Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

El gobierno legítimo. 20 noviembre 2014

Cuando cualquier forma de gobierno se vuelve contraria a estos fines (la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad), el pueblo tiene derecho a modificarla o a abolirla y a instituir un nuevo gobierno“. Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.

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El fuego, de aliado a enemigo. 6 octubre 2012

¿Qué ha cambiado para que percibamos el fuego como un enemigo cuando siempre fue un aliado? No sólo ha cambiado nuestra relación, tanto nosotros como el fuego hemos cambiado sustancialmente en las últimas décadas.

La Europa mediterránea goza de un hermoso paisaje, pero no es natural. Ha estado moldeado por el hombre desde hace muchos siglos. Nuestros antepasados forjaron un entorno que les permitía autoabastecerse y en el que, además, los incendios quedaban controlados principalmente por dos causas: (a) la fragmentación del paisaje dificultaba la propagación de los incendios porque el fuego se encontraba con obstáculos antes de que las hectáreas quemadas fueran desproporcionadas (Figura 1), (b) la elevada presión demográfica sobre el medio también mantenía los bosques más limpios, puesto que el ganado pacía en ellos y la madera se utilizaba para múltiples usos. De esta forma los incendios que se producían solían ser de superficie, de poca intensidad y con una fácil regeneración vegetal. Evitando así, los devastadores e intensos incendios de copa que son prácticamente incontrolables.

Figura 1: Isla agrícola (paisaje fragmentado) dentro de una zona forestal afectada por el incendio de Cortes de Pallás/Dos Aguas (Valencia, junio/julio, 2012; foto: JG Pausas). Fuente: http://jgpausas.blogs.uv.es/

Con el abandono del medio rural en las décadas de 1960-1970 el típico paisaje mediterráneo comenzó a cambiar drásticamente, porque para su mantenimiento era necesaria una elevada cantidad de influencia humana. Así, el fuego, aquel gran aliado que, por ejemplo, hace mil años ayudara a los habitantes del Pirineo a transformar sus bosques más elevados en fértiles pastos estivales (Montserrat-Martí, 1992) comenzó a convertirse en un grave problema en toda la Europa mediterránea. En apenas diez años la superficie quemada en España se multiplicó por más de tres, pasando de 47.800 ha de media en la década de 1960 a 153.900 ha para la siguiente década. En los ochenta la superficie quemada anualmente fue cinco veces superior a la de los años sesenta (MAGRAMA, 2011). Figura 2. A finales de la década de los noventa la administración, influida por el conjunto de la sociedad, tomó conciencia del problema al que se enfrentaba -no sólo ambiental, también social- y destinó cuantiosos fondos para la extinción de incendios. Desde entonces España mantiene uno de los mejores contingentes del planeta en extinción de incendios. La respuesta es prácticamente inmediata cuando se produce el fuego, de esta forma en Aragón se consiguen quedar en meros conatos (menos de 1 ha quemada) casi el 80% de los fuegos (DGA, 2011) y tan solo el 5% sobrepasa las 5 ha quemadas (DGA, 2012). Ahora bien, ¿por qué no se llega al 100%?

Figura 2. Evolución de la superficie quemada y de la población rural en España. Los mayores valores de hectáreas quemadas se corresponden con la disminución de la población rural. Elaboración propia a partir de: (a) superficie quemada (MAGRAMA, 2011); (b) población rural en España, datos de los Censos de Población y Viviendas (INE, 1960, 1970, 1981, 1991, 2001). Censo de 2011 a la espera de publicación. Nota: en 1960 y 1970 se entiende población rural la que reside en áreas rurales. En los siguientes, el término “población rural” es independientemente del tamaño de la población.

Algunos incendios controlables se complican por las urbanizaciones que han sido construidas en zonas altamente inflamables, especialmente en el litoral mediterráneo. Evidentemente, esto obliga a las cuadrillas de extinción a salvaguardar esos lugares (en donde hay vidas humanas en juego) por encima de cualquier otro, dificultando el control del incendio. Otros incendios son sencillamente incontrolables, son algunos incendios de copa producidos los días de más de 30ºC, menos del 30% de humedad y con un viento de más de 30 km/hora. Son estos últimos incendios los que parecen insinuarnos que hemos tocado el límite en cuanto a la posible extinción con los medios actuales.

Las barreras paisajísticas, que permanecieron hasta nuestros abuelos y que dificultaron la formación de los intensos incendios de copa, en la actualidad están en un patente retroceso que produce un cambio en el régimen de incendios (Keeley et al, 2012). Este cambio en el régimen de incendios llevará a un entorno diferente, que como tantos ecosistemas se estabilizará. Ahora bien, hasta la estabilización se vivirán episodios traumáticos que de no hacer nada afectarán irremediablemente a los bosques y también pueden ocasionar cuantiosos daños materiales y humanos.

Como se ha explicado, la presión sobre el medio ha tenido una influencia positiva en el control de los incendios. Hoy en día esa presión no se puede ejercer porque el medio rural está despoblado y además el impacto de esas personas es escaso. No obstante, cada vez más ciudadanos consideran que nuestro entorno es importante, se valora positivamente el disponer de agua limpia y de aire puro, también son conscientes del valor de la biodiversidad. Estos factores influyen de manera positiva en la salud de la población y su demanda va en aumento. Se demanda la existencia de un sistema público de salud, educación, suministro de agua y cualquier otro bien o servicio de primera necesidad. ¿No es acaso el entorno, y por tanto también el bosque, un bien de primera necesidad?

Indudablemente, las medidas a aplicar para mantener el mismo régimen de incendios que se mantuvo durante siglos suponen un importante desembolso monetario. Ahora bien, también la sanidad lo supone y nadie que anteponga el bien común se plantea su necesidad. Precisamente en el medio rural ese desembolso permitiría crear numerosos puestos de trabajo y fijar población. Contribuyendo además al mantenimiento ambiental y al ahorro de parte de las considerables partidas presupuestarias destinadas a extinción y a actuaciones postincendio (Figura 3).

Figura 3: Medidas de restauración postincendio (fajinas) en las proximidades del campo de tiro de San Gregorio (Zaragoza, Aragón). Incendio producido en el verano de 2009.

Las soluciones para implementar en mayor o menor medida un uso del territorio similar al de nuestros antepasados son numerosas. Existen fórmulas intermedias que la Unión Europea utiliza por ejemplo con la agricultura, deficitaria en su mayoría pero altamente subvencionada como pilar importante de la seguridad alimentaria. No obstante, hay decenas de medidas que nos acercarían al sistema pretérito sin tan apenas coste económico. Por citar algunas de ellas:

• Facilitar la presencia de herbívoros en los bosques, disminuirían el combustible.
• Subvenciones para limpiar y mantener en un estado adecuado (escaso combustible) las zonas más próximas a los pueblos.
• Facilitar la explotación maderera de los bosques a los habitantes del lugar, estableciendo un pliego de condiciones en el que se establezca la cantidad máxima a sacar por año y las características de la madera extraída. En general interesa que sean ramas secundarias y de las partes más bajas.
• Enfocar la condicionalidad de la PAC hacia estos objetivos.
• Delimitar detalladamente zonas en las que por la amenaza del fuego no es posible construir (Pausas, 2012), al igual que ocurre con zonas inundables, volcanes, etc.
• Disminuir la población urbana que vive en zonas inflamables, generalmente en urbanizaciones y chalets de la costa mediterránea que suelen ser focos de ignición y puntos críticos durante el incendio (Pausas, 2012).

Debemos asumir que en nuestro entorno siempre habrá incendios. Por ello, nuestro uso del territorio ha de estar condicionado bajo esta premisa, conociendo los lugares más vulnerables y disminuyendo el número de ellos. Así, quizás, volvamos a ver el fuego como nuestro aliado y dejemos de verlo como un enemigo, que ya tenemos muchos.

BIBLIOGRAFÍA
Diputación General de Aragón (DGA), Dirección General de Gestión Forestal. 2011. Estadística de incendios forestales en Aragón. Año 2011. Zaragoza.
Diputación General de Aragón (DGA), Dirección General de Gestión Forestal. 2012. Datos provisionales estadística de incendios 2012 -Aragón-. Zaragoza.
Instituto Nacional de Estadística (INE). 1960. Censo de Población de 1960. Madrid.
Instituto Nacional de Estadística (INE). 1970. Censo de Población de 1970. Madrid.
Instituto Nacional de Estadística (INE). 1981. Censo de Población de 1981. Madrid.
Instituto Nacional de Estadística (INE). 1991. Censo de Población y Viviendas de 1991. Madrid.
Instituto Nacional de Estadística (INE). 2001. Censo de Población y Viviendas de 1991. Madrid.
Keeley, J. E., Bond, W. J., Bradstock, R. A., Pausas, J. G., Rundel, P. W. 2012. Fire in Mediterranean ecosystems. Ecology, evolution and management. Cambridge University Press, New York.
Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA). 2011. Anuario de estadística 2011. Serie histórica del número de siniestros, superficies afectadas. Madrid.
Montserrat-Martí, J.M. 1992. Evolución glaciar y postglaciar del clima y la vegetación en la vertiente sur del Pirineo: estudio palinológico. Monografías del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), núm. 6. 151 pp. Jaca (Huesca).
Pausas, J.G. 2012. Incendios Forestales, una introducción a la ecología del fuego. Ed. Catarata y CSIC.

Nota: Artículo publicado por Javier M. Aznar en FLAMMA (3), 2012: https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxmbGFtbWFmZ3J8Z3g6NzU1ZTM0ZDFiZjMzMzI2Mg

 

Borobia y su condena a muerte por sus magnesitas. 2 junio 2012

El jueves pretendí escribir algo cuando vi la imagen que aparece a continuación sobre los trabajos que han comenzado a ejecutarse en Borobia a pesar de no haberse aprobado aun el estudio de impacto ambiental. Si se profundiza un poco sobre esta mina que se proyecta en Borobia es a pequeña escala lo que sucede en España. Un país de pandereta, entiéndase pandereta como eufemismo de vergüenza. En fin, el jueves no pude escribir nada por la ira que me invadió al pensar que jamás volvería a conocer la cara sur del Moncayo y sus numerosos valles y ríos que ahí nacen tal y como los conocemos hoy en día. ¡Adiós a bañarnos con seguridad en el Pozo de los Chorros entre Berdejo y Bijuesca! ¡Adiós al aire limpio de la Cocuta! ¡Adiós a la seguridad de las carreteras del entorno para los ciclistas! Y tantos adioses más…

Trabajos en la Sierra del Tablado. Lúis Ángel Tejedor (Heraldo de Soria).

El caso es que he encontrado un artículo de José Luís Trasobares en el Periódico de Aragón que sencillamente es espectacular y consigue condensar en solamente una columna el problema de la mina y el sentir general. Lo dejo a continuación como muestra de que aun quedan periodistas brillantes que no están supeditados al interés de los grandes; por algo es el Presidente de la Asociación de Periodistas de Aragón.

Cuentan que los funcionarios de la CHE pasaron por allí, vieron la situación y fuéronse sumergidos en profundas cavilaciones. A su vez, el Gobierno aragonés y las principales fuerzas políticas de la Tierra Noble aseguraron que se opondrían al atentado medioambiental, al igual que los ayuntamientos de localidades (Calatayud, por ejemplo) que pueden verse afectadas; pero su oposición es de lo más discreta, discretísima. Mientras, los propietarios de los terrenos sobre los cuales se abrirá la mina a cielo abierto de Borobia no pudieron impedir que la Guardia Civil amparase la ocupación de sus campos que todavía no están expropiados, y el ayuntamiento de la localidad, controlado por el PP y vendido literalmente a los intereses de la compañía minera, considera perfectamente legal el desarrollo de un proyecto que ni siquiera tiene aprobado el preceptivo informe de impacto medioambiental.

Borobia está en Castilla-León, pero en su término municipal se ubican acuíferos de donde nacen varios rios (el Manubles, el Aranda, el Ribota y el Isuela) que son afluentes del Jalón. Justo allí se pretende hacer una mina a cielo abierto que abrirá una enorme brecha de ocho kilómetros de larga y en la que habrá además hornos para el tratamiento del mineral extraído (magnesita), asegurando así un alto consumo de agua y la emisión de contaminantes. La amenaza es intolerable y debería haber originado en Aragón una respuesta al menos tan contundente como la provocada por el expolio, por parte del Obispado de Lérida, de obras de arte pertenecientes a parroquias aragonesas. No parece ser así; quizas porque, al igual que pasó con el mentado asunto de los retablos y las imágenes, aquí sólo reaccionamos cuando el desastre se ha consumado y requeteconsumado. Entonces amanecemos con velicas a la virgen.

La mina de Borobia iba a instalarse en Navarra. Pero allí, claro, son más finos y dijeron que ni hablar, que eso… para la España profunda. De esta forma acabó el negocio en los montes de Castilla León. Todo lo que ha sucedido desde ese momento es inaudito. La gente del pueblo que se oponía al negocio fue presionada y amenazada. La tensión se hizo insoportable. Los propietarios de las tierras incluidas en los planes de la compañía minera intentaron impedir que invadiesen sus propiedades sin lograrlo. La normativa vigente ha sido alegremente pisoteada. Es como una película del Oeste. Sólo que en este caso no hay un Clint Eastwood que imponga la justicia a tiro limpio, y además si apareciese tendría que disparar contra representantes de uns instituciones que se dicen democráticas.

¿Democráticas? Ni hablar. Borobia es una muestra más de que vivimos en un país extraño, donde el dinero burla las leyes y el Estado es a veces una entelequia. Como en el Far West.

Fuente:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/borobia-un-pueblo-minero-margen-de-ley-_754640.html

También he encontrado en el blog de Agua Manubles motivos para la esperanza, bueno, más que para la esperanza al menos para que no haya una alfombra roja debajo de todos estos intereses particulares y ponerles las cosas más difíciles, que sepan que estamos ahí.

Más información en estos dos buenos blogs del país:

http://elnidodeaguilasdelmoncayo.blogspot.com.es/

http://aguamanubles.blogspot.com.es/

Y en estas entradas de este mismo blog:

La Mina de Borobia.

El futuro de la Sierra del Tablado.

 

Venezuela. 24 enero 2011

Llegué a Venezuela bien entrado el mes de octubre. No lo hice con temor, porque tenía allí contactos y confiaba en ellos por las referencias recibidas anteriormente. Pero no llegué con total tranquilidad. No me sentía en el aeropuerto de Caracas como me puedo sentir en el de Zaragoza o en el de Helsinki. Estaba inseguro, alerta, quizás asustado.

Pronto se recupera uno del brutal impacto que recibe, hablando de temperatura y humedad. Enseguida, dentro del aeropuerto con el aire acondicionado (asiduo compañero durante los siguientes tres meses) uno se olvida de esa brutal humedad y del calor sofocante. Siendo que unas horas antes el Cierzo azotaba mis labios hasta cortarlos resulta impactante sentir ese fuerte bochorno en tan poco periodo de tiempo.

No obstante, conforme transcurren los días y especialmente las semanas en aquel país uno comienza a percibir las cosas tal cual son. O al menos más alejadas a la fatal idea preconcebida desde Europa. Mi pensamiento sobre Venezuela antes de pisar ese país era completamente negativo. Sobre todo en lo que hace referencia a la forma de vida en aquella nación. Pensaba que uno podía encontrarse con cadáveres prácticamente todos los días cuando salía a comprar el pan por la mañana, que era imposible estar por la calle tranquilo, etc. Simple y llanamente es la información a la que has tenido acceso como un europeo normal, del montón. Las noticias malas de Venezuela son las que suelen prevalecer en cualquier medio de comunicación. En los que no falta documentales monotemáticos sobre la violencia de Venezuela y, como llegué a ver en Cuatro una vez, diciendo que financiada e incentivada por el propio Gobierno.

Al pasar las semanas agarras confianza, conoces más gente, se abren nuevas puertas; en definitiva vives en Venezuela. No eres un mero turista. Puedes empezar a comprender el país por ti mismo, sin que tus ojos vean lo que otros han seleccionado y contado para ti como ellos quieren. En ese momento comienzas a comprender que es mejor decir “agarrar” en lugar de “coger”. Pero también comprendes que hay multitud de acciones positivas encaminadas a desarrollar una sociedad más justa y equilibrada. Universidad gratis, con comida, cena y transporte. Fomento de la educación a todos los niveles, promoción de la lactancia materna, dignificación de las comunidades indígenas, leyes que protegen a los trabajadores, etc.

No obstante, todo es un proceso. Y, al menos, el mío no finalizó ahí. Porque tras ese citado período de entusiasmo en el que uno descubre que no está en el infierno. Y no solo no está en el infierno si no que siente que existe un país en este mundo en el que el Gobierno no piensa única y prevalencientemente en favorecer a las empresas que están consumiendo la vida de millones de trabajadores en todo el mundo. Es decir, no solo no se está en el infierno, si no que se promulgan verdaderos avances sociales, culturales, etc.

Como digo, no terminó en ese optimismo. Tras ese brutal optimismo y felicidad de comprender que Venezuela no es lo que te pintan desde Europa llega la decepción. Efectivamente dista mucho de ser el país oprimido, triste y casi en guerra que uno piensa en el viejo continente. Pero si se analizan sus medidas muchas hacen agua. No llegan a buen puerto. La teoría es muy buena pero la práctica falla. ¿Por qué falla? Es una gran pregunta que según mi punto de vista tiene bastantes factores pero que el principal es la naturaleza venezolana. Hay quien me ha dicho que es así la forma de ser del latinoamericano pero lo dudo bastante, proque en Venezuela hay mucho petróleo y esta forma de ser puede seguir existiendo, creo, gracias a eso. Me refiero a que todo el mundo se intenta aprovechar del vecino. No del vecino exactamente, si no de cualquier hecho que le vaya a beneficiar a él y que generalmente va en contra del interés común. Es aprovechar la oportunidad que se presta y después ya se verá. Un claro ejemplo es el de las cooperativas agrarias en el medio rural, un ente que en Europa funciona bien y se puede decir que es casi imprescindible para que al pequeño agricultor reciba un mínimo de respeto. Pues bien, en muchos pueblos de Venezuela se dieron ayudas para desarrollar una cooperativa y ese dinero se volatilizó en una moto, un carro (coche en España) y la ampliación de una vivienda por parte de dos o tres personas del pueblo de turno. ¡Ni cooperativa ni vainas! Y el dinero fuera. Es un ejemplo. Pero hay miles. Esa cultura de aprovecharse cuanto se pueda del resto es algo que está aceptado y casi se aplaude y se dice “qué listo eres, chamo”.

Luego está la variante de este comportamiento a gran escala que es la corrupción de la clase política. Que intenta hacer lo mismo. Hay quien ha visto la oportunidad de su vida y se ha visto en lo más alto del poder con facilidad para mangonear y siguiendo esta tónica se aprovecha. Pues la variante del mismo problema.

Por otro lado está el problema de los embargos. Es decir que Venezuela tiene dinero contante y sonante ( o tenía) para comprar repuestos de ciertas máquinas médicas que solo se fabrican en EE.UU. y La Casa Blanca prohíbe a sus empresas vender esas piezas a Venezuela. A esto hay que unir la presión política y mediática de EE.UU. en contra del Gobierno (véanse cables de wikileaks). En fin, y un largo etcétera que solo sirve para que pierda la población, especialmente la clase media, la cual es con diferencia quien más ha perdido en estos últimos tiempos.

Y no puedo olvidarme de que en Venezuela la inflación no la regular el Banco Central si no que lo hace una entidad privada, tal y como sucede en Estados Unidos. Probablemente como medida de presión contra el Gobierno la inflación sube un 25 % anualmente. Algo que sin duda es una auténtica barbaridad.

[Continuará…]