Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Trotando por Rusia y IV (Moscú). 4 noviembre 2009

Filed under: Viajes — Aznar @ 15:46
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En teoría un amigo de mi compañero de piso en Helsinki nos iba a esperar en Moscú a eso de las 09:30 cuando llegaba el tren a la capital rusa. Pues bien, el susodicho ferrocarril llevaba dos horas y pico de retraso y nuestras esperanzas de que alguien nos estuviese esperando después de más de dos horas y sin conocernos absolutamente de nada se nos desvanecían por momentos. Pintaba mal la llegada a Moscú

Salimos del tren con muchas ganas después de doce horas ahí metidos, pero sin mucha esperanza de encontrarnos con nadie. A los veinte pasos cuando llegamos a la altura de la locomotora oí con una voz alegre y totalmente despierta “¡Javier!”, alguien decía mi nombre con un claro acento moscovita (en realidad no diferencio el acento moscovita, solo me sé la teoría, pero vamos que era de Moscú). Este “alguien” al momento en nuestras cabezas se convirtió en Victor y fue nuestro verdadero ángel de la guarda en la capital de Rusia. Después de estar esperando más de dos horas a dos tíos que no conocía de nada tenía una vitalidad y unas ganas de hablar asombrosas. Pero no lo hacía en inglés, no sabía ni papa. Con decir que para decir “ok” pronunciaba “oc”. Así que todo en ruso, eso sí, ponía todo el empeño del mundo con gestos, sonidos y cualquier idea que tuviera; y si no funcionaba lo anterior tenía un comodín que más tarde descubriré…

De la estación nos fuimos al metro, también muy profundo -construido aprovechando antiguos bunkéres-. Llegamos al albergue, dejamos las cosas, nos atendieron muy cordialmente en inglés y nos fuimos prestos al Kremlin (ahí está la campana más grande del mundo y por ahí estaba, antes más, la famosa Hija de Putin). Allí Victor tuvo un descanso porque consiguió una intérprete, su prima que sabía castellano e inglés -¡ojo! que ella no es el comodín-. Nos llevaron a ver unas calles muy majas (especialmente una peatonal muy comercial) y sus estaciones preferidas de metro. Es muy bonito, no cabe duda que no hay punto de comparación con las estaciones de Argüelles o Gràcia, pero me esperaba mucho más del metro moscovita y es lo que suele pasar cuando te esperas mucho, que acabas desencantado; ya me pasó lo mismo en Granada unos años atrás…

Nos despedimos de su prima y nos dirigimos en metro a una colina que hay nada más cruzar el río y el estadio del Locomotiv. Desde ahí se ve toda la “city” de Moscú con sus rascacielos y gran parte del centro de la ciudad. Además, a nuestra espalda en ese mirador está el inmenso edificio de la Universidad (la foto sale un poco mal porque estaba anocheciendo, sorry). Intentábamos quedar con Victor para el día siguiente y al grito de “beautiful russian girl” se dirigió a dos chicas de Israel que estaban en el mirador (estudian en Moscú) y les pidió que nos tradujeran ruso-inglés e inglés-ruso, así quedamos para el día siguientes. Esto sí que era su comodín, lo repetía cuanto lo necesitaba, si no podía explicar algo paraba a alguna chica joven por la calle y le pedía que tradujera (hombre de recursos). Nos volvimos para el albergue los cinco, mezclando unos cuantos idiomas por el camino. Claro que hasta el albergue solo llegamos el brasi y yo, el resto se fue a sus respectivas casas.

En el albergue conocimos gente de lo más variopinta, desde una profesora estadounidense de inglés a un artista iraní que hacía arte con el entorno natural (ver la página web que vale la pena, ya nos lo encontramos dos días antes en San Petersburgo) todo esto pasando por un siberiano y dos hermanos de Egipto que estaban trabajando ahí y vivían en el hostal por largas temporadas. Probablemente sea de las cosas más enriquecedoras de los viajes, el conocer este tipo de gente tan peculiar e interesante.

A la mañana siguiente llegamos con Viktor (estoy pensando que igual es con “k”) al punto de encuentro en el centro y nos fuimos andando hasta la estación de la que salen los trenes para San Petersburgo (hay muchas estaciones de tren en las dos ciudades). Estuvimos andando más de dos horas y pico pero nos permitió hacernos una pequeña idea del Moscú profundo y aprovechar a comprar cosetas para Helsinki. Estoy convencido de que el Duty Free de la frontera no es más barato que el país más pobre con los que comparte frontera, por supuesto que es más barato que Finlandia pero para nada lo es más que Rusia. ¡Hicimos buena compra! Nos tocó despedirnos de Viktor y le agradecimos mil veces todo lo que hizo por nosotros, sé que no fue suficiente porque lo que hizo no tiene precio.

Aunque parezca mentira llegamos a San Petersburgo en hora, y ¡menos mal! porque si no habríamos tenido muchos problemas para coger el bus. Los buses salen enfrente de la estación de tren a las 21:00 de la noche y a las 6 o 7 de la mñanaa, no recuerdo. Pero ahí mismo se encuentran unas furgonetas que son mucho más baratas y se puede regatear el precio. Costaba 1.000rublos y pagamos 750 rublos, no conseguimos mucho ¡eh! Porque 750 rublos es lo que pagan todos, menos los tolis de turistas que de primeras te intentan sablar, y me parece bien que lo intenten. Si alguien tiene interés que pregunte allí proque no sé por qué ni si es pagando más te dejan en la puerta de casa en Helsinki. El viaje fue mejor que el de ida porque estaba atrás del todo de la furgoneta (había para 15 plazas, ¡increíble!) y no veía tan apenas la carretera aunque me imaginaba exactamente a cuantos centímetros pasábamos de cada coche.

Así pues, llegamos a Helsinki seis días después de la salida. Habiendo descubierto algo de un interesante país de contrastes y habiendo conocido gente extraordinaria.

 

Trotando por Rusia III (Peterhof) 27 octubre 2009

Filed under: Viajes — Aznar @ 20:50
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Moverse por el metro de San Petersburgo no es fácil. Las estaciones tienen sus nombres escritos con el alfabeto cirílico y se hace dificil comprenderlo. Pero bueno, con un mapa y tiempo todo se consigue. El problema es que nosotros de tiempo íbamos justos porque queríamos ir a Peterhof, que es un Palacio -con sus respectivos jardines- a unos 40km del centro de la ciudad y que, sin lugar a dudas, vale la pena visitar.

Gracias a las indicaciones de nuestros amigos (el día anterior) encontramos la estación de metro, desde la que salen las furgonetas a Peterhof, relativamente fácil. Una vez allí tienes la opción de coger unos autobuses -algo más caros- o la de coger esas furgonetas que por menos de 1€ te llevan hasta el Palacio. Ellos te indican donde te tienes que bajar, al menos en nuestro caso.

Lo que se encuentra en el Palacio lo desconozco, al parecer hay una maravillosa habitación recubierta de ambar produciendo un efecto deslumbrante. Pero ciertamente no entramos, nos limitamos a recorrer los jardines y bosques colindantes con sus innumerables fuentes dedicadas a divinidades y animales reales y legendarios. Es mejor en este caso ver las fotos. Lo que aparece al final en algunas de ellas es el mar Báltico que por estas zonas no tiene nada de olas, no sé si ya lo dije pero aun sigo impactado.

A la vuelta fuimos al albergue a por las maletas que nos las estaban guardando y a regatear un poco en un mercadillo -no se hace tanto como en Marruecos pero uno tenía ganas-. Y, a esperar al tren hasta las 00:30 de la noche… Pues, lo típico, vas a un McMier… perdón, McDonals a escribir unas postales, al baño, comes algo… Y para la estación a esperar otro ratico entre que te ahces con un cuchillo para el queso y el embutido que has comprado para comer al día siguiente. La estación, por supuesto, muy ajetreada. ¡Faltaría más, es Rusia! Da igual la hora.

Tomamos el tren, mucho mejor de lo que nos habían dicho para lo barato que fue. No llego a 600 rublos, que son unos 12 o 13 euros. Eso sí, si estaba previsto que llegara a Moscú a las 9 de la mañna llegó a las 11, hubo un rato que pensábamos que nos habíamos pasado la parada y que íbamos rumbo a los Urales, pero por suerte el tren acababa en Moscú. He dicho que era mucho mejor de lo esperado porque nos habían dicho que dormir en un tren ruso era misión imposible que no eran como los trenes fineses. Desde luego que no era como los fineses, pero vamos que no estaba nada mal. Eso nos lo dijeron rusos, cada vez estoy más convencido de que infravaloran todo lo suyo, al menos una parte de la sociedad rusa actual -los jóvenes especialmente-.

Pero la llegada a Moscú ya será para el siguiente y último capítulo del viaje por la vieja Rusia.