Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Ovejas perdidas por Tauste y Pradilla. 4 febrero 2013

No es muy frecuente encontrarse ovejas perdidas por el monte. Alguna vez puedes tropezar con alguna, generalmente cerca de los pueblos, pero son pocas si se compara con la gran cantidad de ovejas presentes en Aragón (aunque muchas menos que décadas atrás). Lo normal es que esas ovejas estén perdidas unos días, al fin y al cabo son una presa muy fácil para los depredadores, zorros básicamente. Pero lo que voy a contar ahora me hace pensar que las ovejas que hemos encontrado hoy llevan unas semanas viviendo libres y, por favor, cualquiera que tenga algo de idea que opine acerca de lo que voy a decir porque voy a lanzar mi hipótesis.

En primer lugar la situación: en el linde de los términos municipales de Pradilla de Ebro y Tauste. Las laderas occidentales de los Montes de Castejón que caen hacia la llanura de Las Cinco Villas. Las ovejas han sido vistas esta mañana en la parte más alta de esas laderas, muy cerca de la llanura que se forma en la cima. Estaba recogiendo muestras de sedimentos cuando he oído un ruido, he mirado y no he visto nada. Hace unas semanas encontré por la zona algunos restos de heces que pensé podían ser de liebre o conejo, pero que hoy he confirmado que eran de oveja. Al rato, sin oír un ruido, he sentido que había algo más por ahí y he mirado hacia donde antes había oído el ruido. Me he encontrado a una oveja con su corderico mirándome a unos 30 metros de mí.

Ovejas mimetizadas con el paisaje de margas y calizas.

Ovejas mimetizadas con el paisaje de margas y calizas.

No es fácil distinguir a las ovejas en estos terrenos porque tienen prácticamente el mismo color que el entorno, un material original en el que predominan las calizas y las margas. En la foto superior las dos ovejas están en el centro de la imagen mirando a cámara. Me he acercado hacia ellas, subiendo por un peñasco cercano, apareciendo a escasos tres metros de ellas y, obviamente, cuando he aparecido han cogido las de Villadiego. Se han alejado hasta quedar a unos cuarenta metros de mí y entonces la madre se me ha quedado mirando y el cordero se ha puesto a resguardo del viento con la cabezica apoyada en el lomo de la madre. ¡Qué ternura! En ese momento me han dado bastante pena por lo vulnerables que parecían (y probablemente lo eran). La cría y su madre a merced de cualquier depredador que aparezca, o peor aún, de cualquier humano que quiera entretenerse un rato con ellas. Ahí es cuando he ido a avisar a Carolina para que las viera y a coger la cámara de fotos al coche.

Madre y cría se alejan tranquilamente.

Madre y cría se alejan tranquilamente.

Cuando he vuelto las ovejas seguían ahí y les he hecho alguna foto. Hemos intentado bajar por una parte más alejada e intentar subir por una zona próxima a ellas para dirigirlas hacia el camino pero los bichos se han pispado y han comenzado a bajar más hacia la salida del barranco. Ahí es cuando he sacado el resto de las fotos con ellas a la carrera. Una carrera que deja mucho que desear si se la compara con su antepasado el muflón o con su pariente lejano la cabra, pero que nos dejaba a nosotros a años luz por esas pendientes elevadas. Eso es gracias a que las ovejas pertenecían a la Rasa Aragonesa y eran bastante más ágiles y rústicas que otras ovejas como la Charollais, ¡menudo bicho gordo!

Ovejas a la carrera.

Ovejas a la carrera.

Ahora me voy a atrever a lanzar mi teoría. Siendo que la última vez que estuve por la zona vi restos de heces, del mismo estilo que los vistos hoy, y estoy convencido de que son de ovejas. He pensado que estas ovejas llevan por lo menos unas seis semanas por la zona. La madre llevaba marcajes en la oreja, sin embargo la cría no. Además, llevaba el rabo sin cortar, que normalmente las ovejas lo llevan corto. Claro, que no sé a qué edad se las cortan. Es decir, que o bien esta oveja se separó del ganado cuando se puso de parto y luego no supo encontrar al resto o bien se perdió al poco de que naciera su cría. Pero esto último parece más complicado, que se hayan perdido justamente las dos y además por qué. De la otra forma la explicación es más sencilla: al parir perdió al grupo y ha criado en libertad a su retoño durante casi dos meses (o quizás más).

Fin de la carrera, a unos ochenta metros de nosotros.

Fin de la carrera, a unos ochenta metros de nosotros.

En verdad si el retoño es macho, gracias a esta pérdida de la madre está viviendo más tiempo y sin comer pienso, todo leche y algo de pasto natural (si ya tiene edad suficiente). Digo esto, porque si estuviera con el pastor supongo que a los tres meses le tocaba matarile. Siendo hembra quizás la usaban como reposición y no le tocaba matarile tan pronto, pero desde luego que si es macho el despiste de su madre le está alargando la vida. Ahora bien, esa fragilidad que han demostrado se hace difícil de asimilar. No parecían nada seguros de sí mismos. Pero claro, son ovejas y se notan los más de diez mil años de dependencia humana.

Quién sabe, quizás estos dos ejemplares sean los precursores de la futura especie Oveja de montaña taustana

 

Mantas volando con pelícanos. 6 enero 2012

Filed under: Fauna y flora — Aznar @ 20:28
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Preciosas imágenes de un documental de la BBC en el que se ve a mantas (tipo de pez aplanado) saltando y flotando unos metros por el aire. También hay pelícanos volando. Grabado frente a las costas de la California mexicana, en el Mar de Cortés.

Es admirable la calidad técnica y de contenidos de los documentales de la BBC que he tenido oportunidad de ver, recuerdo muy gratamente algunos de ellos: una serie de seis documentales sobre China y su diversidad biológica, un reportaje del Che y otra serie de tres programas en las que recorrían toda la línea del Ecuador. Se disfruta viéndolos y además al final sientes que han aportado algo, que hoy en día no es poco.

 

Luciérnagas en Viver de Vicort. 12 septiembre 2011

Cada vez es más complicado encontrar luciérnagas en nuestros montes. Recuerdo cuando era niño que en Malanquilla era relativamente sencillo verlas por la noche en las cunetas de la carretera. Hoy en día han desaparecido casi por completo, entre otras cosas porque la carretera está recién remodelada y si alguna aun sobrevivía antes de las obras fue sacrificada en honor a una carretera de dos carriles para un pueblo de 130 habitantes.

En cualquier caso, no es la carretera la culpable del descenso de luciérnagas. En general estos animales son muy sensibles a la contaminación y parece que cada día está todo más contaminado si atendemos a su drástico descenso.

A principios de agosto paseando por las inmediaciones de Viver de Vicort en el comarca aragonesa de Valdejalón nos encontramos con un par de luciérnagas. Ambas estaban en el talud contiguo al camino. Eso sí, no estaban juntas, vivos una y a los 500 metros la otra. Es esperanzador que a tan solo 50 km de Zaragoza y algo menos de 30 km de Calatayud se puedan encontrar espacios como ese. La luciérnaga es un indicio de calidad, pero hay otros factores que confirman la relativa calidad de ese paraje.

Foto con flash de una luciérnaga en el Sistema Ibérico de Zaragoza.

La carretera más cerca al lugar donde se encontró la luciérnaga dista varios kilómetros, a pesar de encontrarse Viver de Vicort a apenas un par de kilómetros del lugar donde se vieron las luciérnagas. Hay que reseñar que a Viver de Vicort no ha llegado jamás la carretera, el pueblo es una pedanía de Santa Cruz de Grío, situado al fondo del valle. Viver está en la cabecera. Viver contaba a principios de siglo con 100 habitantes (en 1930) y hoy en día aparece como deshabitado, ahora bien, en periodos vacacionales sí que hay personas viviendo en el pueblo.

Atardecer cerca de Viver de Vicort.

Llama la atención el modelo de desarrollo de esa zona, que se asemeja al pirenaico -salvando las distancias-. Se constituye un núcleo grande y diversas pedanías aprovechan cada palmo de terreno -en este caso solo una pedanía porque la tierra no es tan fértil como en el Pirineo y se tiene menos superficie-.

Ya que he comenzado hablando de luciérnagas terminaré diciendo que la mayor densidad de luciérnagas que he visto jamás ha sido en Venezuela, en el estado de Lara. Me hizo tremenda ilusión porque me recordó los tiempos en que estas abundaban por la Europa meridional. Si bien, apremio a quien quiera verlas porque no se controla mucho la contaminación en América Latina y supongo que las luciérnagas irán decreciendo considerablemente. Aunque siempre quedarán reductos vírgenes en aquel inmenso y maravilloso continente.