Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Reflexiones sobre Irán. 15 enero 2017

Irán cuenta con el dudoso honor de ser el primer país del mundo en el que la CIA organizó un golpe de estado contra un presidente elegido democráticamente. Hay que reconocer que hizo méritos para ello, no fue un galardón aleatorio. El presidente, Mossadegh, decidió en 1951 nacionalizar el petróleo y, como indica Kapuściński: “en aquellos años, atreverse a tomar una medida como la que había tomado Mossadegh era comparable a lanzar repentina e inesperadamente una bomba sobre Londres o Washington”. Dos años tardaron la CIA y el MI6 británico en orquestar un golpe de estado contra el bueno de Mossadegh. Después ya se sabe: entrada en prisión y, posteriormente, arresto domiciliario hasta su muerte. El pueblo persa, bastante orgulloso, no olvida con facilidad. Basta darse una vuelta por la antigua embajada estadounidense en Teherán para comprobar como sus paredes han sido pintadas con mensajes que advierten de las verdaderas intenciones del Imperio estadounidense.

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Uno de los murales en la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán.

Al visitante le llaman poderosamente la atención los murales, las vallas publicitarias y los carteles en las farolas que empapelan Irán con caras masculinas: se trata de los combatientes que perdieron su vida en la guerra contra Iraq (entre 1980 y 1988). Una guerra en la que Sadam Hussein, que contaba con un ejército más potente, se quiso anexionar la provincia suroccidental de Irán, la más rica en petróleo. Irán suplió las diferencias armamentísticas con una llamada de voluntarios; en poco tiempo recibió a cientos de miles. Muchos sucumbieron en esa atroz guerra de desgaste en la que Hussein utilizó armas químicas. Más de treinta años después el recuerdo de estos mártires sigue presente en las calles de los barrios y los pueblos de Irán.

La religión oficial de la República Islámica de Irán es obviamente el islam, aunque se permiten otras religiones (cristianismo, judaísmo, bahaísmo y mazdeísmo). Una proporción importante del país no practica ninguna religión, especialmente en Teherán y las grandes ciudades. En el caso de las mujeres se hace más evidente porque especialmente las mujeres jóvenes se saltan el “Código de vestimenta” como rechazo a esa imposición. Así pues, estas mujeres llevan el pañuelo caído mostrando gran parte del cabello, casi como si se tratara de una bufanda alta; se pitan las uñas o se las colocan postizas, se maquillan, etc.

Debido a la religión, Irán es un estado único en el mundo, puesto que es el único cuya religión oficial es el islam en su rama chií. Los diferencia de los suníes (mayoritarios en el mundo musulmán, pero no en Irán) en algunos aspectos históricos y en que se rigen por dos principios más: el de justicia y el de liderazgo. Es decir, un chiíta no se convierte en un buen musulmán si no obra bien. Quizás esto esté relacionado con la famosa hospitalidad iraní: en nuestro caso se nos convidó a una cena en Shiraz por el mero hecho de preguntar dónde había una panadería, un farmaceútico de Yazd nos llevó a cambiar dinero a la otra punta de la ciudad donde el cambio era mejor… Cada visitante de Irán tendrá varios ejemplos diarios diferentes de esta hospitalidad; al menos de momento, porque la homogenización cultural occidental (o aculturización global) avanza velozmente en todo el mundo.

Además de las famosas torres de ventilación de Yazd, que permiten soportar el sofocante calor del desierto iraní rescatando hasta la más mínima brizna de viento, esta ciudad es famosa por ser una de las más antiguas del mundo, por sus acequias subterráneas (qanaats) y por tener dos Torres del Silencio, construcciones religiosas mazdeístas (seguidores de Zaratustra) a cielo abierto para depositar a los muertos. El mazdeísmo considera sagrados el aire, el fuego, el agua y el suelo, por lo tanto los cadáveres no pueden ser enterrados, cremados o lanzados a un río puesto que contaminarían alguno de los cuatro elementos. Así que una solución que sí preserva la pureza de los cuatro elementos es dejar los cuerpos en estos templos para que los buitres hagan su trabajo. Tras la conquista musulmana (siglo VII) esta religión, otrora mayoritaria en Irán, sufrió un rápido y constante retroceso en favor del islam; no obstante, algunos mazdeístas decidieron emigrar y se establecieron en India, donde todavía mantienen esta religión y son conocidos como parsis.

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Una de las torres del silencio de Yazd al atardecer.

Merece una mención el Imperio Persa, cuya religión oficial fue el mazdeísmo, y la majestuosidad de sus cuatro capitales; después de más de 2.500 años dan una impresión muy diferente a lo que tuvo que presenciar Alejandro Magno cuando saqueó e incendió Persépolis. Es probable que el mejor sitio para presenciar los restos de las capitales persas no sea el propio Irán, sino Londres o París. Aunque para los que preferimos el lugar original sobre los museos no hay comparación válida. Un ejercicio de humildad puede hacerse en estas capitales comprobando que las inscripciones se hacían en tres idiomas: persa antiguo, elamita y babilonio; curiosamente, en algunos lugares de Aragón esto sigue siendo tabú dos mil quinientos años después…

Un viaje a Irán no debería finalizarse sin visitar Isfahán y disfrutar de una tarde contemplando el discurrir diario en una de las plazas más grandes y bellas del mundo (la plaza Naqsh-i Jahan). Isfahán siempre ha vivido de cara al río Zayandeh cuyas aguas la han dotado de vida. La ciudad construyó en el siglo XVI tres puentes con numerosos arcos de hermosa factura. El agua ya no discurre por el cauce, pero la juventud aprovecha la buena acústica de los arcos para reunirse clandestinamente debajo de los puentes para cantar y tocar instrumentos. El rigor del clima semiárido del centro de Irán y, especialmente, la sobreexplotación hídrica consecuencia del crecimiento demográfico e industrial de la ciudad condenan a sus habitantes a ver su arteria principal completamente seca. ¿Será este el futuro de otros ríos del mundo que alimentan grandes ciudades en entornos semiáridos?

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Cauce seco del río Zayandeh a su paso por el puente Si-o-se de Isfahán.

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“El pensamiento secuestrado”. Susan George. 30 diciembre 2015

Hace mucho que no escribo por aquí, pero hoy quiero hacerlo para recordar algunos aspectos de un libro que acabo de terminar: “El pensamiento secuestrado” de la politóloga Susan George.

En este libro escrito en 2007 la estadounidense Susan George analiza la situación política, social y económica de EE.UU y la evolución que han sufrido en las últimas décadas. De acuerdo con la amplísima y detallada información que aporta la autora se evidencia que la opinión general estadounidense ha virado sustancialmente hacia la derecha: hacia un mayor conservadurismo en el que priman la competitividad y el miedo.

Este proceso se potencia especialmente a partir de 1971 con el Informe Powell. Este informe, financiado por la Cámara de Comercio de EE.UU., pone de manifiesto la necesidad de contrarrestar el fuerte poder que tienen los progresistas en las universidades, en los medios de comunicación, en la opinión general, etc. Eran otros tiempos: los movimientos feminista y homosexual estaban en auge, también las movilizaciones contra la guerra de Vietnam… Una encuesta de la época indicaba que más de la mitad de los estadounidenses querían la nacionalización de los empresas estratégicas. A Lewis F. Powell se le pidió que realizara un informe que cambiara la opinión mayoritaria. Una opinión que debería favorecer más los intereses de la clase dominante, de las grandes fortunas. El Informe proponía una amplia red de Organismos, Fundaciones y medios de comunicación. Evidentemente, todo esto costaba y sigue costando millones de dólares anuales pero eso nunca ha sido problema. Estas instituciones se crearon y en ellas hoy en día trabajan miles de personas en decenas de ellas.

Algunas de ellas están destinadas a defender la teoría del creacionismo en contra de las tesis de Darwin (por ejemplo el Instituto Biológico, que parte de la base de que “algunas características de los organismos vivos son demasiado complejas como para haber evolucionado sin intervención”), otras se encargan de fomentar la competitividad y el individualismo. No es difícil porque para todo esto cuentan con buenísimos periodistas, juristas, ordadores… Pueden enviar todos los días decenas de noticias (en radio, prensa y televisión), de tal forma que los medios de comunicación consiguen a un módico precio noticias para publicar. Evidentemte, el rigor periodístico está en entredicho, pero lo que prima es el dinero. La autora alerta de la cantidad de personas que, en Estados Unidos, cree en que lo que dice la Biblia es literalmente cierto. Millones de personas en el interior de EE.UU., especialmente entre las clases más bajas, creen a ciegas todo aquello que le dicen en la Iglesia y que pasa por justificar la guerra de Iraq, la injerencia en cualquier asunto exterior, la enseñanza en las escuelas públicas del creacionismo, etc. En definitva una cantidad ingente de personas que viven con el miedo en el cuerpo a lo ajeno. Que se sienten vulnerables y eso los convierte en peligrosos porque no se cuestionan nada.

En fin, la autora profundiza mucho más en el tema religioso, termina comparándolo con parte de la población civil de la Alemania Nazi que no se cuestionaba nada y actuaba desde el resentimiento. Indica que para los europeos y los estadounidenses de la costa esto parece ciencia ficción pero hay cantidad de ejemplos que asustan y que permiten explicar por qué gobernaba un personaje de la calaña de Bush. ¡Al loro!