parte de mi familia a las cuales llamo “yaya”.

Pero bueno, nunca he estado en Venezuela y tampoco estuve en ese Vietnam bélico, simplemente porque no había nacido. Así que no puedo comparar nada ahora mismo desde mi casa del barrio de San José, pero invito al lector a que lo vaya descubriendo conmigo durantes estos próximos tres meses.

 

York y sus preciosas murallas. 8 octubre 2010

Filed under: Viajes — Aznar @ 23:08
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Sin lugar a dudas York es una ciudad que vale la pena visitar y que se merece una entrada mucho más extensa que la que ahora le dedico, pero por falta de tiempo he de dejarlo aquí e implorar a la paciencia del lector.

 

Riga (LETONIA). 10 diciembre 2009

Filed under: Viajes — Aznar @ 18:14
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La capital de Letonia se debate entre el pasado soviético y el futuro capitalista en el seno de la Unión. Como cualquier otra gran ciudad de las denominadas Repúblicas Bálticas (Lituania, Letonia y Estonia). Es la mayor ciudad de los tres países y su centro cultural, económico, comercial, financiero, etc. Quizás parezca que el peso de la antigua URSS es mayor aquí que en su vecina Tallín porque el 30% de la población de Letonia es rusa.

No obstante, a pesar de todos esos atributos no la convierten en la más interesante. A pesar de tener un casco antiguo como el de Tallín que es Patrimonio de la Humanidad el resto de la ciudad no dice mucho (en mi caso al menos). Lo más impresionante fue que llegamos allí en su Día de la Independencia (18 de noviembre). Y, la verdad, que estos letones se lo montan a lo grande. Me encantó la cantidad de espectáculos callejeros en cualquier rincón del casco antiguo de Riga. Los actos centrales con miles de personas entonando a la vez el Himno Nacional que ponía los pelos de punta y el desfile militar para conmemorar los 90 años del ejército letón no tuvo parangón. Lo del desfile lo digo por boca de Jan, el primer habitante de las Islas Feroé que he conocido en mi vida, y que estuvo allí en la soleada mañana de noviembre. El acto central a las nueve de la noche en las orillas de río Daugava consistió en una colosal composición de luz, color y sonido -gracias a los fuegos artificiales que surcaron el oscuro cielo báltico-.

Por tanto el sabor que queda de la ciudad es muy bueno, no solo por el Día de la Independencia, sino por la visita a su mercado situado en diversos hangares abandonados y que tenía unas dimensiones enormes a la par que una gran vitalidad. No quiero olvidar tampoco su vida nocturna que en su casco antiguo es muy activa.

No obstante, las joyas de la ciudad que aparecen en todas las guías de viajes a mi no me dijeron nada en especial, igual no supe apreciarlo. El Art Nouveau simplemente me pareció que eran unas casas muy majas pero nada más, está bien darse un paseo de unos quince minutos por ahí (tampoco es más grande esa zona) pero no es nada del otro mundo.

Por cierto, quiero agradecer que en Riga llegar al aeropuerto desde el centro no cuesta más de 1€, no así como en otras ciudades que sabiendo que no te queda otra opción ponen un autobús extremadamente caro.

Ya sabéis, si caéis por Riga intentarlo el Día de la Independencia de Letonia.

 

Tampere (Finlandia) 25 noviembre 2009

Filed under: Excursiones,Viajes — Aznar @ 18:38
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Tampere es una ciudad predominantemente industrial a unos 150km de Helsinki en dirección noroeste. Nació hace poco más de dos siglos como un mercado y supo aprovechar después una auténtica curiosidad natural. El canal que conecta los lagos Näsijärvi y Pyhäjärvi y que atraviesa ahora toda la ciudad perfectamente canalizado y estabilizado.

Probablemente lo más sorprendente de esta ciudad de unos 200.000 habitantes es la formación de esa conexión entre los dos lagos. Que estando uno a una altura superior al otro originó unos terribles rápidos. En la actualidad diferentes presas y azudes salvan los desniveles existentes y el agua circula plácidamente por la mayor parte de la ciudad.

La vida cultural es muy importante, ha dado grandes escritores fineses y realiza todos años un festival internacional de teatro. Por cierto, nosotros pudimos asistir a un concierto de órgano en su catedral y fuimos invitados a te y pastas muy amablemente por los paisanos del lugar.

La mejor vista de la ciudad se consigue desde una torre elevada que está en lo alto de la montaña cercana, el problema es que si el día está con niebla es mejor no intentarlo (así fue nuestro caso). Y en verano el parque de atracciones rebosa de actividad así como el planetario.

 

Excursiones nocturnas (Marruecos). 15 noviembre 2009

Las excursiones nocturnas generalmente salen improvisadas y porque alguien dice “a que no hay huevos”. Planteadas de esta forma, cabría pensar que lo normal sería que acabaran en desastre, pero bueno, a veces pasan menos cosas de las que tendría que suceder.

La que hoy transciende no era muy complicada en principio. Pongámonos en situación: mes de abril en el norte africano, concretamente en las gargantas del río Todra. Muy conocido por los escaladores por la gran cantidad y diversidad de vías de escaladas allí presentes. Y también por su belleza. Bueno, en este caso la belleza no reside en un idílico jardín del edén en el que deslumbra el verde, el agua y el color. No, en este caso la belleza está en lo inhóspito del paisaje, precisamente en la ausencia de todo lo anterior. Llegas a pensar que cuando la NASA dice que ha mandado algún inventillo de estos baratos a Marte en realidad han tomado las fotos allí ¡al ladico de casa oye!

A lo que íbamos, se trataba de un viaje de diez días organizado en el seno de la Escuela de Agrónomos de Madrid, bueno, más exactamente por su Grupo de Montaña (GMA). Habíamos pasado la noche en el campamento que se instaló en la zona, junto al río Todra y la mayoría de gente había estado escalando durante el día, es el caso de Javi “Piedras” que es uno de los de la excursión. Otros habíamos decidido ir a caminar por el monte marciano. Entre ellos, “el Homeless” que lo llamábamos así porque se propuso dormir la mayor cantidad de días posibles sin techo, bueno, y también sin ducharse. Pero esto último lo obviaremos. Es de esos días en los que al volver de la excursión diurna te sientes con ganas de haber visto más y de haber intentado llegar más lejos.

Según transcurría la noche a la luz de la hoguera y viendo que en las tiendas el sitio era muy escaso se empezó a decir lo de dormir fuera contemplando el diáfano cielo marroquí. Pero el problema de “a que no hay huevos…” iba a salir a relucir. Y, efectivamente, a eso de las dos de la mañana pasadas alguien lo dijo, entonces o te ríes hipócritamente o pasas olímpicamente o “la cagaste bundancaster“. Obviamente la opción fue la tercera… Pero faltaba el Piedras con nosotros que por la mañana lo habíamos echado de menos. Así que nos presentamos junto a él con el famoso comodín “a que no hay huevos a subir a dormir a lo alto del monte“. Obviamente, diciendo la frase, el chico no se lo pensó mucho y en unos 20 minutos estábamos en marcha. Sí que dijo unas veces que si estábamos tontos y eso, pero lo normal.

La excursión, de larga no serán más de tres kilómetros de ida, pero a esas horas de la noche y después del palizón de día hicieron mella. El Homeless iba bastante tocado nada más empezar, fumador… Pero con ánimos tiramos hacia arriba. El problema vino cuando el Homeless exhausto dijo que se plantaba, que no tiraba más. Luego al rato le convencimos y acordamos descansar un rato. Continuamos. Pero a los cinco minutos hubo que parar otra vez. Eso sí que me destrozó, casi me quedaba dormido esperando la recuperación del Homeless. Pero de nuevo lo levantamos, hay que decir que el condenado del Piedras iba pletórico. Si lo piensas, no sé hasta que punto era cansancio porque subíamos todo el rato riendo de la absurda situación (e incluso irresponsable) que es irte a dormir al monte solo en África de noche. Pero es como las drogas… seguíamos. Ostras, como las drogas pero más sano. Cuando empezaba a pensar que no lo íbamos a conseguir y me imaginaba detrás de mi continuamente al Homeless sacando la manta para dormir llegamos arriba (a 1.860 metros de altitud). No es mucho, el desnivel fue tan solo de 400 metros.

He de decir que la vista era asombrosa y el silencio impactante. Por no hablar del cielo que es uno de los mejores que recuerdo. Pero no me quedé mucho rato contemplándolo, caí rendido enseguida. Hacía un frío tremendo y solo teníamos papel higiénico para hacer fuego con lo que en 5 minutos se consumió todo. Pero el Piedras y yo habíamos cogido los sacos así que estuvimos bien. El problema más grande lo tuvo el Homeless que con su particular propuesta de hacer cosas extrañas se había subido solo con una manta. Las pasó putas.

En 3 horas tuvimos que empezar el descenso, porque había que bajar al campamento del GMA antes de las ocho. Bajar lo hicimos en un santiamén (nos cruzamos solo con un paisano y su burrico) y al llegar al campamento la imagen era muy bonita, como empezaban los más madrugadores a salir de las tiendas con cara de sueño. Despertamos desde el risco cercano a los que aun seguían aprovechando el sueño pero es que había que tomar el autobús hacia Marrakech.

Otro día sigo con alguna otra excursión nocturna. Y recordar que desde el martes estaré fuera así que no sé si escribiré.

P.D. Abstenerse del empleo de esta frase(“a que no hay huevos”) habitualmente porque solo tiene los efectos indicados en situaciones extraordinarias. Además, el uso excesivo de la misma puede causar resistencia sobre el interlocutor.

 

¿Qué ciudad es? 13 noviembre 2009

Como viene siendo habitual para el fin de semana propongo una adivinanza fotográfica a ver que tal se os da con ciudades. La verdad que con el Pirineo se os ha dado muy bien, y no tanto con la sierra castellonense.

Adivinar Javier Martínez Aznar

¡Anímate a adivinar!

Por otro lado adelanto que la semana que viene estaré trotando por el Báltico y que no creo que actualice, aunque lo intentaré. Para compensar este fin de semana escribiré algo, me parece que sobre excursiones nocturnas. Que tienen mucho encanto y me apetece mucho.

¡Venga, a rebanarse la mollera!

 

Trotando por Rusia III (Peterhof) 27 octubre 2009

Filed under: Viajes — Aznar @ 20:50
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Moverse por el metro de San Petersburgo no es fácil. Las estaciones tienen sus nombres escritos con el alfabeto cirílico y se hace dificil comprenderlo. Pero bueno, con un mapa y tiempo todo se consigue. El problema es que nosotros de tiempo íbamos justos porque queríamos ir a Peterhof, que es un Palacio -con sus respectivos jardines- a unos 40km del centro de la ciudad y que, sin lugar a dudas, vale la pena visitar.

Gracias a las indicaciones de nuestros amigos (el día anterior) encontramos la estación de metro, desde la que salen las furgonetas a Peterhof, relativamente fácil. Una vez allí tienes la opción de coger unos autobuses -algo más caros- o la de coger esas furgonetas que por menos de 1€ te llevan hasta el Palacio. Ellos te indican donde te tienes que bajar, al menos en nuestro caso.

Lo que se encuentra en el Palacio lo desconozco, al parecer hay una maravillosa habitación recubierta de ambar produciendo un efecto deslumbrante. Pero ciertamente no entramos, nos limitamos a recorrer los jardines y bosques colindantes con sus innumerables fuentes dedicadas a divinidades y animales reales y legendarios. Es mejor en este caso ver las fotos. Lo que aparece al final en algunas de ellas es el mar Báltico que por estas zonas no tiene nada de olas, no sé si ya lo dije pero aun sigo impactado.

A la vuelta fuimos al albergue a por las maletas que nos las estaban guardando y a regatear un poco en un mercadillo -no se hace tanto como en Marruecos pero uno tenía ganas-. Y, a esperar al tren hasta las 00:30 de la noche… Pues, lo típico, vas a un McMier… perdón, McDonals a escribir unas postales, al baño, comes algo… Y para la estación a esperar otro ratico entre que te ahces con un cuchillo para el queso y el embutido que has comprado para comer al día siguiente. La estación, por supuesto, muy ajetreada. ¡Faltaría más, es Rusia! Da igual la hora.

Tomamos el tren, mucho mejor de lo que nos habían dicho para lo barato que fue. No llego a 600 rublos, que son unos 12 o 13 euros. Eso sí, si estaba previsto que llegara a Moscú a las 9 de la mañna llegó a las 11, hubo un rato que pensábamos que nos habíamos pasado la parada y que íbamos rumbo a los Urales, pero por suerte el tren acababa en Moscú. He dicho que era mucho mejor de lo esperado porque nos habían dicho que dormir en un tren ruso era misión imposible que no eran como los trenes fineses. Desde luego que no era como los fineses, pero vamos que no estaba nada mal. Eso nos lo dijeron rusos, cada vez estoy más convencido de que infravaloran todo lo suyo, al menos una parte de la sociedad rusa actual -los jóvenes especialmente-.

Pero la llegada a Moscú ya será para el siguiente y último capítulo del viaje por la vieja Rusia.

 

Trotando por Rusia II (Sant Petersburg). 23 octubre 2009

La primera mañana visitamos San Petersburgo con nuestro amigo Zenja (luego también vino su novia). Sólo tuvimos un problema. No nos dejaron entrar al Hermitage (perdón por mi ignorancia pero no tenía la idea de la existencia de ese genial múseo) porque llevábamos el brasileño y yo las mochilacas para viajar toda la semana por ahí. Y bueno, pues aun siendo Rusia, nos dijeron que nanay,naranjas de la China.  Volvimos al día siguiente y está muy bien, tienen obras de todo el mundo y es gratis para estudiantes por lo que la visita es obligada.

 Tras intentar entrar en el museo por activa y por pasiva (en mi caso por pasiva, proque no hice nada ya que el ruso hablaba en ruso con las señoras que no tenían ni idea de inglés) nos fuimos a  comer a la Universidad (por unos 2€, ). La verdad, que la comida no era nada del otro mundo y no tengo muy claro que comí pero me abordaron unos chicos que estaban estudiando castellano y estuvieron practicando conmigo buen rato.  Si alguien ve a un ruso con acento aragonés ya sabe por qué. Muy majos, y no porque dos de ellos hubiesen estado en Zaragoza (que simpre se agradece) sino porque un chico nos acompañó durante la tarde (Zenja tuvo que ausentarse) y nos hizo de guía. Según dijo era a lo que se quería dedicar, así que nos contó con pelos y señales la fundación de San Petersburgo a principios del XVIII durante la guerra entre Suecia y Rusia. Así como todo lo concerniente con la Fortaleza de San Peter y San Paul  y la pequeña isla que la alberga. También nos dijo que iban a construir un gran rascacielos de 400 metros y que eso iba a ser una barbaridad porque el terreno de San Petersburgo hubicado sobre pantanos desecados no lo iba a aguantar, además del mal efecto sobre la estética de la ciudad. Creo que se tranquilizó un poco cuando le dijimos que a nosotros nos parecía buena idea para ver la ciudad desde lo alto.

Al día siguiente después de dos horas intentando conseguir los puñeteros billetes para la ciudad de la Plaza Roja nos encaminamos a lo alto de la Catedral de San Isaac desde donde se ve todo el centro de San Petersburgo.  El Sol se estaba poniendo y la estampa era muy bonita con toda la ciudad ajetreada aun a nuestros pies. Esa ciudad al igual que Moscú no descansa nunca, ya me advertía Zenja antes de ir: “puedes ir a comprarte un ordenador a las 3 de la mañana“. Da igual la hora que sea que las calles están atestadas de gente y, sobretodo, de coches. ¡Ah! Por cierto, y de muchos militares, en su mayoría jovencicos (allí la mili es obligatoria). Tras cenar con los amigos en un restaurante de cocina rusa, aunque como dijo uno de ellos eso era como un McRusia. Una cadena que se dedica a la comida rápida con especialidades rusas, he de decir que para lo que es rusia nos sablaron.

Para olvidarnos de eso y tras conocer que todos los que viven por el centro llevan un horario con las horas a las que levantan cada puente (claro, es que si no lo sabes vaya caminata te pegas). Hay muchos canales y por tanto muchos puentes, y entonces al haber muchos barquitos los puentes son levadizos. ¡Igual podían hacer eso en el puente de Piedra! Como al señor Belloch se lo proponga un amiguete entre unas copas de Somontano no tengo duda. Pues eso, para olvidar el sablazo nos dirijos a una zona céntrica de garitos y entramos al Belgrado.  Ahi vi el futbolín más al norte que he visto en toda mi vida y jamás había visto una proporción tía/tío tan elevada.

Por esta vez creo que es suficiente, el próximo día que lo retome hablaré de Peterhof un palacio expléndido a orillas del Báltico con gran cantidad de fuentes. Y sobre Moscú…

 

¿De qué paraje se trata? 22 octubre 2009

Adivina, adivinanza. Javier Martínez Aznar.

¿Alguien puede adivinar dónde está tomada la foto? Es facilico… si no lo sabe nadie, el findesemana la solución.

 

Trotando por Rusia (San Petersburgo) 20 octubre 2009

 

Hace unos días estuvimos el brasileño y yo visitando ese gigantesco país, gracias a la invitación de nuestro amigo Zenja que es de Sant Petersburgo (maravillosa ciudad, por cierto).

Entrar es fácil, por mucho que digan, siempre y cuando pagues. Por supuesto que en la frontera no hay ningún soldado que te pida 200€ para poder entrar ni sandeces similares que dice la gente por ahí -al menos no en esta frontera con Finlandia, igual si quieres entrar por Mongolia canta otro gallo-.  Con que es fácil quiero decir que vas a una agencia de viajes y les dices quiero el visado para Rusia y te dicen: “Pues son 72 euracos”.  ¡solo para seis días! Eso sí,  en una semana tienes el visado pegadico en el pasaporte, mas majo… Hay otras opciones que es presentar en la embajada la reserva de hotel.

Luego llegas a la frontera (la már rara que he visto en mi vida, claro, que solo habia visto la de Marruecos) y muy bien para salir de la Unión es un momento, pero luego haces 5 o 6 kilómetros sin pasar la frontera rusa con lo que no tengo muy claro en qué país se está en ese momento. Buaj, y luego en el lado de Rusia te toca esperar pues casi un par de horas en total ¡imagina en enero! Ahí como un toli a la fresca.

Luego cuando pasas la frontera te sientes mejor. Una bolsa de patatas fritas pequeñas deja de costar más de 1€ como en Finlandia y pasa a costar unos centimejos (por cierto, buen lugar para cambiar dinero en la frontera). También es un buen lugar para llamar a las personas que quieres y recordarles que las quieres porque luego te esperan hasta San Petersburgo un par de horas en el que el tío que conducía la furgoneta se pone a más de 150 km/h mientras come una fruta mogollón de rara y todo esto en una carretera de un carril por sentido pero en la que contemplar tres vehiculos (y no digo bicis) en paralelo es normal. Yo creo que no he pasado tanto miedo en un coche en mi vida, pero el brasileño iba sobando…

San Petersburgo es maravillosa.  E impacta. Sí, decididamente impacta. Nada más entrar ves gran cantidad de bloques de pisos gigantes y luego coges el metro que está a 200 metros de profundidad y bajas todo con el mismo tramo de escaleras  ¡y se quejan de Cuatro Caminos! Cuando sales sigue impactando, pero al rato te das cuenta de que lo que impacta es el contraste, es decir, la oportunidad de ver al lado de un coche sin puerta una impecable limusina, el preguntar a una joven por algo y acompañarte al lugar mientras habla inglés perfectamente y  a la vez en la fila para el billete del metro se te cuela una señora de bien entrada edad que no sabe ni qué es el inglés,  el ver perros callejeros en grupo y la gente con móviles de última generación. Todo es un contraste y lo que más llamó nuestra atención fueron los edificios lo descuidados que estaban (salvo los turísticos, claro es por lo del contraste).

Por otro lado he de decir que tuvimos mucha suerte puesto que casi todos los días estuvimos acompañados por gente de allí y sacar los billetes de tren para Moscú fue todo un espectáculo (más de dos horas, y eso que de haberlo sabido se hacía en 5 minutos pero había que ir a una sala en otra planta por unas escaleras que estaban entrando por una puerta; por supuesto la sala estaba vacía solo estaba la señora que vendía los tickets, no como el piso de abajo donde el deporte nacional de las señoras de más de 55 años es colarse en la fila ante las frases en inglés de los jóvenes: “It is Russia”). He de decir que si vais solos los sacaréis pero ya dudo que los consigáis por menos de 14€ como nos los sacaron estos. Es diferente hasta el alfabeto…

Bueno, otro día sigo con Peterhof y Moscú  y acabo con San Petersburgo que se está haciendo muy largo.