Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Excursiones nocturnas (Helsinki) 29 noviembre 2009

Filed under: Excursiones — Aznar @ 13:08
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Este es el segundo capítulo de las serie que he denominado Excursiones Nocturnas. Si el otro día la aventura discurría en Marruecos, la de hoy lo hace en Helsinki. Probablemente sea más suave pero no deja de ser una excursión nocturna, así que tiene todo el derecho a estar en este blog.

Todo ocurrió hace unas tres semanas en la capital finlandesa. Todo la ciudad bajo cinco centímetros de nieve y a una temperatura esa noche despejada de -8ºC, ha sido con diferencia la noche más fría de lo que llevamos de otoño. A lo que íbamos, el objetivo era coronar una pequeña montaña artificial que hay en el límite entre Helsinki y Vantaa. Según dijo alguien esa montaña distaba más de 50km y era de chalados ir hasta alli. Como se aprecia en el mapa no creo que llegue a tres kilómetros de distancia. Y eso que es de Madrid el chico, que no tienen fama de exagerados.

Bueno, pues con la coña de ir para allá y esto que pillas a la gente en el momento adecuado para decirlo, siempre empleando el comodín de “a que no hay huevos…”. Pues al proponerlo tanto Jesús (el madrileño) y Miao (de la lejana China) dijeron que sí. El problema es que eran las 11 y nos íbamos de fiesta. Así que acordamos estar un rato y luego marchar para allá. En principio íbamos a ir una media hora para fichar pero se nos extendió más y nos pusimos a caminar a eso de las 2 me parece.

Miao, se rajaba… “You are crazy, this morning I have been playing basketball…”. Bien, escusas varias… Pero nada, chavalote, si dices que vas a ir, acabas yendo. No hay más tu tía. Y por la presión cedió al final. Llevábamos más capas que una cebolla. Empezamos a caminar bajo un cielo espléndido, jamás he visto un cielo tan claro en una ciudad. El que estuviese tan despejado era la causa de que hiciera tanto frío.

Pero sin viento, niebla, etc. Y al estar en movimiento no se tenía frío. Como era de esperar nos plantamos en lo alto de la montañita en menos de 30 minutos y estuvimos tomando unas fotos (muy buenas las del Jesús desde ahí arriba). Eso sí, casi le cuesta la amputación de los dedos de la mano por quitarse los guantes para hacerlas y luego por estar mojados no ponérselos más.

Volvimos más o menos por el mismo camino y llegamos a un pequeño lago y río que obviamente estaban helados. Caminamos sobre el hielo. La verdad que fue nuestra primera vez y a mi por lo menos me maravilló. Es una sensación muy extraña. Oír el crujido del hielo, saber que estás andando sobre agua, deslizarte… ¡Genial! Pero se empezaron a hacer grietas y nos piramos de ahí como alma que lleva el diablo. No obstante, ya desde la orilla, nos costó conseguir romper el hielo. Así que habría aguantado bastante más. Pero ¿para qué arriesgar?

El siguiente día hablaré de otra más larga. Casi 20 kilómetros entre Punta Umbría y Huelva…

 

Excursiones nocturnas (Marruecos). 15 noviembre 2009

Las excursiones nocturnas generalmente salen improvisadas y porque alguien dice “a que no hay huevos”. Planteadas de esta forma, cabría pensar que lo normal sería que acabaran en desastre, pero bueno, a veces pasan menos cosas de las que tendría que suceder.

La que hoy transciende no era muy complicada en principio. Pongámonos en situación: mes de abril en el norte africano, concretamente en las gargantas del río Todra. Muy conocido por los escaladores por la gran cantidad y diversidad de vías de escaladas allí presentes. Y también por su belleza. Bueno, en este caso la belleza no reside en un idílico jardín del edén en el que deslumbra el verde, el agua y el color. No, en este caso la belleza está en lo inhóspito del paisaje, precisamente en la ausencia de todo lo anterior. Llegas a pensar que cuando la NASA dice que ha mandado algún inventillo de estos baratos a Marte en realidad han tomado las fotos allí ¡al ladico de casa oye!

A lo que íbamos, se trataba de un viaje de diez días organizado en el seno de la Escuela de Agrónomos de Madrid, bueno, más exactamente por su Grupo de Montaña (GMA). Habíamos pasado la noche en el campamento que se instaló en la zona, junto al río Todra y la mayoría de gente había estado escalando durante el día, es el caso de Javi “Piedras” que es uno de los de la excursión. Otros habíamos decidido ir a caminar por el monte marciano. Entre ellos, “el Homeless” que lo llamábamos así porque se propuso dormir la mayor cantidad de días posibles sin techo, bueno, y también sin ducharse. Pero esto último lo obviaremos. Es de esos días en los que al volver de la excursión diurna te sientes con ganas de haber visto más y de haber intentado llegar más lejos.

Según transcurría la noche a la luz de la hoguera y viendo que en las tiendas el sitio era muy escaso se empezó a decir lo de dormir fuera contemplando el diáfano cielo marroquí. Pero el problema de “a que no hay huevos…” iba a salir a relucir. Y, efectivamente, a eso de las dos de la mañana pasadas alguien lo dijo, entonces o te ríes hipócritamente o pasas olímpicamente o “la cagaste bundancaster“. Obviamente la opción fue la tercera… Pero faltaba el Piedras con nosotros que por la mañana lo habíamos echado de menos. Así que nos presentamos junto a él con el famoso comodín “a que no hay huevos a subir a dormir a lo alto del monte“. Obviamente, diciendo la frase, el chico no se lo pensó mucho y en unos 20 minutos estábamos en marcha. Sí que dijo unas veces que si estábamos tontos y eso, pero lo normal.

La excursión, de larga no serán más de tres kilómetros de ida, pero a esas horas de la noche y después del palizón de día hicieron mella. El Homeless iba bastante tocado nada más empezar, fumador… Pero con ánimos tiramos hacia arriba. El problema vino cuando el Homeless exhausto dijo que se plantaba, que no tiraba más. Luego al rato le convencimos y acordamos descansar un rato. Continuamos. Pero a los cinco minutos hubo que parar otra vez. Eso sí que me destrozó, casi me quedaba dormido esperando la recuperación del Homeless. Pero de nuevo lo levantamos, hay que decir que el condenado del Piedras iba pletórico. Si lo piensas, no sé hasta que punto era cansancio porque subíamos todo el rato riendo de la absurda situación (e incluso irresponsable) que es irte a dormir al monte solo en África de noche. Pero es como las drogas… seguíamos. Ostras, como las drogas pero más sano. Cuando empezaba a pensar que no lo íbamos a conseguir y me imaginaba detrás de mi continuamente al Homeless sacando la manta para dormir llegamos arriba (a 1.860 metros de altitud). No es mucho, el desnivel fue tan solo de 400 metros.

He de decir que la vista era asombrosa y el silencio impactante. Por no hablar del cielo que es uno de los mejores que recuerdo. Pero no me quedé mucho rato contemplándolo, caí rendido enseguida. Hacía un frío tremendo y solo teníamos papel higiénico para hacer fuego con lo que en 5 minutos se consumió todo. Pero el Piedras y yo habíamos cogido los sacos así que estuvimos bien. El problema más grande lo tuvo el Homeless que con su particular propuesta de hacer cosas extrañas se había subido solo con una manta. Las pasó putas.

En 3 horas tuvimos que empezar el descenso, porque había que bajar al campamento del GMA antes de las ocho. Bajar lo hicimos en un santiamén (nos cruzamos solo con un paisano y su burrico) y al llegar al campamento la imagen era muy bonita, como empezaban los más madrugadores a salir de las tiendas con cara de sueño. Despertamos desde el risco cercano a los que aun seguían aprovechando el sueño pero es que había que tomar el autobús hacia Marrakech.

Otro día sigo con alguna otra excursión nocturna. Y recordar que desde el martes estaré fuera así que no sé si escribiré.

P.D. Abstenerse del empleo de esta frase(“a que no hay huevos”) habitualmente porque solo tiene los efectos indicados en situaciones extraordinarias. Además, el uso excesivo de la misma puede causar resistencia sobre el interlocutor.

 

Trotando por Rusia II (Sant Petersburg). 23 octubre 2009

La primera mañana visitamos San Petersburgo con nuestro amigo Zenja (luego también vino su novia). Sólo tuvimos un problema. No nos dejaron entrar al Hermitage (perdón por mi ignorancia pero no tenía la idea de la existencia de ese genial múseo) porque llevábamos el brasileño y yo las mochilacas para viajar toda la semana por ahí. Y bueno, pues aun siendo Rusia, nos dijeron que nanay,naranjas de la China.  Volvimos al día siguiente y está muy bien, tienen obras de todo el mundo y es gratis para estudiantes por lo que la visita es obligada.

 Tras intentar entrar en el museo por activa y por pasiva (en mi caso por pasiva, proque no hice nada ya que el ruso hablaba en ruso con las señoras que no tenían ni idea de inglés) nos fuimos a  comer a la Universidad (por unos 2€, ). La verdad, que la comida no era nada del otro mundo y no tengo muy claro que comí pero me abordaron unos chicos que estaban estudiando castellano y estuvieron practicando conmigo buen rato.  Si alguien ve a un ruso con acento aragonés ya sabe por qué. Muy majos, y no porque dos de ellos hubiesen estado en Zaragoza (que simpre se agradece) sino porque un chico nos acompañó durante la tarde (Zenja tuvo que ausentarse) y nos hizo de guía. Según dijo era a lo que se quería dedicar, así que nos contó con pelos y señales la fundación de San Petersburgo a principios del XVIII durante la guerra entre Suecia y Rusia. Así como todo lo concerniente con la Fortaleza de San Peter y San Paul  y la pequeña isla que la alberga. También nos dijo que iban a construir un gran rascacielos de 400 metros y que eso iba a ser una barbaridad porque el terreno de San Petersburgo hubicado sobre pantanos desecados no lo iba a aguantar, además del mal efecto sobre la estética de la ciudad. Creo que se tranquilizó un poco cuando le dijimos que a nosotros nos parecía buena idea para ver la ciudad desde lo alto.

Al día siguiente después de dos horas intentando conseguir los puñeteros billetes para la ciudad de la Plaza Roja nos encaminamos a lo alto de la Catedral de San Isaac desde donde se ve todo el centro de San Petersburgo.  El Sol se estaba poniendo y la estampa era muy bonita con toda la ciudad ajetreada aun a nuestros pies. Esa ciudad al igual que Moscú no descansa nunca, ya me advertía Zenja antes de ir: “puedes ir a comprarte un ordenador a las 3 de la mañana“. Da igual la hora que sea que las calles están atestadas de gente y, sobretodo, de coches. ¡Ah! Por cierto, y de muchos militares, en su mayoría jovencicos (allí la mili es obligatoria). Tras cenar con los amigos en un restaurante de cocina rusa, aunque como dijo uno de ellos eso era como un McRusia. Una cadena que se dedica a la comida rápida con especialidades rusas, he de decir que para lo que es rusia nos sablaron.

Para olvidarnos de eso y tras conocer que todos los que viven por el centro llevan un horario con las horas a las que levantan cada puente (claro, es que si no lo sabes vaya caminata te pegas). Hay muchos canales y por tanto muchos puentes, y entonces al haber muchos barquitos los puentes son levadizos. ¡Igual podían hacer eso en el puente de Piedra! Como al señor Belloch se lo proponga un amiguete entre unas copas de Somontano no tengo duda. Pues eso, para olvidar el sablazo nos dirijos a una zona céntrica de garitos y entramos al Belgrado.  Ahi vi el futbolín más al norte que he visto en toda mi vida y jamás había visto una proporción tía/tío tan elevada.

Por esta vez creo que es suficiente, el próximo día que lo retome hablaré de Peterhof un palacio expléndido a orillas del Báltico con gran cantidad de fuentes. Y sobre Moscú…