Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Los osados Almogávares. 30 noviembre 2009

Filed under: General — Aznar @ 20:08
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Tropas ligeras de la Corona de Aragón que sembraron el terror por todo el Mediterráneo durante la Edad Media. Pero mejor dejo un artículo de Arturo Pérez-Reverte que lo explica a las mil maravillas. Uno de los pocos en esta España que sabe llamar a las cosas por su nombre. El artículo apareció en la revista XLSemanal. Sus historias son dignas de película:

Almogávares en la fiesta de los Amantes de Teruel.

“De ellos no se acuerda casi nadie. Eran políticamente incorrectos.

De ese centenario se ha hablado poco, pues nadie puede hacerse fotos a su costa. Hace setecientos años justos, además de salvar el imperio bizantino del avance turco, los almogávares arrasaron Grecia. Fue un episodio sólo comparable a la conquista de América por bandas de aventureros sin nada que perder salvo el pellejo –que se cotizaba a la baja– y con todo por ganar si salían vivos. Pero en esta España donde los libros escolares no los determina la memoria, sino el pesebre donde trinca tanto sinvergüenza periférico y central, esas historias han sido eliminadas, o manipuladas en beneficio de los golfos que organizan el negocio en plazos de cuatro años: los que van de una urna a otra. El resto importa un carajo. De los almogávares, como de lo demás, no se acuerda casi nadie. Eran políticamente incorrectos.

Madrugando el siglo XIV, el emperador de Bizancio pidió ayuda para frenar el avance de los turcos, y la corona de Aragón envió sus temibles Compañías Catalanas. Lo hizo para quitárselas de encima. Estaban integradas por almogávares: mercenarios endurecidos en las guerras de la Reconquista y en el sur de Italia. Sus oficiales, de mayoría catalana, eran también aragoneses, navarros, valencianos y mallorquines. En cuanto a la tropa, el núcleo principal procedía de las montañas de Aragón y Cataluña; pero las relaciones mencionan apellidos de Granada, Navarra, Asturias y Galicia. Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la señera cuatribarrada de Aragón. Sus gritos de guerra eran Aragón, Aragón, y el terrible, legendario, Desperta, ferro.

La historia es larga, tremenda, difícil de resumir. Seis mil quinientos almogávares recién desembarcados en Grecia destrozaron a fuerzas turcas muy superiores, matando en la primera batalla a trece mil enemigos, sin dejar con vida –eran tiempos ajenos al talante, al buen rollito y al diálogo entre civilizaciones– a ningún varón mayor de diez años. En la segunda vuelta, de veinte mil turcos sólo escaparon mil quinientos. Y, tras escaramuzas menores, en una tercera escabechina los almogávares se cepillaron a dieciocho mil más. Eran letales como guadañas. Además, entre batalla y batalla –españoles a fin de cuentas– pasaban el rato apuñalándose entre sí por disputas internas, o despachando a terceros en plan chulito, como los tres mil genoveses a los que por un quítame allá esas pajas acuchillaron en Constantinopla, durante una especie de botellón que terminó como el rosario de la aurora.

A esas alturas, claro, el emperador Andrónico II se preguntaba, con los huevos por corbata, si había hecho bien contratando a semejantes bestias. Así que su hijo Miguel invitó a cenar a Roger de Flor, que era el jefe, y a los postres hizo que mercenarios alanos los degollaran a él y a un centenar largo de oficiales. Fue el 4 de abril de 1305. Después de aquello los griegos creyeron que la tropa almogávar, sin jefes, pediría cuartel. Pero eso era desconocer al personal. Cuando apareció el inmenso ejército bizantino para someterlos, aquellos matarifes oyeron misa y comulgaron. Luego gritaron: Desperta ferro, Aragón, Aragón, y se lanzaron contra el enemigo, pasándose por la piedra a veintiséis mil bizantinos en un abrir y cerrar de ojos. Lo cuenta Ramón Muntaner, que estuvo allí: no se alzaba mano para herir que no diera en carne.

No quedó sólo en eso. Enterados los almogávares de que nueve mil mercenarios alanos –los que aliñaron a Roger de Flor– volvían a su tierra licenciados y con familia, les salieron al paso, hicieron picadillo a ocho mil setecientos y se quedaron con sus mujeres. Después, durante una larga temporada y pese a estar rodeados de enemigos, se pasearon por Grecia saqueando y arrasando, por la patilla, cuanto se les puso por delante. Fue la famosa venganza catalana. Y cuando no quedó nada por robar o quemar, fundaron los ducados de Atenas y Neopatría: estados catalano-aragoneses leales al rey de Aragón, que aguantaron durante tres generaciones hasta que con el tiempo, el sedentarismo y el confort, se fueron amariconando –hijo caballero, nieto pordiosero– y quedaron engullidos, como el resto de Grecia, por la creciente marea turca que había de culminar con la caída de Constantinopla.

Y ésa, colorín colorado, es la historia de los almogávares. Admitan que es una buena historia. Vive Dios.”

Es difícil en la actualidad hacerse la idea del terror que infundían al atacar, pero puede servir de muestra el grupo Lurte (alud en aragonés) para hacernos idea de ciertas costumbres de la época.

 

5 Responses to “Los osados Almogávares.”

  1. civer Says:

    Debo añadir que también gritaban ¡Dispierta fierro!, en aragonés de la época.
    Muy buen artículo y vídeo ilustrativo para la ocasión😉

  2. lampuzo Says:

    Bueno.., no todos..
    A la VI brigada ligera paracadista española se la conoce con el nombre de “Almogavares”

  3. ferrolobo Says:

    Buen artículo.
    Y valla par de almogávares más majos,…joer, si parecen de verdad.

  4. Guilhem Says:

    ¿Inmenso ejército bizantino? Caramba, si el mayor ejercito reunido en el siglo XII por Manuel Comneno consistía en 25 mil hombres estando el Imperio en la cuspide de su apogeo, ¿a que le llaman inmenso?. Señores, estamos hablando del Imperio de los Paleologos, aquél mismo arruinado por la IV Cruzada (1204) y por los ineptos soberanos de esa dinastía. Un imperio que no lograba reunir a mas de cinco mil soldados en el mejor de los casos.
    Además, si tan inmenso era el ejércitobizantino, como ustedes aseveran, ¿qué necesidad tenían los soberanos bizantinos de pedir ayuda a Aragón?.
    Los almogávares fueron valerosos soldados. Pero no olvidar que Roger de Flor era un soldado de fortuna, un templario convicto de traicionar a sus propios hermanos de fe, en los días de la caída de Acre. Una banda de salvajes desarrapados sin ley, ni orden, ni religión. Una nube de langostas presta a consumir lo que se le pudiera delante.

    • Aznar Says:

      Supongo que Ramón Muntaner usó un coeficiente de exageración, como siempre suele pasar en las crónicas históricas.

      Pero vamos, si se cargaron a 26.000 bizantinos era un ejército considerable. Y no es tan raro entender que el Imperio Bizantino pidiera ayuda porque si sumamos todos los muertos turcos dan mucho más que esa cifra. Así que es difícil que el Imperio Bizantino hubiera parado a los turcos. Al fin y al cabo al final sucumbió.


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