Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Trotando por Rusia (San Petersburgo) 20 octubre 2009

 

Hace unos días estuvimos el brasileño y yo visitando ese gigantesco país, gracias a la invitación de nuestro amigo Zenja que es de Sant Petersburgo (maravillosa ciudad, por cierto).

Entrar es fácil, por mucho que digan, siempre y cuando pagues. Por supuesto que en la frontera no hay ningún soldado que te pida 200€ para poder entrar ni sandeces similares que dice la gente por ahí -al menos no en esta frontera con Finlandia, igual si quieres entrar por Mongolia canta otro gallo-.  Con que es fácil quiero decir que vas a una agencia de viajes y les dices quiero el visado para Rusia y te dicen: “Pues son 72 euracos”.  ¡solo para seis días! Eso sí,  en una semana tienes el visado pegadico en el pasaporte, mas majo… Hay otras opciones que es presentar en la embajada la reserva de hotel.

Luego llegas a la frontera (la már rara que he visto en mi vida, claro, que solo habia visto la de Marruecos) y muy bien para salir de la Unión es un momento, pero luego haces 5 o 6 kilómetros sin pasar la frontera rusa con lo que no tengo muy claro en qué país se está en ese momento. Buaj, y luego en el lado de Rusia te toca esperar pues casi un par de horas en total ¡imagina en enero! Ahí como un toli a la fresca.

Luego cuando pasas la frontera te sientes mejor. Una bolsa de patatas fritas pequeñas deja de costar más de 1€ como en Finlandia y pasa a costar unos centimejos (por cierto, buen lugar para cambiar dinero en la frontera). También es un buen lugar para llamar a las personas que quieres y recordarles que las quieres porque luego te esperan hasta San Petersburgo un par de horas en el que el tío que conducía la furgoneta se pone a más de 150 km/h mientras come una fruta mogollón de rara y todo esto en una carretera de un carril por sentido pero en la que contemplar tres vehiculos (y no digo bicis) en paralelo es normal. Yo creo que no he pasado tanto miedo en un coche en mi vida, pero el brasileño iba sobando…

San Petersburgo es maravillosa.  E impacta. Sí, decididamente impacta. Nada más entrar ves gran cantidad de bloques de pisos gigantes y luego coges el metro que está a 200 metros de profundidad y bajas todo con el mismo tramo de escaleras  ¡y se quejan de Cuatro Caminos! Cuando sales sigue impactando, pero al rato te das cuenta de que lo que impacta es el contraste, es decir, la oportunidad de ver al lado de un coche sin puerta una impecable limusina, el preguntar a una joven por algo y acompañarte al lugar mientras habla inglés perfectamente y  a la vez en la fila para el billete del metro se te cuela una señora de bien entrada edad que no sabe ni qué es el inglés,  el ver perros callejeros en grupo y la gente con móviles de última generación. Todo es un contraste y lo que más llamó nuestra atención fueron los edificios lo descuidados que estaban (salvo los turísticos, claro es por lo del contraste).

Por otro lado he de decir que tuvimos mucha suerte puesto que casi todos los días estuvimos acompañados por gente de allí y sacar los billetes de tren para Moscú fue todo un espectáculo (más de dos horas, y eso que de haberlo sabido se hacía en 5 minutos pero había que ir a una sala en otra planta por unas escaleras que estaban entrando por una puerta; por supuesto la sala estaba vacía solo estaba la señora que vendía los tickets, no como el piso de abajo donde el deporte nacional de las señoras de más de 55 años es colarse en la fila ante las frases en inglés de los jóvenes: “It is Russia”). He de decir que si vais solos los sacaréis pero ya dudo que los consigáis por menos de 14€ como nos los sacaron estos. Es diferente hasta el alfabeto…

Bueno, otro día sigo con Peterhof y Moscú  y acabo con San Petersburgo que se está haciendo muy largo.