Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

22M: Sobre bestialidad y dignidad. 2 abril 2014

“Me voy caminando a Madrid con las marchas de la dignidad”. Había tomado la decisión, así que la expuse a familiares y amigos. Se pueden imaginar las reacciones que surgieron ante la propuesta: “¿Y para qué?”, “¿Estás loco?”, “¡No sirve para nada!”… Una retahíla de excusas, que todos llevamos dentro, y que nos inculca este sistema en el que priman el individualismo y la rentabilidad. Una de las reacciones me dio el empujón definitivo al exclamar: “¡Es una bestialidad!”. Se despejaron todas mis dudas, caminar 340 kilómetros podía ser una bestialidad, pero no mayor que quedarse en casa viendo la televisión mientras 400 familias son desahuciadas diariamente de sus casas, los pacientes comienzan a repagar sus medicinas, la educación pública languidece, la juventud se queda sin futuro…

El camino fue duro, especialmente al principio, una vez se retiraron los cientos de zaragozanos que nos acompañaron en la primera etapa. El apagón mediático de las grandes empresas de comunicación y, sobre todo, la escasez de población del Aragón rural suponían un hándicap para atravesar algunos pueblos: casas cerradas a cal y canto esperando la llegada del verano para recobrar su efímera vida estival. Sin embargo, había honrosas excepciones todos los días, gracias a las cuales los ánimos subían: los gritos de apoyo del colegio de Alfamén, los dulces artesanales y el apoyo popular de Ateca, la incorporación de tres jóvenes de Cetina dispuestos a construir su futuro, las casas cedidas en Medinaceli, los gaiteros de Sigüenza, los omnipresentes pitidos de coches y camiones… En los lugares de dormida o puchero encontrábamos personas dispuestas a caminar unos kilómetros, a lavar la ropa, a contribuir con la comida o con masajes en las machacadas piernas; en definitiva, a ser partícipes de lo que percibían como un cambio, como una oportunidad de sacudirse un sistema que cada día más personas consideramos injusto.

La organización mejoraba paso a paso, kilómetro a kilómetro, pueblo a pueblo. Las asambleas se hacían más eficientes. Se despertaba un sentimiento de fraternidad que aportaba a los marchistas una sensación de plenitud yque limaba las asperezas surgidas por el cansancio y el dolor. Conforme se acercaba el día veintidós y nos aproximábamos geográficamente a Madrid el calor del pueblo se notaba más. Al paso de la columna explicábamos por qué íbamos a Madrid. La respuesta era unánimemente de apoyo a los cuatro pilares básicos que repetíamos a cuantas personas veíamos: 1) No al pago de la deuda ilegítima. 2) Derecho a vivienda para todas personas. 3) Empleo digno con derechos y renta básica. 4) Servicios públicos para todas las personas. Se aprovechó el paso de la columna para realizar varias acciones que permitieron identificar claramente al enemigo del pueblo. Lo más emotivo fue la presión llevada a cabo en una oficina del Santander de Alcalá de Henares que pretendía dejar a Carmen y a sus tres hijas sin casa.

El sábado veintidós de marzo la columna Nordeste salió de San Fernando de Henares rumbo a Atocha para unirse al resto de columnas. A cada esquina doblada aumentaba el número de integrantes de la columna. El momento más espectacular de los 340 kilómetros de marcha sin duda aconteció en la calle de Alcalá: desde la cabecera, que subía hacia la plaza de Manuel Becerra, se miraba hacia atrás y no se veía el final de la columna que todavía bajaba al otro lado de la M-30. Decenas de miles de personas hartas de este sistema y marchando con decisión hacia el cambio. El pueblo de Madrid nos enseñó lo importante que habían sido todos los kilómetros anteriores, todos los pueblos cruzados, todas las ampollas sufridas, todos los calambres en las piernas y, en definitiva, toda la marcha. Eso no era una manifestación al uso: no había excesiva profusión de banderas ni tampoco de pancartas. Se sentía la rabia aflorar, pero controlada por la esperanza propia del que sabe que algo le desagrada y que dispone de otra opción que experimentar. Es el reflejo de un pueblo que comienza a hartarse y a organizarse.

Con el resto de columnas llegadas desde todos los pueblos del estado y con el mayoritario respaldo del pueblo de Madrid se consiguió reunir a un millón de personas, a pesar del apagón informativo. La concentración, convocada por agrupaciones muy alejadas del sistema y muy distantes de entramados verticales, parecía incomodar al sistema. Una muestra de que el miedo está cambiando de bando es la privación del derecho de reunión a un millón de personas. Alguien envió a los antidisturbios (más exacto sería decir “prodisturbios”) para irrumpir en la manifestación antes de que concluyera y sembrar el caos en las inmediaciones de Colón. Algunos manifestantes no hicieron oídos sordos a la provocación y se enfrentaron a la ilegítima acción policial. Las empresas de comunicación han utilizado esas imágenes sesgadas para machacar con titulares sobre violencia cuyo único propósito es alejar al espectador del mensaje de fondo: el hartazgo que produce vivir en un país con seis millones de parados, con cien mil emigrados anuales, con dos millones de niños malnutridos, con más de tres millones de viviendas vacías y cuatrocientos desahucios diarios, que dedica casi un 20% del presupuesto al pago de intereses de la deuda ilegítima…

Se dieron millones de pasos para llegar a Madrid, pero el mismo sábado veintidós se dio un paso importantísimo, un paso valiente, colosal, decidido y multitudinario para construir una nueva sociedad más justa y digna que comienza a reclamarse por todos los rincones del Estado: desde Jaca a Algeciras y desde Figueres a Vigo, por estudiantes y autónomos, por jóvenes y ancianos, por profesores y sanitarios, por jornaleros y becarios… en definitiva, de los pueblos de España. Para que el siguiente paso sea comparable al del sábado en Madrid y nos acerque más al objetivo es necesario un trabajo diario que comienza ya.

 

Publicado por mí en Arainfo hace una semana: “22M: Sobre bestialidad y dignidad“.

Anuncios
 

Primavera Silenciosa, Rachel L. Carson. 17 diciembre 2012

Carson explica la influencia de los plaguicidas en el medio ambiente y en la salud humana. Profundiza en cómo el uso indiscriminado de esos productos potencia la aparición en el futuro de plagas más graves e incontrolables, y cómo esos productos químicos (que son veneno para los animales pequeños) también son veneno para nosotros (animales más grandes). Además, es capaz de demostrar todo esto con datos y documentación, ¡y está escrito hace medio siglo! ¿Qué hemos hecho en medio siglo por mitigarlo? Pues prácticamente nada, más bien la dependencia de lo químico se ha intensificado, aunque se haya demostrado altamente contraproducente.

El porqué hay que buscarlo en las grandes empresas químicas que siguen financiando la investigación en esta materia, mientras que la investigación para el combate biológico de las plagas es muy escaso. Con el combate químico se nos expone al contacto más peligroso ante estas sustancias cancerígenas: “diminutos roces repetidos una y otra vez, durante años“.

Quería reproducir un párrafo de Carson que ilustra a las mil maravillas lo que demuestra el libro durante 300 páginas, aquí no hay argumentos, pero se encuentran en el libro, pongo la conclusión:

el hombre ha puesto la gran mayoría de los cancerígenos a su alrededor, y puede, si quiere, eliminar muchos de ellos. Los agentes químicos del cáncer se han atrincherado en nuestro mundo de dos maneras: la primera, por ironía, mediante la búsqueda del hombre de un género de vida mejor y más fácil; la segunda, porque la fabricación y venta de tales productos se han convertido en parte reconocida de nuestra economía y de nuestro modo de vivir“.

 

Homeopatía en Venezuela. 30 marzo 2011

Filed under: Venezuela — Aznar @ 20:56
Tags: , , , , , , ,

Mientras vivía en Venezuela estuve escribiendo para Heraldo de Aragón sobre algunos temas que ellos pedían cada semana a algunos aragoneses que vivían en el extranjero. Ya lo comenté en un post anterior en el que reproduje mi artículo sobre el tabaco en Venezuela y poco a poco iré subiendo el resto. Creo que este fue uno de los primeros que envié:

“Tradicionalmente el sistema de salud venezolano ha sido bastante deficiente. Eso ha creado una tendencia poblacional de rechazo hacia el mismo. Es cierto que en los últimos años se han creado diversas organizaciones públicas -denominadas “misiones”- que se encargan de paliar las carencias del sistema y que básicamente constituyen un sistema sanitario alternativo más cercano y sin burocracia. Gracias a la Misión Barrio Adentro se ha podido mejorar el sistema con nuevos centros de atención primaria equipados con buenos medios y con doctores cubanos -puesto que en ellos el sueldo no es tan alto y los facultativos venezolanos en su mayoría no muestran interés en ellos- que están realizando una buen labor y que comienza a cambiar la negativa percepción venezolana de su sistema sanitario.

Potenciada por un sistema de salud deficiente desde hace muchos lustros la homeopatía en Venezuela tiene más peso que en Aragón. Las carencias sanitarias obligaron a la población a encontrar remedios efectivos contra dolencias y enfermedades. Debido a ello hoy se encuentran dos tipos de homeopatías muy diferentes. El más moderno se basa en los conocimientos de países europeos y norteamericanos con buena acogida entre las clases media-alta y alta de la sociedad que incluso combina esta práctica con la acupuntura. Es más frecuente en las grandes ciudades, especialmente en Caracas y Valencia. Muestra del auge de este tipo de tendencia es el caso de un famoso homeópata en Cubiro quien cuenta con una clínica privada únicamente de homeopatía con capacidad para ingresar a los numerosos pacientes que por allí aparecen.

Existe otro tipo de homeopatía más común que la anterior para las clases bajas y rurales. Mantiene relación con las artes chamánicas fruto del conocimiento de la naturaleza y el cuerpo humano desde tiempos inmemoriales, tanto de pueblos indígenas como de los africanos traídos para trabajar como esclavos. Hay comercios que los venezolanos llaman coloquialmente “ratoneras”, porque en ellos, dicen con su perenne tono jocoso, se encuentran más ratones que productos, en los que se pueden adquirir todo tipo de ungüentos naturales para prevenir y curar dolencias y enfermedades.

Esta última práctica guarda en parte un origen similar con la demostración espiritual que se realiza en el Monte Sorte, que viene a ser como el Moncayo de la zona y que se lleva a cabo el día del Pilar, denominado aquí el Día de la Resistencia Indígena. Ese día se reúnen miles de personas para, en trance, hablar con espíritus. Y se pueden ver actos extraordinarios como morder brasas incandescentes, cortarse con machetes sin sangrar, caminar sobre cristales sin aparente dolor, etc. Pero eso ya es otra historia y tendrá que esperar a otra semana…”

11 de Noviembre de 2010.