Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Libro Espejos, de Eduardo Galeano. 17 octubre 2017

Galeano tiene un estilo literario único, no se puede catalogar con ninguno de los estilos existentes con anterioridad a su obra. Su libro Espejos es una muestra de ello. En este libro Galeano trata de mostrar la historia del ser humano en el planeta y el la denomina “Espejos. Una historia casi universal”. El “casi” se debe a la humildad de Galeano porque, en verdad, es la historia del ser humano desde sus orígenes hasta nuestros días. Alejada, esa historia, de la tradicional y de la que suelen escribir los vencedores.

Mientras lo leía he resaltado algunos párrafos que pongo a continuación. El libro consta de pequeños relatos sobre diferentes inventos, personas, costumbres, etc. Galeano ha sido uno de mis principales compañeros en estas semanas por Bolivia.

La primera reseña es en la antigua Grecia. Sobre la comparación indirecta que se hace sobre Homero y Hesíodo. “Homero: recitó a cambio de techo y comida, cantó a la gloria de los guerreros. Hesíodo: sus héroes fueron los labriegos de Beocia. Se ocupó de los trabajos y los días de los hombres.” A nadie le suena Hesíodo, pero sí Homero…

Salto a la página 48 de mi edición fotocopiada y comprada en La Paz por menos de 2 €; a las primeras Olimpiadas. “El primer campeón, un tal Korebus, se ganaba la vida trabajando de cocinero y a eso siguió dedicándose.”

Epícuro: “hablaba contra los miedos. ¿Miedo al fracaso? Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco. ¿Qué gloria podría compararse al placer de charlar con los amigos en una tarde de sol?”

En la página 59 se habla del poeta Marcial. Aunque en tiempos de Roma, nació en el solar que hoy es Aragón y por eso lo tengo resaltado.

Galeno: “creyó en la experiencia y desconfió de la especulación: prefiero el penoso y largo camino, antes que el hábil y corto sendero. La costumbre es una segunda naturaleza.”

Hilaria: La fiesta hilaria saludaba la llegada de la primavera. Todos tomaban el pelo a todos. Riendo se celebraba la resurrección de la primavera. El Vaticano ocupa hoy el lugar donde se celebraba la fiesta. Coincide la fiesta con la resurrección de Jesús. Hoy nadie ríe en esta celebración…

Hipatia decía defiende tu derecho a pensar, pensar equivocándote es mejor que no pensar.

En la página 100 aparece un comentario de John Berger describiendo un cuadro de El Bosco (Hieronymus Bosch): “hace cinco siglos, pintó la globalización”. La explicación es evidente: “No tienen nada en común, salvo el miedo mutuo”.

Otro aragonés aparece en la página 103, lástima que Galeano a ninguno de los aragoneses los cita como tal. El turno es para el de Villanueva de Sigena, Miguel Servet que aseveraba: “En este mundo no hay verdad alguna, si no sombras que pasan”. Tuvo que emigrar para eludir a la Inquisición, pero esta lo encontró en Suiza y lo quemó.

Carlos V: “Fue emperador pero para serlo se endeudó enormemente. Con 2 toneladas de oro compró el trono del Sacro Imperio”.

Tomás Moro: “Escribió un libro que contaba las costumbres de una isla llamada Utopía, donde la propiedad era común, el dinero no existía y no había pobreza ni riqueza”. Decía Tomás Moro sobre el dinero: Tan fácil sería satisfacer las necesidades de la vida de todos, si esta sagrada consa llamada dinero, que se supone inventada para remediarlas, no fuera realmente lo único que lo impide. Por supuesto, le cortaron la cabeza.

Curiosidad que la palabra quilombo significa en alguna lengua africana que Galeano no especifica “comunidad”. Así llamaban los esclavos negros huídos a las comunidades que formaban. Hoy en día esa palabra se traduce como gresca, desorden, casa de putas…

G. Washington, T. Jefferson y B. Franklin eran unos racistas y clasistas de campeonato. Un ejemplo, Jefferson (presidente de EE.UU.): los negros son inferiores a los blancos en los dones naturales del cuerpo y de la mente. Sin embargo, en la memoria popular todos asumimos que Estados Unidos se creó bajo unos principios superdignos. ¿Por qué?

Iqbal Maiz: niño paquistaní que fue vendido con 4 años por 15 dólares. Con 10 años se escapó y se hizo portavoz de los niños esclavos de Paquistán. En 1995, a los 12 años, cayó de su bicicleta muerto por un balazo.

En la página 180 se abre hueco otro aragonés, en este caso el de Fuendetodos: Francisco de Goya y Lucientes.

Simón Rodríguez, fue uno de los maestros de Simón Bolívar: enseñen a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene cualquiera lo compra.

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Monumento a José Artigas en la plaza Constitución de Montevideo.

José Artigas fue el libertador del Uruguay y autor de la primera reforma agraria de América. De padres aragoneses, Artigas acabó exiliado. Un siglo y pico después la Dictadura uruguaya quiso rescatar su figura. Hicieron un mausoleo-monumento inmenso en el centro de Montevideo. Pensaron qué frase de Artigas colocar en el mausoleo. Artigas había afirmado que jamás iba a vender nuestro rico patrimonio al bajo precio de la necesidad; mi autoridad emana del pueblo y ante el pueblo cesa; los más infelices deben ser los más privilegiados… Obviamente, el monumento se hizo sin ninguna frase, el régimen no encontró ninguna que no fuera peligrosa. Cuando el Frente Amplio de Mújica llegó al poder hizo justicia con las frases de Artigas y ahora se pueden contemplar en la plaza Constitución de Montevideo donde está el monumento.

Muestra de la calidad del premio Nobel de la paz. El ganador Roosvelt: ningún triunfo de la pez es tan grandioso como el triunfo supremo de la guerra. Lo de Obama, peccata minuta.

Arroz refinado. Las esposas de los militares estadounidenses que ocupaban Filipinas visitaron una prisión y se escandalizaron de que los presos comían arroz de diferentes tamaños y colores y con la cáscara. Pidieron ayuda por este tema. Mandaron arroz blanco y la dieta pasó a ser a base de este arroz en lugar del integral. A las semanas todos los reos tenían la peste, 4825 enfermos y 216 muertos. Se volvió a los granos integrales y la peste cesó.

Montevideo mezclaba colores y era una ciudad alegre, pero alguien entendía que “para ser civilizado había que ser serio. Para ser serio había que ser triste”. Se prohibió el pintar las casas de Montevideo de colores.

Decía Marx: yo no soy marxista. Anticipándose a los que entenderían sus reflexiones como religión.

La gasolina con plomo causa millones de muertos en el mundo. Los promotores pasaron a la historia como benefactores de la humanidad porque fundaron un gran hospital…

El inventor del avión, arrepentido: “¿Por qué habré inventado esto, que en vez de ayudar al amor se convierte en una maldita arma de guerra?”

Nijinsky, el mejor bailarín de principios del siglo XX, se suicidó actuando para las clases pudientes en Saint Moritz durante la I Guerra Mundial. Al terminar la obra saltó, con mucha clase, por la ventana mostrando la violencia del mundo en el que vivían a su público, que vivía en una burbuja.

Stalin era georgiano, pero se propuso ser más ruso que todos los rusos y se pasó de la raya.

El joven Mao decía la disciplina que asfixia la creatividad y la iniciativa debe ser abolida. El miedo no es solución, cuanto más asustado estés más fantasmas vendrán a visitarte.

Thomas Sankara: denunciamos a aquellos hombres cuyo egoísmo causa el infortunio del prójimo. Obviamente lo mataron…

Hablando de crímenes. Las muertes por pesticidas causan más de 3 millones de muertos al año. Los accidentes de trabajo más de 10000 muertes al día. La misería mata a más de 10 niños al minuto. No aparece en las noticias.

En la página 329 aparecen las instrucciones para crear un terrorista, a cargo de Susan Abdallah, palestina: Despójelo de agua./ Rodee su casa con armas de guerra./ Atáquelo por todos los medios y a todas las horas, especialmente en las noches./ Demuela su casa, arrase su tierra cultivada, mate a sus queridos, especialmente a los niños, o déjelos mutilados./ Felicitaciones: ha creado usted un ejército de hombres bomba.

Mi última reseña es para una frase de Shakespeare que bien podría pronunciarse actualmente: la desgracia de estos tiempos es que los locos conducen a los ciegos.

Son mis notas, pero hay mucho más en este libro, que tuvo que costarle al bueno de Galeano una ingente cantidad de horas.

 

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Paraguay, a la vanguardia de Latinoamérica. 10 febrero 2012

Para que el título sea exacto es necesario un complemento circunstancial de tiempo que aclare: “hasta los años sesenta del siglo XIX”. Ahora bien, puntualizado ese dato los hechos que a continuación se relatan son de una extrema injusticia para el pueblo paraguayo. Es una muestra de cómo los poderosos tratan de imponerse sobre los más débiles, aprovechándose de los oportunistas con aires de grandeza: concretamente la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) entró en guerra con Paraguay en 1865, ahora se verá el grado de implicación de cada uno de los países y quiénes estaban detrás de la citada guerra.

Parte primera: el progreso de Paraguay.
Paraguay en 1865 estaba dirigida por Francisco Solano López, quien llegó al cargo tres años antes, de tal forma que la situación del país que aquí se describe fue obra de Carlos Antonio López (gobernó durante 25 años) y de Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840). Algo diferente al resto del continente sucedía en Paraguay, ya en 1845 el agente norteamericano Hopkins informaba a su gobierno: “no hay niño que no sepa leer ni escribir…”. En 1865 Paraguay tenía una línea de telégrafos, una de ferrocarril, buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y pólvora.

Esto fue posible gracias al régimen autárquico (autosuficiente) que se generó, en donde se potenciaban tres pilares fundamentales: economía, educación y cultura. Se primó la agricultura con la confiscación de latifundios, se reimplantaron las dos cosechas típicas de los nativos, las tierras se arrendaron a los campesinos, se distribuyeron aperos y maquinaria agrícola, se crearon “Estancias de la Patria” que generaban recursos agrarios destinados a cubrir las necesidades propias y también de la exportación (la balanza comercial era positiva). La educación y la cultura recibieron un gran impulso gracias a una apuesta decidida en primer lugar por la alfabetización y en segundo lugar por las numerosas ayudas destinadas para la formación de técnicos y científicos. Además, los astilleros, la siderurgia y otras industrias fueron pioneras en Sudamérica, y por supuesto pertenecían al Estado.

El Estado ocupaba el lugar de la burguesía, que no existía, y de esta forma los beneficios se reinvertían en actividades productivas que permitían aumentar el desarrollo económico. Contrariamente a lo que sucedió en el resto de Latinoamérica en donde el dinero no se reinvertía (no generaba más riqueza) sino que la burguesía lo gastaba en bienes improductivos (joyas, palacios, ropas, etc.).

Conseguir esta situación en la Latinoamérica postcolonial es todo un éxito, pero además se consiguió sin deber un solo centavo a países extranjeros. Esa es la razón del éxito, porque así se es totalmente libre.

Bandera de Paraguay ondeando en Asunción, su capital.

Parte segunda: Paraguay: un ejemplo incómodo.
En esa etapa del siglo XIX Paraguay era una rareza continental única. El denominador común de los países independizados en América era la dependencia del dinero extranjero para realizar inversiones y la consiguiente total apertura a los productos europeos. El dinero, principalmente inglés, iba destinado a favorecer sus intereses comerciales antes que el de los propios americanos. Y el introducir sus productos tenía el mismo fin. Obsérvese el caso de Argentina: las primeras líneas de ferrocarril se utilizaban para transportar los productos de importación británicos, no para transportar pasajeros. Las prendas de vestir argentinas fabricadas artesanalmente no pudieron competir en precio con las fabricadas en Manchester con máquinas de vapor. Las argentinas quebraron, dejando al interior del país sin su principal fuente de riqueza. Se ha tomado Argentina como ejemplo pero era la norma en América, la cual se endeudaba y pagaba por incrementar su pobreza y dependencia.

El proteccionismo y la autarquía paraguayas eran la excepción a este modelo colonizador. Este es el principal motivo que condujo a la Guerra de la Triple Alianza. La guerra se planeó en el acuerdo de Puntas del Rosario entre Brasil y Argentina el 18 de junio de 1864, todo catalizado por el embajador inglés en Argentina: Edward Thornton. Así lo declaró el Ministro brasileño J. A. Saraiva en una misiva que con el tiempo salió a la luz:

la Triple Alianza “no surgió después de la “agresión” paraguaya a la Argentina en abril del 65, sino en las Puntas del Rosario en Junio del 64. …dichas alianzas empezaron el día en que el ministro argentino y el brasileño [su predecesor] conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario y no el día en que Octaviano y yo, como Ministros del estado, firmamos el pacto.

Es fundamental profundizar en los antecedentes de la Guerra, puesto que sin profundizar parece que Paraguay declaró la guerra por gusto y ansías de conquista a Argentina, lo cual es falso tal y como se comprueba con la carta del ministro y el análisis de los hechos. En el siguiente párrafo se ahonda más en la sucesión de hecho que llevaron a la guerra, pero téngase presente que estaba decidida ya en junio de 1864 con la ayuda británica.

La citada “agresión” paraguaya a la que aduce Saraiva, incluso este la marcó entre comillas, se explica porque el Gobierno legítimo de Uruguay perdió el poder a causa de una revuelta promovida por Argentina y Brasil y acordada en Puntas del Rosario. El Gobierno legítimo uruguayo pidió ayuda a Paraguay. El país guaraní que además temía su aislamiento total si caía Uruguay pidió permiso a Argentina para cruzar su territorio. Argentina lo rechazó, pero las tropas paraguayas cruzaron, lo cual fue entendido como una “agresión” por parte de Argentina. Este detonante hizo que la guerra estallara con Brasil y Argentina unidos contra Paraguay, y por supuesto el nuevo gobierno uruguayo, fiel títere de los dos poderosos no tuvo elección.

El Presidente de Argentina, Miltre dijo: “sea la orden del día: en quince días al cuartel, en un mes a campaña, en tres meses a la Asunción”. Pues bien, no necesitó tres meses para llegar a Asunción, sino más de sesenta.

Parte tercera: todos pierden, salvo Inglaterra.
Es sin duda la guerra más grave del continente por el número de muertes y por las consecuencias que aun se aprecian hoy en día. La población paraguaya se vio reducida a un sexto, la mayoría niños y mujeres. El territorio de Paraguay (otrora más extenso) fue dividido entre Argentina y Brasil, quedándose Uruguay sin nada y los tres países tremendamente endeudados con Inglaterra. No solo desapareció la población y el territorio, también las tarifas aduaneras, los hornos de fundición, los ríos clausurados al libre comercio y la independencia económica, entre otros. Por supuesto, nada más terminar la guerra llegó el primer crédito extranjero de su historia, evidentemente fue inglés.

Hoy en día Paraguay sufre un imperialismo de segundo grado, es decir padece el imperialismo que le impone Brasil, pero a este a su vez se lo impone Estados Unidos. Paraguay dispensó a Brasil una concesión petrolera, pero esos negocios en Brasil están en manos de compañías estadounidenses. La Misión Cultural Brasileña es dueña en Asunción de la Facultad de Filosofía y Pedagogía, pero los estadounidenses manejan las universidades brasileñas. El ejército paraguayo recibe asesoramiento del Pentágono pero también de sargentos brasileños que a su vez reciben órdenes de Estados Unidos. Los productos industriales de Brasil invaden el mercado paraguayo, pero los dueños de esas fábricas son estadounidenses, etc.

 

Ejecución del Justicia de Aragón. 20 diciembre 2011

Filed under: Cultura y arte — Aznar @ 18:34
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Hoy se cumplen 420 años desde que el ejército de Castilla entró en Zaragoza y se nos meó en la cara, o empleando eufemismos puede decirse que nos decapitaron al Justicia de Aragón al más puro estilo de sus prácticas en las indias. Claro, con la costumbre que habían puesto en marcha en los 100 años anteriores en América no les fue muy difícil.

Siempre que se puede se ha de perdonar, eso sí nunca olvidar. De todas formas esto es Historia y lamentablemente no se enseña en la escuela. Eso es lo difícil de perdonar y lo que hace de este Estado un país de pandereta. ¿O alguien me negará que no es mucho mejor enfrentar las cosas sin más y que cada uno decida, a esconderlas y encontrarlas de chiripa? Da que pensar…

Una cancioncica para hacer algo de patria, que falta hace:

 

Los osados Almogávares. 30 noviembre 2009

Filed under: General — Aznar @ 20:08
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Tropas ligeras de la Corona de Aragón que sembraron el terror por todo el Mediterráneo durante la Edad Media. Pero mejor dejo un artículo de Arturo Pérez-Reverte que lo explica a las mil maravillas. Uno de los pocos en esta España que sabe llamar a las cosas por su nombre. El artículo apareció en la revista XLSemanal. Sus historias son dignas de película:

Almogávares en la fiesta de los Amantes de Teruel.

“De ellos no se acuerda casi nadie. Eran políticamente incorrectos.

De ese centenario se ha hablado poco, pues nadie puede hacerse fotos a su costa. Hace setecientos años justos, además de salvar el imperio bizantino del avance turco, los almogávares arrasaron Grecia. Fue un episodio sólo comparable a la conquista de América por bandas de aventureros sin nada que perder salvo el pellejo –que se cotizaba a la baja– y con todo por ganar si salían vivos. Pero en esta España donde los libros escolares no los determina la memoria, sino el pesebre donde trinca tanto sinvergüenza periférico y central, esas historias han sido eliminadas, o manipuladas en beneficio de los golfos que organizan el negocio en plazos de cuatro años: los que van de una urna a otra. El resto importa un carajo. De los almogávares, como de lo demás, no se acuerda casi nadie. Eran políticamente incorrectos.

Madrugando el siglo XIV, el emperador de Bizancio pidió ayuda para frenar el avance de los turcos, y la corona de Aragón envió sus temibles Compañías Catalanas. Lo hizo para quitárselas de encima. Estaban integradas por almogávares: mercenarios endurecidos en las guerras de la Reconquista y en el sur de Italia. Sus oficiales, de mayoría catalana, eran también aragoneses, navarros, valencianos y mallorquines. En cuanto a la tropa, el núcleo principal procedía de las montañas de Aragón y Cataluña; pero las relaciones mencionan apellidos de Granada, Navarra, Asturias y Galicia. Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la señera cuatribarrada de Aragón. Sus gritos de guerra eran Aragón, Aragón, y el terrible, legendario, Desperta, ferro.

La historia es larga, tremenda, difícil de resumir. Seis mil quinientos almogávares recién desembarcados en Grecia destrozaron a fuerzas turcas muy superiores, matando en la primera batalla a trece mil enemigos, sin dejar con vida –eran tiempos ajenos al talante, al buen rollito y al diálogo entre civilizaciones– a ningún varón mayor de diez años. En la segunda vuelta, de veinte mil turcos sólo escaparon mil quinientos. Y, tras escaramuzas menores, en una tercera escabechina los almogávares se cepillaron a dieciocho mil más. Eran letales como guadañas. Además, entre batalla y batalla –españoles a fin de cuentas– pasaban el rato apuñalándose entre sí por disputas internas, o despachando a terceros en plan chulito, como los tres mil genoveses a los que por un quítame allá esas pajas acuchillaron en Constantinopla, durante una especie de botellón que terminó como el rosario de la aurora.

A esas alturas, claro, el emperador Andrónico II se preguntaba, con los huevos por corbata, si había hecho bien contratando a semejantes bestias. Así que su hijo Miguel invitó a cenar a Roger de Flor, que era el jefe, y a los postres hizo que mercenarios alanos los degollaran a él y a un centenar largo de oficiales. Fue el 4 de abril de 1305. Después de aquello los griegos creyeron que la tropa almogávar, sin jefes, pediría cuartel. Pero eso era desconocer al personal. Cuando apareció el inmenso ejército bizantino para someterlos, aquellos matarifes oyeron misa y comulgaron. Luego gritaron: Desperta ferro, Aragón, Aragón, y se lanzaron contra el enemigo, pasándose por la piedra a veintiséis mil bizantinos en un abrir y cerrar de ojos. Lo cuenta Ramón Muntaner, que estuvo allí: no se alzaba mano para herir que no diera en carne.

No quedó sólo en eso. Enterados los almogávares de que nueve mil mercenarios alanos –los que aliñaron a Roger de Flor– volvían a su tierra licenciados y con familia, les salieron al paso, hicieron picadillo a ocho mil setecientos y se quedaron con sus mujeres. Después, durante una larga temporada y pese a estar rodeados de enemigos, se pasearon por Grecia saqueando y arrasando, por la patilla, cuanto se les puso por delante. Fue la famosa venganza catalana. Y cuando no quedó nada por robar o quemar, fundaron los ducados de Atenas y Neopatría: estados catalano-aragoneses leales al rey de Aragón, que aguantaron durante tres generaciones hasta que con el tiempo, el sedentarismo y el confort, se fueron amariconando –hijo caballero, nieto pordiosero– y quedaron engullidos, como el resto de Grecia, por la creciente marea turca que había de culminar con la caída de Constantinopla.

Y ésa, colorín colorado, es la historia de los almogávares. Admitan que es una buena historia. Vive Dios.”

Es difícil en la actualidad hacerse la idea del terror que infundían al atacar, pero puede servir de muestra el grupo Lurte (alud en aragonés) para hacernos idea de ciertas costumbres de la época.