Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Escritos libertarios, Noam Chomsky. 9 mayo 2015

Hace unos meses estuve por Argentina y Uruguay. Entre muchas experiencias me traje también varios libros comprados en la Avenida Corrientes de la capital porteña. Uno de ellos es sobre el que quiero dejar aquí unos apuntes para no olvidar lo más importante de él: “Escritos libertarios” del pensador estadounidense Noam Chomsky.

Chomski es un anarquista convencido. Su ideal es la desaparición del Estado para que los seres humanos podamos desarrollarnos plenamente bajo los valores de la empatía y la solidaridad. Sin embargo, cito textualmente (pág. 113): “proteger al Estado es dar un paso hacia la abolición del Estado porque permite mantener un espacio público en el que la gente puede participar, organizarse, influir en la política, etc.” Además, el Estado nos permite defender todo lo ganado en tiempos pasados y que ahora se está perdiendo. Y hacer frente a las grandes empresas.

Su análisis sociológico profundiza en la naturaleza humana y en cómo el modelo capitalista trata de inhibirla (en gran medida con la televisión y un trabajo de baja calidad y alineante). Establece una dicotomía sobre la naturaleza humana. Él piensa (al igual que sostienen muchas corrientes políticas y sociológicas) que el el ser humano tiene dos necesidades fundamentales (por tanto, derechos fundamentales): la investigación y la creación, libres de coerción externa. Otra teoría aduce que las personas somos organimos vacíos, maleables, productos de nuestra formación y nuestro entorno. Según como nos posicionemos cada uno en esta cuestión entenderemos el mundo de formas diametralmente opuestas.

En cualquier caso entiende que cualquier estructura de jerarquía y autoridad carga con la pesada obligación de justificarse, ya sea que ésta implique relaciones personales o se trate de un orden social mayor. Y si no, pues fuera…

Partiendo de la primera hipótesis parecería ridículo pensar que nuestra sociedad sea tan injusta. Pero Chomski advierte: “para que la sociedad continúe así, las masas deben ser mantenidas en su lugar, entretenidas con simplificaciones emocionales potentes, marginadas y aisladas. Privadas de estructuras organizativas que permitan a los individuos sin recursos descubrir lo que piensan y crear en interacción con los demás”. De hecho llega a advertir que el modelo fabril nos está convirtiendo en meros robots; con el objetivo de focalizar en lo superficial: consumir moda, no preocuparse por nadie más, no pensar en el mundo que dejaremos a nuestros hijos…

Previene de que el término “democracia capitalista” es contradictorio e inviable. No puede ser que en el capitalismo la gente común tenga la capacidad para participar en las decisiones que afectan a sus vidas y sus comunidades. Para ser cierta, la democracia debería extenderse a la vida social y económica. En este modelo el “derecho a la vida” es una brutal falacia, el único derecho que se tiene es derecho a probar suerte en el mercado. También critica a los “intelectuales” que son bien recibidos cuando intentan revelar los crímenes de los enemigos, pero son totalmente desprestigiados cuando intentan ver la paja en el propio ojo.

Por último, también quiero subrayar una última idea, una crítica hacia parte del movimiento libertario, especialmente en estas últimas décadas: “ha sido poco lúcido al seguir la doctrina de forma rígida, sin consideración alguna de las consecuencias humanas que sus acciones acarrean”. En referencia a que renunciar a que las instituciones sean controladas por impresentables causa mucho daño en la sociedad: deshaucios, pérdida de calidad en educación y sanidad, empleo precario…

Y que no se olvide esto: “una sociedad que tolera la difamación sediciosa no es libre”.

 

¿Estamos preparados para la democracia? 28 mayo 2010

Si alguien nos pregunta por la democracia enseguida decimos que es la mejor forma de gobierno y que menos mal que la tenemos. Probablemente así sea, ¿pero cuántos de nosotros nos hemos parado a pensar si de verdad nuestra democracia se puede denominar así? En teoría la democracia debería ser un sistema participativo en el que personas válidas fuesen los candidatos a gobernar; siendo el pueblo el que eligiera, según sus ideas, a unos u otros dirigentes que gobernarían siempre desde la razón.

Si reflexionamos sobre la democracia en España se nos presenta un panorama bastante diferente y desalentador. Todos reconocemos que la inmensa mayoría de los partidos políticos han cometido acciones para no recibir un voto más; ya sea, entre otros, por corrupción, incompetencia o asesinatos –GAL, guerras…-. Sin embargo siguen siendo elegidos por millones de habitantes. ¿Estamos preparados para la democracia? La respuesta parece evidente, si millones de personas respaldan a malhechores para que decidan su futuro o no estamos preparados o somos masoquistas.

Esta falta de madurez que padecen la mayoría de las sociedades de los estados democráticos es la que hace perder el sentido a la democracia y la que imposibilita las políticas de exportación de la democracia a países no preparados (véase los casos extremos de Irak y Afganistán). Ahora bien, ¿por qué España y la mayoría de países occidentales no consiguen alcanzar esa madurez? Sencillamente porque a los que están en el poder no les interesa, ya que supondría el fin de su privilegiada situación.

Esa citada falta de madurez tiene su origen en el sistema educativo que no fomenta la capacidad de raciocinio del alumnado. Además, si alguien presenta cierta predisposición hacia la razón el sistema tiene otro mecanismo para evitarlo: horarios laborales infinitos con sueldos encaminados a que nuestras preocupaciones diarias se reduzcan a cábalas matemáticas para poder llegar a final de mes y no a formas de mejorar nuestra sociedad. Todo esto, con la inestimable colaboración de los medios de comunicación que seleccionan aquellas noticias que consideran oportunas y las trasmiten de la forma que les interesa para moldear nuestra consciencia. Y lo aceptamos plenamente, a la pregunta de por qué lo sabes, contestamos con lo que en filosofía se conoce como falacia de autoridad: “porque lo ha dicho la tele”.

No nos engañemos, a Vocento o a Prisa (por ejemplo) les da igual quién gobierne y cómo lo haga, solo les interesa mantener disputas para vender periódicos. De eso se aprovechan los políticos para seguir adelante valiéndose del medio de comunicación de turno que habla a su favor, a pesar de sus pésimas actuaciones, y mientras tanto los bancos reciben dinero de todos los españoles sin que nadie proteste. Y hay españoles dispuestos a discutir hasta el fin a favor de alguno de los estamentos arriba citados. Si se extrapola esta situación al conjunto del planeta la cuestión es más sangrante puesto que se llega a dar el caso de que estas disputas causan millones de muertos y enfrentamientos crueles entre gente de bien que, simplemente, se ha creído todos estos odios entre iguales. Esos odios ni siquiera se los creen quienes están sentados en un cómodo sillón consultando como asciende sus cuentas corrientes gracias a los conflictos, pero sí les permiten que esa cuenta corriente siga ascendiendo.

Nuestra democracia es una auténtica farsa dirigida por ciertos magnates de la comunicación, la política y las finanzas que se encargan de crear absurdas disputas que no conducen a ningún fin, salvo el de mantener ocupados y alejados a los ciudadanos del tema que de verdad importa: conseguir una sociedad madura y plenamente libre.

J. Martínez Aznar.

Este es el artículo central de la Revista el Gallo de Radio la Granja en su número de mayo.