Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Venezuela. 24 enero 2011

Llegué a Venezuela bien entrado el mes de octubre. No lo hice con temor, porque tenía allí contactos y confiaba en ellos por las referencias recibidas anteriormente. Pero no llegué con total tranquilidad. No me sentía en el aeropuerto de Caracas como me puedo sentir en el de Zaragoza o en el de Helsinki. Estaba inseguro, alerta, quizás asustado.

Pronto se recupera uno del brutal impacto que recibe, hablando de temperatura y humedad. Enseguida, dentro del aeropuerto con el aire acondicionado (asiduo compañero durante los siguientes tres meses) uno se olvida de esa brutal humedad y del calor sofocante. Siendo que unas horas antes el Cierzo azotaba mis labios hasta cortarlos resulta impactante sentir ese fuerte bochorno en tan poco periodo de tiempo.

No obstante, conforme transcurren los días y especialmente las semanas en aquel país uno comienza a percibir las cosas tal cual son. O al menos más alejadas a la fatal idea preconcebida desde Europa. Mi pensamiento sobre Venezuela antes de pisar ese país era completamente negativo. Sobre todo en lo que hace referencia a la forma de vida en aquella nación. Pensaba que uno podía encontrarse con cadáveres prácticamente todos los días cuando salía a comprar el pan por la mañana, que era imposible estar por la calle tranquilo, etc. Simple y llanamente es la información a la que has tenido acceso como un europeo normal, del montón. Las noticias malas de Venezuela son las que suelen prevalecer en cualquier medio de comunicación. En los que no falta documentales monotemáticos sobre la violencia de Venezuela y, como llegué a ver en Cuatro una vez, diciendo que financiada e incentivada por el propio Gobierno.

Al pasar las semanas agarras confianza, conoces más gente, se abren nuevas puertas; en definitiva vives en Venezuela. No eres un mero turista. Puedes empezar a comprender el país por ti mismo, sin que tus ojos vean lo que otros han seleccionado y contado para ti como ellos quieren. En ese momento comienzas a comprender que es mejor decir “agarrar” en lugar de “coger”. Pero también comprendes que hay multitud de acciones positivas encaminadas a desarrollar una sociedad más justa y equilibrada. Universidad gratis, con comida, cena y transporte. Fomento de la educación a todos los niveles, promoción de la lactancia materna, dignificación de las comunidades indígenas, leyes que protegen a los trabajadores, etc.

No obstante, todo es un proceso. Y, al menos, el mío no finalizó ahí. Porque tras ese citado período de entusiasmo en el que uno descubre que no está en el infierno. Y no solo no está en el infierno si no que siente que existe un país en este mundo en el que el Gobierno no piensa única y prevalencientemente en favorecer a las empresas que están consumiendo la vida de millones de trabajadores en todo el mundo. Es decir, no solo no se está en el infierno, si no que se promulgan verdaderos avances sociales, culturales, etc.

Como digo, no terminó en ese optimismo. Tras ese brutal optimismo y felicidad de comprender que Venezuela no es lo que te pintan desde Europa llega la decepción. Efectivamente dista mucho de ser el país oprimido, triste y casi en guerra que uno piensa en el viejo continente. Pero si se analizan sus medidas muchas hacen agua. No llegan a buen puerto. La teoría es muy buena pero la práctica falla. ¿Por qué falla? Es una gran pregunta que según mi punto de vista tiene bastantes factores pero que el principal es la naturaleza venezolana. Hay quien me ha dicho que es así la forma de ser del latinoamericano pero lo dudo bastante, proque en Venezuela hay mucho petróleo y esta forma de ser puede seguir existiendo, creo, gracias a eso. Me refiero a que todo el mundo se intenta aprovechar del vecino. No del vecino exactamente, si no de cualquier hecho que le vaya a beneficiar a él y que generalmente va en contra del interés común. Es aprovechar la oportunidad que se presta y después ya se verá. Un claro ejemplo es el de las cooperativas agrarias en el medio rural, un ente que en Europa funciona bien y se puede decir que es casi imprescindible para que al pequeño agricultor reciba un mínimo de respeto. Pues bien, en muchos pueblos de Venezuela se dieron ayudas para desarrollar una cooperativa y ese dinero se volatilizó en una moto, un carro (coche en España) y la ampliación de una vivienda por parte de dos o tres personas del pueblo de turno. ¡Ni cooperativa ni vainas! Y el dinero fuera. Es un ejemplo. Pero hay miles. Esa cultura de aprovecharse cuanto se pueda del resto es algo que está aceptado y casi se aplaude y se dice “qué listo eres, chamo”.

Luego está la variante de este comportamiento a gran escala que es la corrupción de la clase política. Que intenta hacer lo mismo. Hay quien ha visto la oportunidad de su vida y se ha visto en lo más alto del poder con facilidad para mangonear y siguiendo esta tónica se aprovecha. Pues la variante del mismo problema.

Por otro lado está el problema de los embargos. Es decir que Venezuela tiene dinero contante y sonante ( o tenía) para comprar repuestos de ciertas máquinas médicas que solo se fabrican en EE.UU. y La Casa Blanca prohíbe a sus empresas vender esas piezas a Venezuela. A esto hay que unir la presión política y mediática de EE.UU. en contra del Gobierno (véanse cables de wikileaks). En fin, y un largo etcétera que solo sirve para que pierda la población, especialmente la clase media, la cual es con diferencia quien más ha perdido en estos últimos tiempos.

Y no puedo olvidarme de que en Venezuela la inflación no la regular el Banco Central si no que lo hace una entidad privada, tal y como sucede en Estados Unidos. Probablemente como medida de presión contra el Gobierno la inflación sube un 25 % anualmente. Algo que sin duda es una auténtica barbaridad.

[Continuará…]

 

One Response to “Venezuela.”

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