Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

LOS MALABARES DE NAYIM EN BOLIVIA. 4 noviembre 2017

Dicen que vino por amor y que se quedó por necesidad. Yo llegué por necesidad y me fui con amor. La primera frase es por Jhon Connell, un estadounidense que en 2003 llegó a Cochabamba siguiendo a una chica. Esta le dio calabazas. Se quedó sin “plata”. Para vivir comenzó a hacer malabares en los semáforos. Primero compitió y luego compartió semáforo con otras personas. La mayoría niños. La casa de esos niños era la calle y la “clefa” (el pegamento) su compañera más fiel.

La segunda frase es por quien escribe. Llevaba unos meses por los Andes. Me apetecía dejar de vagar. Asentarme. Empaparme más de un lugar. No tanto ver. Más bien conocer. La elegida fue Cochabamba. Clima ideal: “la eterna primavera”, dicen. Famosa porque su población se opuso en bloque a la privatización del agua potable municipal en el 2000. “La guerra del agua” se llamó. El rival no era moco de pavo: la española Abengoa, el Banco Mundial, el exdictador boliviano y las “yankis” Bechtel y Edison. Se venció y el agua sigue siendo pública. Aunque escasa. Eso no estaba en disputa.

Volviendo a la otra historia bonita, la que comenzaron Jhon y los niños en Cochabamba. Jhon y los niños decidieron colaborar. Jhon les enseñó nuevos trucos. Nuevos instrumentos. Un año después Jhon volvió a Estados Unidos. Explicó lo que había vivido. Contó lo que se proponía hacer. En dos años consiguió 5.000 dólares. Volvió a Cochabamba también por amor. En este caso no le dieron calabazas.

Montó una escuela de circo social: Fundación EnseñARTE. Los niños, y también las niñas, aprendían, y siguen aprendiendo, malabares. (En la actualidad también hay un programa de música.) La idea es que ganen tolerancia a la frustración, que aprendan trucos que les puden sacar de apuros al actuar en semáforos o circos y que los tentáculos de la “clefa” queden lejos. Estos niños y niñas, casi un millar en estos años, escoge el camino difícil. El menos cómodo. El más digno. Da sus frutos. Inmateriales. Y también materiales: algunas familias construyeron sus modestas casas gracias a las pulseras que se hacían y se vendían en Estados Unidos.

Actuación Cochabamba

Actuación en Cochabamba de la fundación. Foto: Fundación EnseñARTE.

Participé un mes en el proyecto como voluntario. Actualmente funciona en dos centros a las afueras de Cochabamba: Montenegro y Buenavista. En horario de mañana y tarde. Tres horas en cada turno. De martes a jueves. Durante la primera hora se desarrolla un programa socioeducativo y se ayuda con las tareas de la escuela. Una hora y media de entrenamiento de circo. Media hora para comer. Todo gratis. La fundación se autofinancia con campañas de crowdfunding, fiestas, venta de cedés, donaciones, etc. (Ahora hay una campaña abierta para poder completar el año.)

Me fui a Montenegro. A una hora y media del centro de Cochabamba. El transporte colectivo de la ciudad es pintoresco. Hay cientos de líneas que se llaman “trufis”. Esto explica por qué Cochabamba es la segunda ciudad más contaminada de Sudamérica. En los “trufis” hay asientos en cualquier lugar. Si es necesario aparece otro asiento de donde sea. Furgonetas que en Europa transportan cinco personas como máximo las he compartido con trece personas en Cochabamba. Increíble. Después de esta aventura llegaba todos los días a Montenegro. Barrio humilde. De polvo, viento y sol. Labordeta definía Aragón con esos tres sustantivos más la niebla. Esta nos diferencia de Montengro. Se nota porque la gente sonríe más. La carretera que va a Oruro cruza el barrio. En esa misma carretera tiene la fundación alquilado un pequeño terreno.

Tania es del barrio. Es la instructora de las mañanas en Montenegro. Empezó con Jhon. Maneja el monociclo a la perfección. También otras especialidades. Su hermano maneja los malabares que parece magia. Está en Estados Unidos. Pero Tania está en Cochabamba. Quiere ser policía. Trabaja en la fundación mientras estudia derecho y las oposiciones de policía. Bromeo con ella sobre si no hay otro curro posible. Pero me dice que le gusta la acción. Tal vez no sé dé cuenta, pero los niños también.

Por la mañana vienen cinco chicos. Pocos. Todo el barrio va a clase por la mañana. Siempre vienen dos hermanos. Sus nombres empiezan igual: Raquel y Rafael. Los llaman los “Ras”. Como el dios egipcio en plural. Viven a cincuenta minutos de distancia. Necesitan coger dos “trufis” para llegar. Nacieron en Argentina pero no recuerdan en qué provincia. Sus padres emigraron hasta allí: en algún lugar de la Argentina de cuyo nombre no se acuerdan. Me cuentan, con la naturalidad de quien lo tiene asumido, que su padre pasaba bastante. Más bien, mucho. Los abandonó. Se piró a Santa Cruz y ahora tiene otra familia. Lo han visto por el Facebook. No tienen contacto. Su madre se volvió con ellos a casa de su familia en Cochabamba.

Rafael ha aprendido a manejar el monocliclo estos días en los que he estado yo. Está pletórico. Eso sí, cuando se cae le grita al monociclo y le dice, violentamente, que le obedezca. El objeto parece entenderlo porque cada día mejora más. Raquel quiere ser cocinera. Tendría un gran futuro como trapecista. Pero de momento prefiere la cocina. Está en el último curso de primaria. Le toca cocinar muchos días. Mi penúltimo día viene también Aldrin. Se llama así por el astronauta que pisó la luna. Como dicen que Armstrong la pisó primero nadie conoce al Aldrin astronauta. Después de comer me cuentan que tienen examen de naturales. “A buenas horas, mangas verdes”. Les echo la cantada porque en menos de cuarenta minutos tienen que coger el “trufi” para llegar a la escuela. Leemos el tema. Es corto. Sobre la pubertad. Les digo que se aprendan la función de la glándula pituitaria y los cambios que se producen en los chicos y en las chicas. Se van. Duermo la siesta hasta que llegan los de la tarde. Todos los días igual.

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Una jornada en el centro. Foto: Fundación EnseñARTE.

El instructor de la tarde es Carlos. Comenzó de niño con Jhon. También del barrio de toda la vida. Si fuera de Huesca sería HTV, de Huesca de Toda la Vida. Pero es de Montenegro, así que es MTV. No puede dar dos pasos por Montenegro sin saludar a alguien. Maneja la jirafa, un monociclo altísimo, como si fuera su mano derecha. Tanto que puede hacer malabares con clavas y dar toques a un balón mientras está en las alturas pedaleando. Si no se ve parece increíble. Se ha recorrido media Latinoamérica gracias a los semáforos y los malabares. La otra media lo está esperando.

Por la tarde vienen más niños y niñas. Unos veinte. Viene otro de los Ras: Ramón. Ya va a secundaria. Tiene clase por la mañana. José tiene 10 años, casi once. Viene con su hermana pequeña. Hago la típica pregunta fácil. ¿Qué quieres ser de mayor? Futbolista del Barcelona. ¡Maldito complemento del nombre! ¿No te gustaría ser futbolista del Zaragoza? Necesitamos ayuda… Simplemente sonríe. Creo que por educación. Ser del Zaragoza hoy en día es bastante complicado. Como dice Víctor Juan Borroy necesitamos cuidar a los niños y niñas que son del Zaragoza actualmente. Es difícil serlo. Pido un móvil con Internet. Le muestro el gol de Nayim. Flipa. Tal vez lo piense…

Curiosas respuestas porque todos estos niños y niñas saben manejar varias especialidades de circo. Algo que no es fácil y lleva mucha práctica. Lo aseguro. Un mes probando con lo más fácil: Malabarear con tres pelotas y todavía se me caen. Decido probar con Mauricio. De la misma edad que José. Respuesta original: robótico. Constructor de robots. Le digo que un conocido trabaja en un robot que cultivará algas en el fondo del mar. Me mira con cara de vaya cutrez, un robot agricultor. “El mío será astronauta.”

En mi último día recibo varias cartas pidiendo que no me vaya. Muchos abrazos físicos que me llenan de energía y cariño. También abrazos de otro estilo. Josué, con sus seis años, me dice: cuate, te voy a extrañar mucho. El último día el gol de Nayim lo han visto una docena de veces. Se lo cuentan a los despistados: “¡En el último segundo de la prórroga!” Raquel y Aldrin también se suman a la fiesta emocional. Han sacado un cien en su examen.

Llegué por necesidad, pero volveré por amor: Gracias.

Nota: Original, publicado previamente en Arainfo.org.

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Reflexiones sobre Irán. 15 enero 2017

Irán cuenta con el dudoso honor de ser el primer país del mundo en el que la CIA organizó un golpe de estado contra un presidente elegido democráticamente. Hay que reconocer que hizo méritos para ello, no fue un galardón aleatorio. El presidente, Mossadegh, decidió en 1951 nacionalizar el petróleo y, como indica Kapuściński: “en aquellos años, atreverse a tomar una medida como la que había tomado Mossadegh era comparable a lanzar repentina e inesperadamente una bomba sobre Londres o Washington”. Dos años tardaron la CIA y el MI6 británico en orquestar un golpe de estado contra el bueno de Mossadegh. Después ya se sabe: entrada en prisión y, posteriormente, arresto domiciliario hasta su muerte. El pueblo persa, bastante orgulloso, no olvida con facilidad. Basta darse una vuelta por la antigua embajada estadounidense en Teherán para comprobar como sus paredes han sido pintadas con mensajes que advierten de las verdaderas intenciones del Imperio estadounidense.

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Uno de los murales en la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán.

Al visitante le llaman poderosamente la atención los murales, las vallas publicitarias y los carteles en las farolas que empapelan Irán con caras masculinas: se trata de los combatientes que perdieron su vida en la guerra contra Iraq (entre 1980 y 1988). Una guerra en la que Sadam Hussein, que contaba con un ejército más potente, se quiso anexionar la provincia suroccidental de Irán, la más rica en petróleo. Irán suplió las diferencias armamentísticas con una llamada de voluntarios; en poco tiempo recibió a cientos de miles. Muchos sucumbieron en esa atroz guerra de desgaste en la que Hussein utilizó armas químicas. Más de treinta años después el recuerdo de estos mártires sigue presente en las calles de los barrios y los pueblos de Irán.

La religión oficial de la República Islámica de Irán es obviamente el islam, aunque se permiten otras religiones (cristianismo, judaísmo, bahaísmo y mazdeísmo). Una proporción importante del país no practica ninguna religión, especialmente en Teherán y las grandes ciudades. En el caso de las mujeres se hace más evidente porque especialmente las mujeres jóvenes se saltan el “Código de vestimenta” como rechazo a esa imposición. Así pues, estas mujeres llevan el pañuelo caído mostrando gran parte del cabello, casi como si se tratara de una bufanda alta; se pitan las uñas o se las colocan postizas, se maquillan, etc.

Debido a la religión, Irán es un estado único en el mundo, puesto que es el único cuya religión oficial es el islam en su rama chií. Los diferencia de los suníes (mayoritarios en el mundo musulmán, pero no en Irán) en algunos aspectos históricos y en que se rigen por dos principios más: el de justicia y el de liderazgo. Es decir, un chiíta no se convierte en un buen musulmán si no obra bien. Quizás esto esté relacionado con la famosa hospitalidad iraní: en nuestro caso se nos convidó a una cena en Shiraz por el mero hecho de preguntar dónde había una panadería, un farmaceútico de Yazd nos llevó a cambiar dinero a la otra punta de la ciudad donde el cambio era mejor… Cada visitante de Irán tendrá varios ejemplos diarios diferentes de esta hospitalidad; al menos de momento, porque la homogenización cultural occidental (o aculturización global) avanza velozmente en todo el mundo.

Además de las famosas torres de ventilación de Yazd, que permiten soportar el sofocante calor del desierto iraní rescatando hasta la más mínima brizna de viento, esta ciudad es famosa por ser una de las más antiguas del mundo, por sus acequias subterráneas (qanaats) y por tener dos Torres del Silencio, construcciones religiosas mazdeístas (seguidores de Zaratustra) a cielo abierto para depositar a los muertos. El mazdeísmo considera sagrados el aire, el fuego, el agua y el suelo, por lo tanto los cadáveres no pueden ser enterrados, cremados o lanzados a un río puesto que contaminarían alguno de los cuatro elementos. Así que una solución que sí preserva la pureza de los cuatro elementos es dejar los cuerpos en estos templos para que los buitres hagan su trabajo. Tras la conquista musulmana (siglo VII) esta religión, otrora mayoritaria en Irán, sufrió un rápido y constante retroceso en favor del islam; no obstante, algunos mazdeístas decidieron emigrar y se establecieron en India, donde todavía mantienen esta religión y son conocidos como parsis.

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Una de las torres del silencio de Yazd al atardecer.

Merece una mención el Imperio Persa, cuya religión oficial fue el mazdeísmo, y la majestuosidad de sus cuatro capitales; después de más de 2.500 años dan una impresión muy diferente a lo que tuvo que presenciar Alejandro Magno cuando saqueó e incendió Persépolis. Es probable que el mejor sitio para presenciar los restos de las capitales persas no sea el propio Irán, sino Londres o París. Aunque para los que preferimos el lugar original sobre los museos no hay comparación válida. Un ejercicio de humildad puede hacerse en estas capitales comprobando que las inscripciones se hacían en tres idiomas: persa antiguo, elamita y babilonio; curiosamente, en algunos lugares de Aragón esto sigue siendo tabú dos mil quinientos años después…

Un viaje a Irán no debería finalizarse sin visitar Isfahán y disfrutar de una tarde contemplando el discurrir diario en una de las plazas más grandes y bellas del mundo (la plaza Naqsh-i Jahan). Isfahán siempre ha vivido de cara al río Zayandeh cuyas aguas la han dotado de vida. La ciudad construyó en el siglo XVI tres puentes con numerosos arcos de hermosa factura. El agua ya no discurre por el cauce, pero la juventud aprovecha la buena acústica de los arcos para reunirse clandestinamente debajo de los puentes para cantar y tocar instrumentos. El rigor del clima semiárido del centro de Irán y, especialmente, la sobreexplotación hídrica consecuencia del crecimiento demográfico e industrial de la ciudad condenan a sus habitantes a ver su arteria principal completamente seca. ¿Será este el futuro de otros ríos del mundo que alimentan grandes ciudades en entornos semiáridos?

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Cauce seco del río Zayandeh a su paso por el puente Si-o-se de Isfahán.

 

Entrada al fiordo de Kotor. 15 octubre 2014

La quietud de las aguas del Adriático únicamente se ve alterada en los días soleados por los barcos que entran y salen del mayor fiordo de Europa meridional. Desde el fuerte de Prevlaka, en el extremo de la península homónima del sur de Croacia, se tiene un riguroso control del tránsito marítimo. Este fuerte de origen austro-húngaro tiene su réplica en la orilla opuesta. Aunque un gran crucero de Pullmantur en el que se escucha a Shakira rompe la posibilidad de flirtear con la historia e imaginarse a venecianos, austrohúngaros, otomanos y demás luchando por estas tierras.

Es fácil imaginarse que esta costa fue atacada con frecuencia porque muchos pueblos al sur de Dubrovnik están unos kilómetros alejados del mar; quedando la costa totalmente libre de edificios. Igual que sucede en la costa venezolana del Caribe para evitar a los piratas.

Fuerte de Prevlaka, Croacia. Excelente control del fiordo de Kotor.

Fuerte de Prevlaka, Croacia. Desde él se tiene un excelente control del fiordo de Kotor.

Sentado en una de las murallas del fuerte y mirando hacia el noreste se aprecia la ciudad montenegrina de Herceg Novi, si los barcos no viraran hacia la derecha para continuar por el fiordo se darían de bruces contra la población.

El terreno es escarpadísimo y las montañas, con vegetación típicamente mediterránea, mueren directamente en el mar. Dificultando la construcción de infraestructuras y de poblaciones extensas. Algo común en buena parte del Mediterráneo (Provenza, Liguria, Croacia, Montenegro…). Esas montañas forman la costura geológica entre África y Europa. Al igual que el Mediterráneo lima las diferencias entre los pueblos de sus orillas.

Esfinges colibrí que comen en las violetas que crecen en las rocas del fuerte…

Nota: escrito en uno de los muros del fuerte de Prevlaka el 09 de agosto de 2014.

 

Saltando por el mundo. 26 diciembre 2012

Filed under: Viajes — Aznar @ 15:44
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Estas fechas parecen dadas a la nostalgia, al menos en mi caso, y especialmente si pienso en mi situación hace justo dos años al otro lado del charco. Me he puesto a ver este vídeo que nunca subí al blog, pero hoy esto va a cambiar porque aquí lo dejo:

¡Disfrutadlo y feliz año!

 

Vagabundo en África, Javier Reverte. 23 noviembre 2012

Recientemente he terminado “Vagabundo en África”, novela en la que Javier Reverte narra su viaje por el continente negro desde Ciudad del Cabo hasta su navegación por el río Congo donde termina el viaje después de haber recorrido varios países del África meridional, oriental y central.

Es un libro escrito en primera persona, en el que además de narrar la experiencia del viaje del propio Reverte se profundiza en la historia de los territorios por donde se viaja. Javier Reverte es capaz de contar la historia de Sudáfrica o de cualquier otro país de una forma amena, completa y además que el lector llega a sentir que es necesaria la explicación. Por ejemplo, al entrar a un bar de una pequeña ciudad del interior de Sudáfrica se refleja la situación en la que unos ingleses blancos beben ruidosamente separados del resto de personas de raza negra, a partir de ese ejemplo se profundiza en el conflicto racial del país y en sus orígenes. Remontándose a los boer, aquellos colonos holandeses llegados en el siglo XVII que lucharon contra los nativos (zulúes, ndebeles, etc.) y que posteriormente también lo hicieron contra las ansias expansionistas del Imperio Británico. Aunque perdieron la guerra, impusieron sus propuestas segregacionistas que condujeron al apartheid.

Javier visita, además de Sudáfrica, Zimbabue, Tanzania, Ruanda y la República Democrática del Congo. El objetivo final es conseguir navegar el río Congo, algo a lo que está totalmente decidido, seguramente debido a los libros que ha leído con anterioridad. Tal es la fuerza de los sueños que está a punto de costarle la vida la citada navegación, y aun así se plantea continuar río arriba. Esto se ilustra a las mil maravillas con el refrán suajili que el mismo cita: “Donde hay un deseo, hay siempre un camino“.

He citado esta frase, aunque ya la cité hace un par de semanas cuando la descubrí en el libro, porque quiero recopilar en esta entrada las frases que más me han marcado de este libro, y no son pocas. Por supuesto que el libro habla muy a las claras de cómo el colonialismo europeo se impuso en el continente y cómo después (y aún hoy) siguió el pueblo oprimido por diferentes causas. Estando hoy claramente amenazado por el incremento de las enfermedades, la superpoblación de las ciudades, etc.

Pero vamos con las frases, que el otro tema ya lo hemos tratado en este blog en innumerables ocasiones y siempre es el mismo problema, sólo que con diferente careta. Ahora podemos centrarnos en estupendas frases que tratan de responder a la pregunta de por qué se viaja:

  • Lo mejor de los viajes es ver paisajes que te hipnotizan y encontrar hombres que te sorprenden. Siempre hay paisajes insospechados que añorarás mientras vivas y siempre hay tipos de una pieza con los que te tropiezas en el camino, a los que no volverás a ver jamás y echarás de menos toda tu existencia“. Javier Reverte.
  • “Lo mejor de viajar es que uno se hace solidario de los otros. Porque cuando viajas, la gente te ayuda, y aprendes que debes ayudar a los extranjeros que vienen a tu país. Los que no viajan tienen la cabeza cerrada y el corazón seco. Pueden ser más ricos, pero son más egoístas y menos inteligentes. Ricos, sí; pero tontos”. Yombe.
  • “Viajar prolonga tu vida, la llena de rostros y paisajes, de cantos de otras voces y de horizontes que ignorabas”. Javier Reverte.
  • Viajar es descubrir que todo el mundo se equivoca. Cuando uno viaja, tus convicciones caen con tanta facilidad como las gafas; sólo que es más difícil volver a ponerlas en su sitio“. Aldous Huxley.

Y una frase sacada también del libro y que pone de manifiesto la clase de gobernantes que ha habido en muchos países de África, en la mayoría de los casos amparados por (y al servicio de) las grandes potencias económicas (Francia, EE.UU., Reino Unido, etc.):

Sé que las cosas van mal para todos vosotros. Por eso, creo que convendría añadir un artículo nuevo en la Constitución, el artículo quince: arregláoslas como podáis“. Mobutu, Presidente del Zaire, dirigiéndose a su pueblo en un discurso en Kisangani.

 

Viaje a Marruecos, tercer día, Asilah – Larache. 12 noviembre 2012

2 de abril de 2012

Nos levantamos con la firme intención de acudir a la playa que nos recomendó Abdulah la noche anterior en el hamman. No obstante, el hambre apremia y el desayuno marroquí es un auténtico manjar. Buscamos un lugar para desayunar en una de las calles principales de Asilah en la que se aglomeran varios bares y restaurantes. La decisión no la tomamos nosotros, son las nubes quienes la toman. En cuanto empezó a gotear nos detuvimos en la terraza de uno de estos establecimientos, a cobijo bajo un techo de sombrillas.

Encargamos el desayuno: melawis, pan con mantequilla y mermelada y té. Mientras estamos sentados esperando el desayuno se acerca un hombre, cercano a la treintena, dispuesto a que le compremos uno de los cuadros que vende. No son cuadros al uso, están pintados sobre material reciclado: trozos de sacos de cemento. La mayoría de las pinturas se dibujan con negro sobre el fondo marrón del saco y en todos ellos hay algún color chillón cuidadosamente elegido para una pequeña parte de la obra. Cada cuadro esconde una historia detrás que narra apasionadamente. Nos llaman la atención dos cuadros, especialmente a Víctor y a mí, influidos por la gran historia que hay detrás de ellos. En el fondo son dos cuadros muy similares que estaban bautizados como “Esclavo de amor” y “Esclavo de la música”. Nos convencen.

Al empezar a hablar del precio comienza a caer un auténtico diluvio, se nota que el Atlántico está a escasos metros y que es abril. El Jai pide por cada cuadro unos 100 Dh, evidentemente ni locos. El chico no se llama Jai, pero así se quedó en nuestra memoria porque continuamente decía “jai” a pesar de hablar en castellano. Es como decir maño, pero en el norte de Marruecos, en el resto de Marruecos se emplea “joya”. Empieza la retahíla típica de somos estudiantes, en España hay una gran crisis, etc. Además, como la lluvia arrecia parece que nos une algo más y la conversación se hace interesante. ¡Al fin y al cabo nos llama jai (hermano) continuamente! Conseguimos los dos cuadros por 30 Dh cada uno, unos 3 €. Como sigue diluviando, seguimos hablando y Jai nos confiesa que ha llegado a vender esos cuadros a los estadounidenses por 120 Dh, pero que el mejor negocio está siempre con los japoneses: hasta 150 Dh, minutos antes de que nosotros llegáramos.

La idea de ir a la playa con el cielo nublado y el diluvio que caía no parecía muy halagüeña. Así que decidimos poner rumbo hacia Larache, nuestro siguiente destino. ¿Carretera o autopista? Gana la opción de la carretera, una opción con mucha más personalidad que la autopista, las cuales son muy similares en todo el mundo. La carretera te muestra el Marruecos profundo, ese al que no llegan los aeropuertos, los tours organizados ni los turistas comunes. El paisaje tremendamente verde y de tierra rojiza te invita a inmiscuirte en él. Parece que te llama a gritos. Y lo escuchamos. Detenemos el coche unas decenas de kilómetros al sur de Asilah.

Los tres coincidimos en ir al baño en ese momento, una vez aliviadas las necesidades fisiológicas nos damos cuenta de que nos apetece andar. Meternos dentro de ese paisaje. Comenzamos a mirar por dónde andar porque se ven tres caminos, dos hacia el lado este de la carretera y otro hacia el oeste. Los del lado este de la carretera son descartados enseguida porque al mirar un poco más adelante se ve la autovía y una pequeña escombrera, no parece responder a ese maravilloso paisaje. El camino que se abre hacia el oeste de la carretera se pierde unos metros más adelante. Alcorzamos hasta lo alto de una loma y divisamos un magnífico valle que se abre hacia el oeste en dirección al Atlántico. Al fondo se ve un pequeño pueblo, y a lo largo de una de sus laderas un camino en aparente buen trazado. Acabamos de decidir por donde caminar cuando aparece un pastor casi desdentado con sus ovejas. Compartimos con él alguna de las galletas que nos estábamos comiendo y le ofrecemos agua, tan ricamente se queda la botella, eso sí sonriendo. ¡Sólo le ofrecíamos un trago! También se guardó alguna galleta y le preguntamos, por gestos, si el coche ahí estaba bien. El rabadán dijo que ningún problema, o eso entendimos.

No tengo duda alguna de que el hombre se guardó alguna de las galletas y el agua por verdadera costumbre. La costumbre de luchar contra la pobreza desde antes de tener uso de razón, por precaución y quizás las compartió luego con alguien. El valle se abre ante nosotros como se abrían todos los valles europeos hace décadas, completamente fragmentado y moldeado por la mano del hombre. En este caso las tierras de cultivo se extendían por todas las laderas del valle fluvial y casi no existía un fondo de valle transitable porque terminaba en una empinada V como buen valle de origen fluvial. Conforme avanzábamos por el camino el cielo se encapotaba cada vez más. Pasamos junto a una casa en la margen derecha del camino, no parecía haber nadie, salvo unas gallinas correteando por los alrededores.

Unos ochenta metros ladera abajo vimos a unos agricultores que se afanaban en hacer caballones y mejorar el estado de una conducción de agua, o eso parecía. Por enésima vez en tan solo tres días Julio y yo comprendimos que solemos hablar bastante alto porque desde abajo se oyó:
– ¡Españoles!
– Sí, ¿qué pasa pues?
– ¿Queréis unos porritos?
– No, gracias –entre risas-. Vamos a ir hasta el pueblo.
– ¡Buena hierba!
La distancia no permitía que la conversación fuera mucho más profunda. Pero qué oído tenía el nativo. Había conseguido escuchar que nosotros tres veníamos hablando en castellano y se encontraba lejos.

Fuimos hasta el pueblo que habíamos visto anteriormente. Evidentemente el pueblo no tenía nada asfaltado ni había papeleras, bancos, ni nada. Eran simplemente unas cuantas casas alrededor de una mezquita, en la que por cierto estaban los niños de la zona memorizando el Corán. El ambiente era muy extraño, a pesar de estar a la misma distancia de mi casa que se puede encontrar Bruselas parecía otro mundo. El sonido que salía de la mezquita era un poco inquietante, voces y voces repitiendo continuamente lo mismo. Pero lo que más llamaba la atención era la cantidad de basura que se encontraba por doquier. Las calles eran verdaderas escombreras. Una auténtica cerdada. Además, no había nadie por el pueblo. Supusimos que estarían trabajando en el campo o en las casas.

Atravesamos el pueblo y continuamos por el camino hasta una bifurcación. Tomamos el camino que nos llevaba hacia donde pensábamos que estaría el Atlántico. El camino comenzaba a ascender, y se pasaban algunas colinas, pensábamos que tras una de ellas se encontraría el océano. Pero a la quinta colina nuestra esperanza se disipó y desandamos el camino atravesando de nuevo el pueblo con su caótico vocerío y su omnipresente basura.

A la vuelta los agricultores que nos habían ofrecido porros hacía un par de horas habían hecho un descanso para comer. Bajamos a saludarles, el que hablaba castellano se llamaba Bin:
– ¿Cómo es que hablas castellano pues?
– He estado diez años viviendo en España, en un pequeño pueblo de La Mancha. Cuando comenzó la crisis me volví a Marruecos y aquí estamos, plantando pimientos ahora.
– ¿Vives en el pueblo de allí? –pregunté señalando el pueblo que acabábamos de cruzar-.
– No, ese pueblo de ahí es una mierda. Más que por el pueblo por la gente que vive en él. Se llama Lonsa. Pero yo vivo en Larache.
– ¡Nosotros vamos a dormir esta noche en Larache!
– Podemos quedar esta tarde en Larache.
– ¡Perfecto! Dinos lugar y hora porque no conocemos nada.

Acordamos encontrarnos a las ocho de la tarde en el café Lixus de la plaza de la Liberación de Larache. Al parecer no tenía pérdida. De camino a Larache paramos a comer en las ruinas fenicias de Lixus, están a escasos dos kilómetros de Larache. Y desde la carretera que procede de Asilah te encuentras con las ruinas en un promontorio del terreno sobre lo que hoy es el valle del río Loukos, pero que en el pasado era un estuario. La visita se puede hacer únicamente con un guía, según nos contaron –y así decía también nuestra guía de viaje- porque hace tiempo algunos chicos locales habían lanzado piedras a los turistas. En fin, el caso es que ahora te acompañaba un guía sí o sí. En nuestro caso Nadim, que quiere decir amigo y que era el único que sabía castellano, o al menos algo de castellano. Eso sí, la palabra “señor” la tenía superinteriorizada porque no hacía más que soltarla a la menor ocasión. Compartimos con él nuestra comida, unos quesitos, pan marroquí, embutido de vaca, olivas y plátanos. Sin duda, hacía honor a su hombre, era un buen tío, alguien de quien te puedes hacer amigo. Aunque, he de reconocer que las explicaciones sobre los pedruscos que veíamos podían ser bastante mejorables. No obstante, se defendió bastante bien para explicarnos cómo funcionaban las termas, los sacrificios, etc. Y también para diferencias las partes fenicias de las cartagineses y ambas de las mauritanas y romanas.

Ruinas de Lixus con el río Loukos y Larache al fondo.

Unos minutos antes de las ocho estábamos como un clavo en el bar Lixus de Larache. Apareció Bin con exquisita puntualidad británica y vestido al más puro estilo londinense. Muy lejos de las ropas que llevaba por la mañana para su trabajo en el campo y también muy lejos de nuestros desgastados pantalones y camisetas. Se había puesto un fular alrededor del cuello y una chupa de cuero con unos pantalones blancos. No iba como la mayoría de marroquíes, se hacía notar. De hecho pienso que le gustaba hacerse notar y que se notara que había estado un tiempo viviendo en Europa. Nos contó cómo un alto cargo de la Administración marroquí se había quedado con las tierras de su familia en Lonsa. Al parecer el supuesto ladrón con mano en el catastro simplemente había cambiado de nombre esas tierras y untado a los pertinentes para que no dijeran ni mu.

Terminamos nuestros tés y Bin nos llevó al puerto, íbamos a comprar pescado para la cena. Los tres íbamos guiados por Bin como niños capitalinos por un mercado rural. ¡Qué ajetreo! Por todos lados había movimiento, especialmente cuando llegaba un barco aquello se desbocaba. Pero lo que más nos impactó fue la forma de negociar de Bin. Llegamos a un “puesto”: un señor con unas cajas en medio del puerto vendiendo pescado. Tenía unos tres kilos de gambas y unas variedades de peces que no conocía, no están en el Ebro. Empezaron a negociar y enseguida se vio que Bin era un nativo y que además también era marino cuando no agricultor. La negociación fue en marroquí y obviamente no entendí nada. Pero vi como Bin probaba las gambas para ver su estado, cómo señalaba el pescado y hacía infinidad de preguntas rápidas, una tras otra. Al final, después de que Bin probó una gamba se decidió a pagar 100 Dh por todo eso. ¡10 euros por casi 3kg de gambas y pescado!

Evidentemente, salimos alucinados de allí, tal era nuestra admiración que el propio Bin nos ofreció que lo acompañáramos con su barco un día. El problema es que no zarpaba hasta dentro de tres días. Nos dijo que la gamba la probó para ver si le habían echado unos polvos que se echan para que adquieran la forma que suele gustar en el mercado y que no es nada saludable, al parecer esas no llevaban. Salimos del puerto y fuimos a un restaurante a que nos pelaran el pescado y nos cocinaran las gambas y el pescado.

Comimos como auténticas fieras y fue imposible comernos todo. Lo que sobró se lo llevó Bin para su familia. Tuvieron sin duda para comer y cenar al día siguiente. Mientras comimos Bin nos dijo que cuando se come pescado se necesita beber mucha agua para facilitar la digestión. No sé si es cierto o es que nos sugestionamos, el caso es que el cuerpo pedía mucha agua para pasar todo ese producto marino y con una lógica aplastante Bin dijo que el pescado se suele tomar por todos los bichos (salvo el hombre) en el agua y que por eso requiere mucha agua. En fin, con la barriga llena nos fuimos a la camica, no sin antes haber cuadrado en vernos con Bin a la mañana siguiente…

 

Viaje Marruecos, segundo día Tánger – Asilah. 15 abril 2012

1 de abril de 2012.

La llamada a la oración antes de las cinco de la mañana te recuerda que no estás durmiendo en tu cama, ni siquiera en tu continente. Al cabo de unos momentos vuelve de nuevo la calma, aunque se repite al cuarto de hora el mismo proceso (o al menos muy parecido al anterior).

En Marruecos son dos horas menos que en la España peninsular así que a las seis y media ya no puedo pegar ojo y me dedico a dar vueltas en la cama. Hojeo un libro mientras escucho el canto matutino de los gorriones. Cuando mis compañeros se despiertan nos vamos a desayunar.

Llegamos a las nueve y tocamos en la puerta tal y como nos dijo el hostelero anoche. Nos sirve un completo desayuno consistente en un zumo de naranja natural, un té verde con menta, unos melawi y pan recién horneado. Todo esto aderezado con mantequilla y mermelada a discreción. Julio no come mucho, dice que por la mañana no le entra tanto, pero su parte no queda en el plato. Al rato viene una pareja que también estaba anoche cenando en el restaurante. Son británicos. El hombre de raza negra espera el desayuno escribiendo en un cuaderno lo que parece un diario de viaje. La mujer hojea una guía de viaje. Pagamos 20 Dh cada uno y nos despedimos del posadero y de la pareja británica.

Retrocedemos hasta la pensión y continuamos por la calle que baja hacia la mezquita. Está a treinta metros de nuestra pensión, ahora entendemos porqué se oía tanto la llamada a la oración de las cinco de la mañana. Aparecemos en la muralla de la medina en un mirador. La vista no nos gusta tanto como esperábamos, vamos al otro mirador que marca la guía. De camino un vecino del barrio nos pregunta qué buscamos en un correcto castellano. Nos enseña la medina, nos dice que hay mcuhos europeos que se han comprado casa en la medina. Pueden costar 250.000 € esas casas, al menos eso asegura. Son grandes, bonitas y en mitad de la medina, y muchas de ellas con buenas vistas en la azotea. Llegamos al otro mirador, este vale más la pena. No hay playa, el mar termina contra un muro y por todos lados se ven rompeolas en construcción.

El vecino que hace de guía nos lleva a una tienda de chilabas. Dice que sin compromiso pero las ganas que tenemos de hacernos con una los tres y las aptitudes comerciales del dueño de la tienda consiguen que salgamos con dos chilabas (Víctor y yo) y con una camisa blanca para Julio, quien parece un ángel con ella. La timada ha sido considerable pero en ese momento no somos muy conscientes, 200 Dh cada chilaba. Reconozco que la calidad de las mismas no era buena. Pagamos la novatada. No iba a quedar ahí la novatada… Al despedirnos el vecino que hacía de guía nos pidió una propina. Le dí 20 Dh, esperaba que fuera más que suficiente pero el hombre aun seguía ahí y Víctor le dio otros 20 Dh. Son menos de cuatro euros entre los dos pero es un pastón. En otras ciudades eso se hace gratis, y en la misma Tánger otras personas también. Además se llevará una buena comisión por las chilabas. Al menos pasamos un buen rato con él.

Con la chilaba puesta por Tánger nos ponemos manos a la obra para alquilar un carro. Alex nos dio en Algeciras un contacto, llamo al tío y no nos entendemos para nada. Así que lo hacemos al modo marroquí. Entro a una tienda y pregunto si saben dónde alquilan coches. El dueño del negocio me dice que sí y habla con una persona sentada en la entrada. No tengo muy claro la relación entre ellos, si se limita a ser empleado y propietario o hay relación familiar. No lo sé. Sé que la persona que está fuera se llama Karim y que se ofrece a acompañarnos hasta la agencia de alquiler. Tardamos unos 15 minutos en hacer el trayecto. La tienda está cerrada, nos tomamos un té con Karim mientras esperamos a que venga el dueño, un conocido de este.

Karim es un musulmán convencido y practicante. A sus 82 años no tiene que ser fácil para él levantarse antes de las cinco de la mañana para realizar la primera oración del día. No obstante, asegura que es su preferida, cuando todo está tranquilo y se puede concentrar mejor. Mantenemos una profunda conversación sobre la vida, en un correcto castellano. La conversación se torna en una ponencia conforme se profundiza más en aspectos morales y filosóficos. Es evidente que su experiencia es inmensa y que además es un hombre culto, no podemos más que preguntar. Somos todo oídos.

Karim es una persona que practica lo que dice, los tres deducimos lo mismo. Vive con lo justo, lo indispensable para vivir. No quiere más. Ve inconcebible el precio que hemos pagado por las chilabas. Él, que también es comerciante, ajusta el precio de venta al valor del objeto. Evidentemente, lo vende más caro que al comprarlo, pero solo lo necesario para su sustento. Alega que lo otro es un engaño y que eso no es dinero limpio. Dice que el dinero está bien siempre que se gane honestamente. Nos explica que el Islam es muy flexible. Hay que cumplir el Corán en la medida de las posibilidades de cada uno. El mismo se salta la oración de la una de la tarde por estar ayudándonos a nosotros.

Regresa el dueño de la agencia. Queremos coger el coche en Tánger y dejarlo en Fez. Dice que no es posible, que se ha de devolver en Tánger. Dudamos. Acordamos que el precio sean 300 Dh por día y que dejaremos el coche en Tánger. Nos pide de fianza 500 €. Totalmente imposible. Tras una larga conversación decide bajarlo a 200 € de fianza y un DNI español. Asegura que es peligroso conducir el coche por Casablanca. Todos dudamos, especialmente Julio. Yo quiero ir a Casablanca y como zaragozano no doy mi brazo a torcer con facilidad. El dueño vuelve a lo mismo, pregunta por enésima vez si vamos a Casablanca. Le digo que sí, que me hace ilusión y que voy a ir. Se levanta y dice “safi”, lo que en árabe se utiliza para zanjar una negociación y significa más o menos déjalo estar. Me quedo con un palmo de narices y le insisto. Parece un bucle infinito porque me dice que si voy a ir a Casablanca de nuevo. Evidentemente le digo que sí otra vez. Ahora dice: “safi, safi”. Nos vamos.

Karim nos lleva a otra agencia. Por el camino nos cuenta que este hombre de la agencia prefería escuchar una mentira que una verdad. Es sorprendente pero así es, simplemente quería escuchar que no íbamos a Casablanca. De esa forma nos lo habría alquilado. Hay mucha gente que es más feliz oyendo mentiras… En la agencia estamos treinta segundos. Es una agencia europea y el precio es casi el doble que en la anterior. Buscamos otra de nuevo.

Encontramos la nueva agencia gracias a Karim. Esperamos un rato y el dueño de un establecimiento vecino nos indica que hoy no abrirá por ser domingo. Pasa por la calle un señor, Mohammed, que se dirige a nosotros en castellano directamente. Lo habla muy bien, ha vivido en España varios años. Dice que el conoce un sitio donde alquilarlo. Le hablamos del precio y nos lleva a la otra agencia. El precio es el mismo que el que habíamos regateado en la primera agencia: 300 Dh/día. La fianza es un pasaporte, el mío. Él lo arregla todo, el dueño no habla castellano ni inglés. Le digo que nos den un mapa, la respuesta es negativa. Cuando está todo listo Mohammed me pide 100 Dh (unos 9 €) para ir a comprar un mapa. Se los doy.

Nos enseñan el coche. Dice que está limpio y en buen estado. Le digo que lleva más mierda que una cloaca. Y dice que sí pero que no tiene daños. Eso es cierto hasta que Julio se fija en que hay una rueda pinchada. Nos dice que la cambiemos que no cuesta nada. Naranjas de la china. Ahora entiende algo de castellano y nos da otro coche, mejor que el anterior, un Dacia de cuatro puertas con un amplio maletero. Nos llevamos el coche con Karim y acordamos vernos con Mohammed en la tienda de Karim.

Karim nos guía hasta la gasolinera más cercana porque el coche está en reserva. En esa gasolinera nos indica cómo salir dirección sur (hacia Asilah), muy sencillo: seguir toda la avenida. Le digo:
– Te llevamos a la tienda y luego volvemos aquí para ir hacia Asilah.
– No, no sabréis volver. La tienda está muy lejos de aquí y es complicado.
– Karim, que te vamos a llevar. Además he quedado con Mohammed en la tienda.
– ¿Para qué?
– Le he dado 100 Dh para que comprara un mapa.
La cara de Karim adquiere una expresión muy próxima entre la decepción y la indignación:
– Aunque vayas a la tienda no te vas a encontrar con él.
Ahora es mi cara la que cambia de semblante, y no solo mi cara. Me siento como un auténtico imbécil. Tanto rato con Karim me había hecho olvidar que no todo el mundo actúa de buena fe, había bajado la guardia.

Nos despedimos de Karim. El buen nombre nos pide que le demos alguna limosna, ¡qué menos! Lleva toda la mañana y parte de la tarde ayudándonos y no habríamos alquilado el coche sin él. Ha pedido limosna de una forma muy conmovedora. Lo ha pedido desde la necesidad, y desde el dolor que le produce tener que pedir. Su expresión manifiesta necesidad, y sus zapatos, gafas y ropas lo demuestran. Le damos 20 Dh y varios abrazos cada uno.

En el coche camino de Asilah nos invaden sentimientos encontrados. Tánger es una gran ciudad portuaria, con todo lo que eso conlleva y sabíamos lo que allí había. De hecho hemos disfrutado en ella y aprendido mucho de ella. Pero nos sentimos mal por haberle dado 100 Dh a alguien que nos ha engañado diciendo que iba a comprar un mapa y tan solo 20 Dh a quien ha estado casi todo el día con nosotros, ha sido fundamental para alquilar el coche y nos ha enseñado muchísimo. Hemos visto a pequeña escala lo que en el mundo sucede a gran escala: el que obra bien se lleva poco por mucho esfuerzo, sin embargo el que obra mal se puede llevar un dineral con engaños. No obstante, no cabe duda de que Karim es una persona mucho más feliz que Mohammed y que sin duda las personas que a su lado se encuentran también son mucha más felices que las que están al lado de Mohammed.

Con la moral tocada por lo injusta que es la vida a veces, sobre todo cuando no se está con los cinco sentidos, llegamos a Asilah. Conseguimos alojamiento en la casa de una mujer por tan solo 100 Dh los tres, a unos 3 € cada uno. Tenemos ducha, baño y cocina propios. No está mal. Damos una vuelta por Asilah y volvemos a casa. Julio está cansadísimo, no se encuentra muy bien y se tumba a la cama. Queremos ir al hammam, pero a él no le apetece. Insistimos y se anima a venir, “no he cambiado de continente para quedarme en la cama”.

Vamos con la chilaba por la calle, lo que causa la hilaridad de los nativos. Intercambiamos sonrisas, gestos y miradas de complicidad. También algunas frases en tono guasón, preguntándonos si somos bereberes. Llegamos a la medina y vamos a un hamman que hemos localizado antes paseando. Negociamos el precio, ¡nos quería cobrar 20 Dh!, y entramos por 12 Dh cada uno. Hacía tres años que no entraba en un hamman y es siempre la misma sensación pero con diferente experiencia. Es decir, la humedad y el calor son constantes pero las personas y la distribución del local varían. La acústica en este caso es malísima, no obstante nos tratan como a inválidos porque la gente que está dentro nos llena nuestros cubos de agua a la temperatura que queremos y nos explica cómo emplear el hamman de una forma saludable. No más de quince o veinte minutos en la habitación más caliente. Nos ofrecen un masaje gratis pero no tuvimos huevos en esta ocasión. También influye que llevábamos diez minutos ahí dentro, y al menos yo empezaba a notar que era suficiente.

Mientras nos cambiamos entablamos conversación con un chico que se llama Abdulah, está cuadrado el condenado. Nos alegra el rato con su perfecto castellano, su hermana vive en Toledo, y nos dice que tiene una tienda de ropa en el centro de la medina. Nos explica cómo ir a una playa cercana a Asilah que al parecer es preciosa. Hay que ir en carro de caballos, está a unos cinco kilómetros. Bueno, también se puede ir andando…

Al salir del hamman damos una vuelta por Asilah, es un domingo a las 21:00 de la noche y la ciudad bulle. Está todo el mundo en la calle paseando, tomando té o viendo el fútbol. Después de pasear nos ponemos a tomar el té. ¡Qué rico! Té de menta en una terracica del paseo viendo el fluir de la ciudad y comentando nuestro ajetreado día. Naturalmente Karim centra el grueso de nuestra conversación, nos ha marcado.

Paseamos por el paseo marítimo y nos damos cuenta de que a las 22:30 no queda nadie paseando. También vemos que nuestro coche se ha quedado solo, no hay más coches aparcados cerca. Cogemos las llaves del coche y voy con Julio a dejarlo en un aparcamiento vigilado que hay a cincuenta metros de donde estamos. Están cuatro hombres sentados alrededor de una mesa. Se ríen al vernos salir con las chilabas. Nos pide 20 Dh por dejar el carro. Julio mira su dinero al estilo bereber, por dentro de la chilaba y dice que no, que tienen que bajar el precio. Ellos se ríen y se sienten muy a gusto por ese gesto que denota un buen conocimiento del uso de la chilaba y acceden a bajarlo. El coche dormirá esta noche vigilado por aproximadamente 1€. Buenas noches.