Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Luciérnagas en Viver de Vicort. 12 septiembre 2011

Cada vez es más complicado encontrar luciérnagas en nuestros montes. Recuerdo cuando era niño que en Malanquilla era relativamente sencillo verlas por la noche en las cunetas de la carretera. Hoy en día han desaparecido casi por completo, entre otras cosas porque la carretera está recién remodelada y si alguna aun sobrevivía antes de las obras fue sacrificada en honor a una carretera de dos carriles para un pueblo de 130 habitantes.

En cualquier caso, no es la carretera la culpable del descenso de luciérnagas. En general estos animales son muy sensibles a la contaminación y parece que cada día está todo más contaminado si atendemos a su drástico descenso.

A principios de agosto paseando por las inmediaciones de Viver de Vicort en el comarca aragonesa de Valdejalón nos encontramos con un par de luciérnagas. Ambas estaban en el talud contiguo al camino. Eso sí, no estaban juntas, vivos una y a los 500 metros la otra. Es esperanzador que a tan solo 50 km de Zaragoza y algo menos de 30 km de Calatayud se puedan encontrar espacios como ese. La luciérnaga es un indicio de calidad, pero hay otros factores que confirman la relativa calidad de ese paraje.

Foto con flash de una luciérnaga en el Sistema Ibérico de Zaragoza.

La carretera más cerca al lugar donde se encontró la luciérnaga dista varios kilómetros, a pesar de encontrarse Viver de Vicort a apenas un par de kilómetros del lugar donde se vieron las luciérnagas. Hay que reseñar que a Viver de Vicort no ha llegado jamás la carretera, el pueblo es una pedanía de Santa Cruz de Grío, situado al fondo del valle. Viver está en la cabecera. Viver contaba a principios de siglo con 100 habitantes (en 1930) y hoy en día aparece como deshabitado, ahora bien, en periodos vacacionales sí que hay personas viviendo en el pueblo.

Atardecer cerca de Viver de Vicort.

Llama la atención el modelo de desarrollo de esa zona, que se asemeja al pirenaico -salvando las distancias-. Se constituye un núcleo grande y diversas pedanías aprovechan cada palmo de terreno -en este caso solo una pedanía porque la tierra no es tan fértil como en el Pirineo y se tiene menos superficie-.

Ya que he comenzado hablando de luciérnagas terminaré diciendo que la mayor densidad de luciérnagas que he visto jamás ha sido en Venezuela, en el estado de Lara. Me hizo tremenda ilusión porque me recordó los tiempos en que estas abundaban por la Europa meridional. Si bien, apremio a quien quiera verlas porque no se controla mucho la contaminación en América Latina y supongo que las luciérnagas irán decreciendo considerablemente. Aunque siempre quedarán reductos vírgenes en aquel inmenso y maravilloso continente.

 

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