Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Viaje Marruecos, segundo día Tánger – Asilah. 15 abril 2012

1 de abril de 2012.

La llamada a la oración antes de las cinco de la mañana te recuerda que no estás durmiendo en tu cama, ni siquiera en tu continente. Al cabo de unos momentos vuelve de nuevo la calma, aunque se repite al cuarto de hora el mismo proceso (o al menos muy parecido al anterior).

En Marruecos son dos horas menos que en la España peninsular así que a las seis y media ya no puedo pegar ojo y me dedico a dar vueltas en la cama. Hojeo un libro mientras escucho el canto matutino de los gorriones. Cuando mis compañeros se despiertan nos vamos a desayunar.

Llegamos a las nueve y tocamos en la puerta tal y como nos dijo el hostelero anoche. Nos sirve un completo desayuno consistente en un zumo de naranja natural, un té verde con menta, unos melawi y pan recién horneado. Todo esto aderezado con mantequilla y mermelada a discreción. Julio no come mucho, dice que por la mañana no le entra tanto, pero su parte no queda en el plato. Al rato viene una pareja que también estaba anoche cenando en el restaurante. Son británicos. El hombre de raza negra espera el desayuno escribiendo en un cuaderno lo que parece un diario de viaje. La mujer hojea una guía de viaje. Pagamos 20 Dh cada uno y nos despedimos del posadero y de la pareja británica.

Retrocedemos hasta la pensión y continuamos por la calle que baja hacia la mezquita. Está a treinta metros de nuestra pensión, ahora entendemos porqué se oía tanto la llamada a la oración de las cinco de la mañana. Aparecemos en la muralla de la medina en un mirador. La vista no nos gusta tanto como esperábamos, vamos al otro mirador que marca la guía. De camino un vecino del barrio nos pregunta qué buscamos en un correcto castellano. Nos enseña la medina, nos dice que hay mcuhos europeos que se han comprado casa en la medina. Pueden costar 250.000 € esas casas, al menos eso asegura. Son grandes, bonitas y en mitad de la medina, y muchas de ellas con buenas vistas en la azotea. Llegamos al otro mirador, este vale más la pena. No hay playa, el mar termina contra un muro y por todos lados se ven rompeolas en construcción.

El vecino que hace de guía nos lleva a una tienda de chilabas. Dice que sin compromiso pero las ganas que tenemos de hacernos con una los tres y las aptitudes comerciales del dueño de la tienda consiguen que salgamos con dos chilabas (Víctor y yo) y con una camisa blanca para Julio, quien parece un ángel con ella. La timada ha sido considerable pero en ese momento no somos muy conscientes, 200 Dh cada chilaba. Reconozco que la calidad de las mismas no era buena. Pagamos la novatada. No iba a quedar ahí la novatada… Al despedirnos el vecino que hacía de guía nos pidió una propina. Le dí 20 Dh, esperaba que fuera más que suficiente pero el hombre aun seguía ahí y Víctor le dio otros 20 Dh. Son menos de cuatro euros entre los dos pero es un pastón. En otras ciudades eso se hace gratis, y en la misma Tánger otras personas también. Además se llevará una buena comisión por las chilabas. Al menos pasamos un buen rato con él.

Con la chilaba puesta por Tánger nos ponemos manos a la obra para alquilar un carro. Alex nos dio en Algeciras un contacto, llamo al tío y no nos entendemos para nada. Así que lo hacemos al modo marroquí. Entro a una tienda y pregunto si saben dónde alquilan coches. El dueño del negocio me dice que sí y habla con una persona sentada en la entrada. No tengo muy claro la relación entre ellos, si se limita a ser empleado y propietario o hay relación familiar. No lo sé. Sé que la persona que está fuera se llama Karim y que se ofrece a acompañarnos hasta la agencia de alquiler. Tardamos unos 15 minutos en hacer el trayecto. La tienda está cerrada, nos tomamos un té con Karim mientras esperamos a que venga el dueño, un conocido de este.

Karim es un musulmán convencido y practicante. A sus 82 años no tiene que ser fácil para él levantarse antes de las cinco de la mañana para realizar la primera oración del día. No obstante, asegura que es su preferida, cuando todo está tranquilo y se puede concentrar mejor. Mantenemos una profunda conversación sobre la vida, en un correcto castellano. La conversación se torna en una ponencia conforme se profundiza más en aspectos morales y filosóficos. Es evidente que su experiencia es inmensa y que además es un hombre culto, no podemos más que preguntar. Somos todo oídos.

Karim es una persona que practica lo que dice, los tres deducimos lo mismo. Vive con lo justo, lo indispensable para vivir. No quiere más. Ve inconcebible el precio que hemos pagado por las chilabas. Él, que también es comerciante, ajusta el precio de venta al valor del objeto. Evidentemente, lo vende más caro que al comprarlo, pero solo lo necesario para su sustento. Alega que lo otro es un engaño y que eso no es dinero limpio. Dice que el dinero está bien siempre que se gane honestamente. Nos explica que el Islam es muy flexible. Hay que cumplir el Corán en la medida de las posibilidades de cada uno. El mismo se salta la oración de la una de la tarde por estar ayudándonos a nosotros.

Regresa el dueño de la agencia. Queremos coger el coche en Tánger y dejarlo en Fez. Dice que no es posible, que se ha de devolver en Tánger. Dudamos. Acordamos que el precio sean 300 Dh por día y que dejaremos el coche en Tánger. Nos pide de fianza 500 €. Totalmente imposible. Tras una larga conversación decide bajarlo a 200 € de fianza y un DNI español. Asegura que es peligroso conducir el coche por Casablanca. Todos dudamos, especialmente Julio. Yo quiero ir a Casablanca y como zaragozano no doy mi brazo a torcer con facilidad. El dueño vuelve a lo mismo, pregunta por enésima vez si vamos a Casablanca. Le digo que sí, que me hace ilusión y que voy a ir. Se levanta y dice “safi”, lo que en árabe se utiliza para zanjar una negociación y significa más o menos déjalo estar. Me quedo con un palmo de narices y le insisto. Parece un bucle infinito porque me dice que si voy a ir a Casablanca de nuevo. Evidentemente le digo que sí otra vez. Ahora dice: “safi, safi”. Nos vamos.

Karim nos lleva a otra agencia. Por el camino nos cuenta que este hombre de la agencia prefería escuchar una mentira que una verdad. Es sorprendente pero así es, simplemente quería escuchar que no íbamos a Casablanca. De esa forma nos lo habría alquilado. Hay mucha gente que es más feliz oyendo mentiras… En la agencia estamos treinta segundos. Es una agencia europea y el precio es casi el doble que en la anterior. Buscamos otra de nuevo.

Encontramos la nueva agencia gracias a Karim. Esperamos un rato y el dueño de un establecimiento vecino nos indica que hoy no abrirá por ser domingo. Pasa por la calle un señor, Mohammed, que se dirige a nosotros en castellano directamente. Lo habla muy bien, ha vivido en España varios años. Dice que el conoce un sitio donde alquilarlo. Le hablamos del precio y nos lleva a la otra agencia. El precio es el mismo que el que habíamos regateado en la primera agencia: 300 Dh/día. La fianza es un pasaporte, el mío. Él lo arregla todo, el dueño no habla castellano ni inglés. Le digo que nos den un mapa, la respuesta es negativa. Cuando está todo listo Mohammed me pide 100 Dh (unos 9 €) para ir a comprar un mapa. Se los doy.

Nos enseñan el coche. Dice que está limpio y en buen estado. Le digo que lleva más mierda que una cloaca. Y dice que sí pero que no tiene daños. Eso es cierto hasta que Julio se fija en que hay una rueda pinchada. Nos dice que la cambiemos que no cuesta nada. Naranjas de la china. Ahora entiende algo de castellano y nos da otro coche, mejor que el anterior, un Dacia de cuatro puertas con un amplio maletero. Nos llevamos el coche con Karim y acordamos vernos con Mohammed en la tienda de Karim.

Karim nos guía hasta la gasolinera más cercana porque el coche está en reserva. En esa gasolinera nos indica cómo salir dirección sur (hacia Asilah), muy sencillo: seguir toda la avenida. Le digo:
- Te llevamos a la tienda y luego volvemos aquí para ir hacia Asilah.
- No, no sabréis volver. La tienda está muy lejos de aquí y es complicado.
- Karim, que te vamos a llevar. Además he quedado con Mohammed en la tienda.
- ¿Para qué?
- Le he dado 100 Dh para que comprara un mapa.
La cara de Karim adquiere una expresión muy próxima entre la decepción y la indignación:
- Aunque vayas a la tienda no te vas a encontrar con él.
Ahora es mi cara la que cambia de semblante, y no solo mi cara. Me siento como un auténtico imbécil. Tanto rato con Karim me había hecho olvidar que no todo el mundo actúa de buena fe, había bajado la guardia.

Nos despedimos de Karim. El buen nombre nos pide que le demos alguna limosna, ¡qué menos! Lleva toda la mañana y parte de la tarde ayudándonos y no habríamos alquilado el coche sin él. Ha pedido limosna de una forma muy conmovedora. Lo ha pedido desde la necesidad, y desde el dolor que le produce tener que pedir. Su expresión manifiesta necesidad, y sus zapatos, gafas y ropas lo demuestran. Le damos 20 Dh y varios abrazos cada uno.

En el coche camino de Asilah nos invaden sentimientos encontrados. Tánger es una gran ciudad portuaria, con todo lo que eso conlleva y sabíamos lo que allí había. De hecho hemos disfrutado en ella y aprendido mucho de ella. Pero nos sentimos mal por haberle dado 100 Dh a alguien que nos ha engañado diciendo que iba a comprar un mapa y tan solo 20 Dh a quien ha estado casi todo el día con nosotros, ha sido fundamental para alquilar el coche y nos ha enseñado muchísimo. Hemos visto a pequeña escala lo que en el mundo sucede a gran escala: el que obra bien se lleva poco por mucho esfuerzo, sin embargo el que obra mal se puede llevar un dineral con engaños. No obstante, no cabe duda de que Karim es una persona mucho más feliz que Mohammed y que sin duda las personas que a su lado se encuentran también son mucha más felices que las que están al lado de Mohammed.

Con la moral tocada por lo injusta que es la vida a veces, sobre todo cuando no se está con los cinco sentidos, llegamos a Asilah. Conseguimos alojamiento en la casa de una mujer por tan solo 100 Dh los tres, a unos 3 € cada uno. Tenemos ducha, baño y cocina propios. No está mal. Damos una vuelta por Asilah y volvemos a casa. Julio está cansadísimo, no se encuentra muy bien y se tumba a la cama. Queremos ir al hammam, pero a él no le apetece. Insistimos y se anima a venir, “no he cambiado de continente para quedarme en la cama”.

Vamos con la chilaba por la calle, lo que causa la hilaridad de los nativos. Intercambiamos sonrisas, gestos y miradas de complicidad. También algunas frases en tono guasón, preguntándonos si somos bereberes. Llegamos a la medina y vamos a un hamman que hemos localizado antes paseando. Negociamos el precio, ¡nos quería cobrar 20 Dh!, y entramos por 12 Dh cada uno. Hacía tres años que no entraba en un hamman y es siempre la misma sensación pero con diferente experiencia. Es decir, la humedad y el calor son constantes pero las personas y la distribución del local varían. La acústica en este caso es malísima, no obstante nos tratan como a inválidos porque la gente que está dentro nos llena nuestros cubos de agua a la temperatura que queremos y nos explica cómo emplear el hamman de una forma saludable. No más de quince o veinte minutos en la habitación más caliente. Nos ofrecen un masaje gratis pero no tuvimos huevos en esta ocasión. También influye que llevábamos diez minutos ahí dentro, y al menos yo empezaba a notar que era suficiente.

Mientras nos cambiamos entablamos conversación con un chico que se llama Abdulah, está cuadrado el condenado. Nos alegra el rato con su perfecto castellano, su hermana vive en Toledo, y nos dice que tiene una tienda de ropa en el centro de la medina. Nos explica cómo ir a una playa cercana a Asilah que al parecer es preciosa. Hay que ir en carro de caballos, está a unos cinco kilómetros. Bueno, también se puede ir andando…

Al salir del hamman damos una vuelta por Asilah, es un domingo a las 21:00 de la noche y la ciudad bulle. Está todo el mundo en la calle paseando, tomando té o viendo el fútbol. Después de pasear nos ponemos a tomar el té. ¡Qué rico! Té de menta en una terracica del paseo viendo el fluir de la ciudad y comentando nuestro ajetreado día. Naturalmente Karim centra el grueso de nuestra conversación, nos ha marcado.

Paseamos por el paseo marítimo y nos damos cuenta de que a las 22:30 no queda nadie paseando. También vemos que nuestro coche se ha quedado solo, no hay más coches aparcados cerca. Cogemos las llaves del coche y voy con Julio ha dejarlo en un aparcamiento vigilado que hay a cincuenta metros de donde estamos. Están cuatro hombres sentados alrededor de una mesa. Se ríen al vernos salir con las chilabas. Nos pide 20 Dh por dejar el carro. Julio mira su dinero al estilo bereber, por dentro de la chilaba y dice que no, que tienen que bajar el precio. Ellos se ríen y se sienten muy a gusto por ese gesto que denota un buen conocimiento del uso de la chilaba y acceden a bajarlo. El coche dormirá esta noche vigilado por aproximadamente 1€. Buenas noches.

 

Viaje Marruecos, primer día Sevilla – Tánger. 9 abril 2012

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31 de marzo de 2012.

Dicen que la lluvia en Sevilla es una maravilla, no lo discuto, pero matizo que es una maravilla engorrosa cuando te tienes que desplazar con bastante peso y no llevas calzado adecuado. A eso de las diez de la mañana sale el autobús con destino a Algeciras. En esa ciudad andaluza donde se juntan el Mediterráneo y el Atlántico me uniré a dos amigos para cruzar a Marruecos.

Al llegar a Algeciras me encuentro con Alex quien después de unos achuchones (hace ocho meses que no lo veo) me cuenta alguna de sus vivencias por Marruecos. Voy a casa de Alex, que está en donde termina Algeciras en dirección La Línea, a dejar la maleta y el portátil. Preparo rápidamente la mochila que me voy a llevar a Marruecos y vamos a la estación de autobuses a buscar a mi amigo Julio y a su hermano Víctor, los tres dormiremos esa noche en África.

La lluvia sigue acompañando en Algeciras, y si en Sevilla es una maravilla no veo porqué en Algeciras no ha de serlo. Al menos comimos de maravilla en un garito de la parte vieja de la ciudad: un tomate relleno y un montadito de lomo con salsa de almendras.

En cuanto llegan los hermanos Navarro vamos al puerto. Compramos los billetes, solo ida que nunca se sabe lo que puede pasar… Nos damos cuenta en la fila para embarcar que no teníamos la tarjeta de embarque, media vuelta. Menos mal que el barco salía con retraso. Supongo que es evidente pedir la tarjeta de embarque si se está habituado a viajar en barco pero para nosotros tres no es lo habitual, en nuestra Zaragoza natal hace muchos siglos que no atracan barcos.

En el ferry voy escuchando los últimos minutos del partido del Zaragoza, está jugando en Gijón y va empate a uno. Nos sellan el pasaporte en el mismo barco y contemplamos el Estrecho desde la ventanilla del barco. En el último minuto marca gol Lafita y empezamos a hablar en alto de que igual es posible salvarse… El nuevo puerto de Tánger se denomina Tánger – Med, supongo que esto último es la abreviación de Mediterráneo. Tánger se encuentra en el Atlántico pero es posible que este puerto sí esté en el Mediterráneo porque está cincuenta kilómetros al norte de Tánger. Nos saludan en la montaña tres enormes palabras escritas en árabe que miran a poniente: “Alá, tierra y rey” nos ha dicho una azafata del ferry.

Nada más salir del edificio del puerto somos abordados por multitud de personas. Solo queremos coger el autobús gratuito que lleva a los viajeros al centro de Tánger, así que desechamos las diversas ofertas de tomar un taxi o un gran taxi. Llegar y besar el santo, en este caso subir y salir el bus.

El autobús nos deja en Tánger, no sabemos donde estamos pero Alex nos ha dicho el nombre de un hotel: Hotel Tarik. Decidimos preguntar por él nada más alejarnos un poco de la muchedumbre que se había agolpado alrededor de los viajeros que esperaban recoger sus maletas. Al parecer el susodicho hotel está lejos. Caminamos por Tánger hasta llegar a una zona con numerosos edificios en construcción. Ya hay un hotel abierto de cinco estrellas en la zona y decidimos entrar a preguntar. Nos atiende un chico en correcto castellano pero cuando le decimos cuánto cuesta una habitación para tres en el hotel no nos toma en serio y cambia de tema. Aprovechamos para cambiar euros por Dirhams y seguir sus indicaciones hacia el hotel Tarik.

Se hace tarde y no conseguimos encontrar el hotel, aunque creemos ir en la dirección correcta. Preguntamos a un taxista que estaba enfrente, ni papa de castellano ni de inglés. El hombre intenta explicarnos algo pero no entendemos. Nos montamos y le damos el nombre del hotel. Acordamos 20 Dirhams (Dh), algo menos de 2 €. Avanza 80 metros y da la vuelta en la rotonda para seguir el sentido que llevábamos andando. Nuestra sorpresa es mayúscula cuando dice “hotel Tarik” a sesenta metros de donde nos habíamos montado. Le damos los 20 Dh acordados y le decimos que es muy inteligente, nos estrechamos la mano y entramos al hotel. Nos piden casi 50 euros por dormir los tres. Media vuelta.

Es tarde, así que cogemos un taxi y le decimos que nos lleve a la medina (parte vieja de la ciudad) a una pensión que aparece en la guía que llevamos y que cuesta unos 6 euros. El taxista se queja fervientemente de la ampliación del puerto prevista en Tánger. Nos deja en la medina y enseguida viene un chico que estaba en la plaza para guiarnos por la medina y llevarnos a la pensión. Nos lleva a otra que está al lado (Pensión Amar). Suponemos que le dará su buena propina el dueño. Regateamos y acordamos 180 Dh por los tres. Parece buen precio para Tánger y la medina. El dueño de la pensión nos indica donde cenar, un buen cuscús. Además acordamos con el mesonero ir a desayunar ahí a la mañnaa siguiente por 20 Dh. Volvemos a la pensión y mantenemos una relajada conversación en castellano, francés y árabe con el dueño de la pensión y dos inquilinos. Nos vamos a la cama.

 

El Matarranya (Aragón). 10 diciembre 2011

El Matarranya es el río que vertebra (junto con el Tastavins) y da nombre a la comarca. Es sin lugar a dudas la más mediterránea de todas las comarcas aragonesas. el Mediterráneo se encuentra a menos de 40km; eso sí, no por la carretera. Los olivos alternan con los almendros como lo hacen en otros lugares del Bajo Aragón pero en esta zona la proporción de olivos es mayor. Sin olvidar los melocotoneros. El aterrazamiento de las laderas está omnipresente en la comarca aunque sin llegar al extremo del Penedés. Los mases recuerdan que el territorio se aprovecha al máximo a pesar de las dificultades. Un paisaje muy diferente al del resto de Aragón.

Paseo a caballo en las inmediaciones de Valderrobres.

Y tanto que se explota. La actividad en Valderrobres es brutal, y en el resto de la comarca la afluencia de turistas es más que notable. La mayoría provenientes de la vecina Cataluña (es cierto que la parte del Baix Ebre está a menos de una hora). Algún zaragozano se pierde por allí pero no es habitual, a pesar de que solo está a 1 hora y cuarto de Zaragoza. Me parece increíble que los zaragozanos en particular y la gran mayoría de aragoneses en general no conozcamos el tesoro que tenemos en el Matarraña.

Atardecer en Valderrobres.

Los cascos urbanos están muy bien cuidados, con verdaderas joyas arquitectónicas como el Castillo de Valderrobres o la ermita de Peñarroya de Tastavins declarada su techumbre Patrimonio de la Humanidad. Darse una vuelta tranquilamente por el casco urbano de Valderrobres y cruzar su puente medieval después de ver las magníficas vistas desde lo alto de su castillo no tiene precio.

Por cierto, es Valderrobres, ni Valle de Robles ni Vall de Roures como dicen en castellano y en catalán respectivamente, los lugareños lo conocen como Valderrobres y así es. Traducir los nombres de las ciudades no tiene mucho sentido en lenguas tan próximas. De la misma forma que L´ampolla es L´Ampolla a pesar de que su traducción al castellano sería La Botella, y nadie la llama así. Un poco de respeto por la lengua del Matarraña. Además tiene un origen muy bonito, puesto que esa zona fue repoblada por catalanes en tiempos de la Reconquista y a pesar de pertenecer al Arzobispado de Zaragoza y al Rey de Aragón ellos siguieron hablando su lengua que ha perdurado (con cambios evidentemente) hasta nuestros días.

Dedicar una mañana a montar a caballo por los campos y bosques cercanos a Vallderrobres es una actividad muy interesante, además, por supuesto de visitar el Parrisal de Beceite. Un barranco que remonta el río Matarraña hasta su nacimiento y que está acondicionado para que cualquier persona lo pueda realizar. Se han habilitado plataformas elevadas para cruzar tramos inundados y el sendero no tiene pérdida alguna.

Parrisal de Beceite.

No tuvimos tiempo para visitar mucho más en la comarca: subir el Masmut, comer bien y poco más. Pero volveremos, ahora que la hemos descubierto, que sabemos del buen trato que se recibe y que tiene un patrimonio envidiable es imposible resistirse al retorno.

 

La joya latina de Norteamérica. 1 febrero 2011

La combinación de las virtudes latinas (también europeas) con las americanas ha formado una de las sociedades más avanzadas del planeta. La caprichosa Historia ha conseguido esta curiosidad social y política que se asienta en Quebec. La influencia del mundo anglosajón es arrolladora y eso obliga a potenciar las diferencias de Quebec para mantener su orgullosa identidad latina. Este punto es, por ejemplo, el que impulsa a los espectadores de un partido de hockey en Montreal a silbar las partes del himno canadiense que se entonan en inglés.

Los servicios sociales canadienses son de los más avanzados del mundo, su economía crece constantemente y, además, posee ingentes cantidades de recursos naturales. En definitiva, sus ciudadanos disfrutan de uno de los países más desarrollados del mundo (el tercero según la ONU). El caso es que no solo los canadienses disfrutan esas condiciones, también lo hacen los muchos inmigrantes llegados desde todas las partes del globo. Canadá necesita cubrir multitud de puestos de trabajo de elevada tecnificación. Sus buenas prestaciones sociales y laborales permiten cubrirlos de una forma ordenada y digna para todos. El hacer horas extras allí sin remuneración, como sucede en España, es una quimera decimonónica.

Ahora bien, es cierto que casi la mitad de la población quiere la independencia de Quebec y que lo anglosajón no es muy grato para ellos. Incluso en las señales de tráfico se encuentra la palabra “arret” en lugar de “stop”. Se favorece la llegada de franceses en particular, y especialmente de cualquiera que pueda comunicarse correctamente en francés. ¿Qué conduce a una sociedad tan desarrollada a poner de manifiesto un problema que no es de primera necesidad? ¿Qué induce esa confrontación con el resto de la Confederación canadiense? Probablemente en la primera pregunta esté la respuesta: el elevado desarrollo permite encaminarse a resolver otras disputas menos prácticas. Estas nuevas acciones no guardan relación con la mejora económica (porque Quebec disfruta de un ventajoso convenio económico dentro de Canadá), simple y llanamente se llevan a cabo por un sentimiento de justicia histórica como respuesta a un pasado diferente y a más de un siglo de discriminación de la población francófona.

En definitiva, Quebec es un lugar que merece la pena ser visitado. La mezcla de Occidente es máxima en Quebec. Su paisaje es similar al de Finlandia, su lengua es la de Francia, sus gentes son tan acogedoras y abiertas como a la orilla del Mediterráneo y, por supuesto, está en Norteamérica.

Montreal otoñal desde Mont Royal

Este artículo descansa o probablemente ya no lo haga. Pero durante algún tiempo descansó en cierto archivo, mesa, carpeta o lo que sea de un periódico aragonés. En el de máxima tirada en la Comunidad, con intención de poder ser publicado. No obstante, ya han pasado unos meses y veo muy poco probable que se publique ahí, al parecer por problemas de espacio debido a la crisis económica y falta de anunciantes. En cualquier caso, como autor del mismo pues tengo la licencia para que vea la luz pública por aquí.

 

Gracias Venezuela. 27 enero 2011

Ya hace más de una semana que partí de Venezuela. Este fin de semana recordaba caminando por el señorial Paseo de la Independencia de Zaragoza que hacía justo un fin de semana me encontraba en la Plaza Bolívar de Caracas. Estuve en muchas plazas en honor al Libertador de la Gran Colombia. De todas recuerdo algo que me hace sonreír y, aun tan temprano, ya me produce gran nostalgia.

Recuerdo la más grande de cuantas existen en Venezuela, la de Maracay, en donde una familia me tomó media docena de fotos hacia todas direcciones posibles mientras yo estaba, sin saberlo aun, con dengue. Me acuerdo de ese paso fugaz con Paolo por la de Barquisimeto el primer día que llegué a Venezuela tras una minutada buscándola. También de las fotos en la de Valencia con la familia Román, todos nosotros ataviados para subir al cerro Casupo. No me olvido de la única que visité con un familiar: en Ciudad Bolívar. En la que contemplé con la compañía de un buen helado de “mantecado” y oreo el discurrir de la vida en una ciudad flanqueada por picos de cinco mil metros. Qué bonita es Mérida. Pero, la que más me impactó fue la de Caracas.

Los gustos siempre dependen de los momentos y las expectativas, entre otros tantos factores. En Caracas surgió así. Simplemente me encantó el lugar, era el momento. La zona donde está la plaza ya me llamó la atención por asemejarse a un casco histórico como los que se encuentran en Europa, con sus calles peatonales y un ir y venir de gente que siempre hace a cualquier lugar muy entretenido e interesante. Vamos, que tenía nostalgia de Europa después de tanto tiempo y ahí me sentí como si estuviera en un lugar sureño del Viejo Continente. La plaza en sí misma deslumbra por su diseño, tanto la parte urbanística como por el estilo de sus zonas verdes que confieren un frescor al caluroso ambiente tropical. El verde invita a la tranquilidad, algo tan ansiado en una gran urbe como Caracas.

Lo que me sucedió con Caracas en particular lo asemejo a lo que sentí con Venezuela en general. Un lugar al que llegas inseguro por todas las historias que te han contado y que probablemente muchas personas dejan de visitar por eso mismo. ¡No saben lo que se pierden! Visité Caracas cuando mi temor por Venezuela había desaparecido, solo quedaba respeto y precaución. Pero Caracas aun seguían siendo palabras mayores. Allí seguí respetándola, pero no temiéndola. ¡Disfrute en ella! Tal y como lo hice en todo el país.

Sin duda el patrimonio natural que presencié en Venezuela deja boquiabierto. Y no solo hay un tipo de hábitat, ¡hay miles! Desde la selva más frondosa, al desierto, pasando por los Andes, los llanos, la Gran Sabana, etc. La laguna de Canaima quita las preocupaciones a cualquiera cuando se zambulle en ella, es algo indescriptible la sensación de paz que uno respira a la orilla de la laguna entre esas inmensas cascadas que la alimentan y bajo los inconmensurables tepuys que la custodian. Como dicen en Lara: ¡Naguará! No hay expresión más útil y exacta para expresarlo.

Probablemente lo que más me impactó fue la forma de vida. Completamente diferente a una Europa normalizada y legislada hasta la extenuación. Allí comprendes que no pasa nada por saltarse un semáforo en rojo si no perjudicas a nadie y vas a tener que estar esperando 70 segundos para nada. Comprendes que el tiempo es el que es, que vale la pena aprovecharlo y, especialmente, disfrutarlo. Se piensa en el hoy, y el mañana ya se verá. ¿Para qué ese pensamiento europeo de tengo que cotizar porque me quedo sin pensión? ¿Vas a estar toda la vida esclavo para poder pagarte una residencia? Eso si al final cobramos pensión…

Si te adaptas a la forma de vida de allí se vive con mucha menos preocupación. En Europa quedas con alguien a las 22:00 y si no estás tienes problemas. En Venezuela tienes problemas si estás a las 22:00 porque no va a ver nadie hasta dentro de dos horas. Ya está, se asume y no pasa nada, si luego no te apetece ir no vas y punto. Y tan amigos. Se hace lo que se quiere. Como debería ser. Eso sí, lo anterior no quiere decir que la palabra de un venezolano no valga. En absoluto, hay que comprender en qué situación se está y cuando se queda para salir por ahí pues no es algo de vital importancia que el amigo aparezca porque si quieres salir la oferta no es escasa y si no es con uno será con otro. Cuando la situación lo requiere la presencia de un amigo es segura.

Dejo para el final lo más importante. El carácter de la gente. Jamás había estado en ningún país en el que la gente al percatarse de que era de fuera (aunque me sintiera un guaro más, jejeje) me preguntara “¿Estás a gusto?” y me dijera “bienvenido a mi país”. Era algo que de verdad emociona y que tendría que copiar el mundo entero para los extranjeros. Claro que tiene sus riesgos… Porque imagina que te preguntan esto en Finlandia. Te entras ganas de decir: “Pues mira chico, estoy hasta los huevos de no ver el sol desde hace 3 meses”. Y el pobre finlandés se queda con un palmo de narices. No es plan. Ya no quiero pensar lo que te dirían en España con el otro tópico que más se repetía: “Perdona las cosas malas de mi país”. ¡Eso ya no emociona, dan ganas de cantar! Como si el tendero que me vendía la botella de agua tuviera alguna culpa de las cosas malas. Es como si mañana al primer extranjero que vea le digo: “maño, perdona por el paro, la corrupción, la holgazanería, la tauromaquia, la ignorancia, la televisión…”. No sé el porqué, no sé si es por orgullo o porque no somos tan acogedores (al menos de primeras). Pero esas frases que reconfortan sobre manera cuando estás a 10.000 km de casa no las veo exportables a Europa.

En cualquier caso, gracias por los helados en diciembre y enero, gracias por las playas caribeñas, gracias por las noches en el Cambural, gracias por ese proyecto que me tocó desarrollar, gracias por los viajes larenses, gracias por la hospitalidad, gracias por tener curiaras no fabricadas en el Ikea, gracias por lo barato de la gasolina, gracias por las noches de joda en el apartamento, gracias por los ratos en el Cardenalito, gracias por la mosquitera, gracias por los jugos de guayaba y parchita, gracias por los paseos por la Lara, gracias por el vuelo en avioneta, gracias por hacerte del Zaragoza, gracias por las visitas, gracias por la cinemateca de Barquisimeto, gracias por los rapiditos, gracias por la chicha y el gorro, gracias por las noches de joda y cartas en Valencia, gracias por el aceite de oliva italiano, gracias por las risas, gracias por los pirulines y el mapa de Barquisimeto, gracias por el béisbol, gracias por las noches en el Bunker, gracias por el queso blanco, gracias por la atención y por el suero, gracias por los paseos por el Orinoco, gracias por las conversaciones de Canaima y Buja, gracias Alitalia por la manta, gracias por la amistad, gracias por el alojamiento, gracias por la comida baresí de Carora, gracias por las infructuosas clases de salsa, merengue y similares, gracias por el celular, gracias por Transnitria, gracias por las comidas y cenas en la UCLA, gracias por el cine, gracias por “darme la cola”, gracias por las explicaciones e indicaciones, gracias por esa ascensión fugaz al techo de Mérida, gracias por las hallacas, gracias por el salto en parapente, gracias por estar en el terminal diciendo “Acarigua, Acarigua, Acarigua. Acarigua saliendo, Acarigua, Acarigua, Acarigua…”, gracias por los partidos de fútbol del condominio, gracias por las ostras, gracias por decir también “Maracay, Maracay, Maracay, Maracay directo, Maracay…”, gracias por la despedida en Caracas y el viaje hasta Caracas, gracias por enseñarme el ¡Naguará! y, cónchale, gracias también por el aire acondicionado y ¡por el dengue! Aunque este último espero no repetirlo…

Gracias Venezuela.

 

Tour du Midi d´Ossau. 30 diciembre 2010

Ese es el vídeo resumen de una excursión que hicimos en el Pirineo un fin de semana del pasado agosto. Estuvimos una noche durmiendo en un camping en Sabiñánigo ya que íbamos desde Zaragoza y tuvimos que salir tarde. Y durante la ruta acampamos una noche en el monte. Se puede hacer perfectamente en un día pero casi mejor si se va sin mucho peso. Nosotros decidimos hacer la vuelta en dos días (una noche) porque pensábamos hacer algo más pero luego tuvimos que dejarlo en la vuelta simplemente. Espero que lo disfrutéis:

 

¿De Disney Land a Vietnam? 25 octubre 2010

Hace menos de una semana quien escribe estas líneas se encontraba en la ciudad más latina de todo Norteamérica, en la metrópolis de la provincia canadiense de Québec. En la apacible, divertida y segura ciudad de Montréal. Visto desde un punto de vista simple aquello parecía Disney Land, un mundo de diversión, felicidad y entretenimiento. Al menos esa sensación tuve en el escaso mes que viví en su zona centro. Y esa es la idea de la mayoría de aragoneses con los que he hablado.

Bien, hoy escribo estas líneas ya en suelo europeo, desde Zaragoza, mientras espero en la puerta de la Ciudad Universitaria a mis amigos para despedirme de ellos hasta el 2011 porque mañana viajo a Venezuela por tres meses. Sí, a Venezuela. También está en América como Montréal y también es latina la lengua que se habla pero la diferencia es notable. Al menos eso es lo que se dice porque nunca he estado allí.

Mucha gente, y por tanto también muchos lectores estarán pensando que qué se me ha perdido por allí, que por qué hago esto y cuestiones similares. A los más caseros se les vendrán a la mente imágenes de anacondas con la cara de Chávez y bandoleros asaltando turistas en Caracas. Otros sentirán compasión y entenderán lo difícil que se ha puesto el mercado laboral español: “Probecico, se tiene que ir tan lejos…”. Los menos se asombran y se alegran sinceramente de la oportunidad que se presenta. Este último caso es una rara excepción entre la sociedad aragonesa, pero era la posición que más se repitió durante mi estancia en Canadá.

En definitiva, la gran mayoría de aragoneses al oír que alguien se va tres meses a Venezuela a hacer unas prácticas de la Universidad se asusta o directamente piensa que has perdido el juicio o ambas dos. Piensan que es casi como ir al Vietnam en guerra de décadas atrás. Especialmente si esos aragoneses son señoras de edad avanzada y parte de mi familia a las cuales llamo “yaya”.

Pero bueno, nunca he estado en Venezuela y tampoco estuve en ese Vietnam bélico, simplemente porque no había nacido. Así que no puedo comparar nada ahora mismo desde mi casa del barrio de San José, pero invito al lector a que lo vaya descubriendo conmigo durantes estos próximos tres meses.

 

York y sus preciosas murallas. 8 octubre 2010

Archivado en: Viajes — Aznar @ 23:08
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Sin lugar a dudas York es una ciudad que vale la pena visitar y que se merece una entrada mucho más extensa que la que ahora le dedico, pero por falta de tiempo he de dejarlo aquí e implorar a la paciencia del lector.

 

Riga (LETONIA). 10 diciembre 2009

Archivado en: Viajes — Aznar @ 18:14
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La capital de Letonia se debate entre el pasado soviético y el futuro capitalista en el seno de la Unión. Como cualquier otra gran ciudad de las denominadas Repúblicas Bálticas (Lituania, Letonia y Estonia). Es la mayor ciudad de los tres países y su centro cultural, económico, comercial, financiero, etc. Quizás parezca que el peso de la antigua URSS es mayor aquí que en su vecina Tallín porque el 30% de la población de Letonia es rusa.

No obstante, a pesar de todos esos atributos no la convierten en la más interesante. A pesar de tener un casco antiguo como el de Tallín que es Patrimonio de la Humanidad el resto de la ciudad no dice mucho (en mi caso al menos). Lo más impresionante fue que llegamos allí en su Día de la Independencia (18 de noviembre). Y, la verdad, que estos letones se lo montan a lo grande. Me encantó la cantidad de espectáculos callejeros en cualquier rincón del casco antiguo de Riga. Los actos centrales con miles de personas entonando a la vez el Himno Nacional que ponía los pelos de punta y el desfile militar para conmemorar los 90 años del ejército letón no tuvo parangón. Lo del desfile lo digo por boca de Jan, el primer habitante de las Islas Feroé que he conocido en mi vida, y que estuvo allí en la soleada mañana de noviembre. El acto central a las nueve de la noche en las orillas de río Daugava consistió en una colosal composición de luz, color y sonido -gracias a los fuegos artificiales que surcaron el oscuro cielo báltico-.

Por tanto el sabor que queda de la ciudad es muy bueno, no solo por el Día de la Independencia, sino por la visita a su mercado situado en diversos hangares abandonados y que tenía unas dimensiones enormes a la par que una gran vitalidad. No quiero olvidar tampoco su vida nocturna que en su casco antiguo es muy activa.

No obstante, las joyas de la ciudad que aparecen en todas las guías de viajes a mi no me dijeron nada en especial, igual no supe apreciarlo. El Art Nouveau simplemente me pareció que eran unas casas muy majas pero nada más, está bien darse un paseo de unos quince minutos por ahí (tampoco es más grande esa zona) pero no es nada del otro mundo.

Por cierto, quiero agradecer que en Riga llegar al aeropuerto desde el centro no cuesta más de 1€, no así como en otras ciudades que sabiendo que no te queda otra opción ponen un autobús extremadamente caro.

Ya sabéis, si caéis por Riga intentarlo el Día de la Independencia de Letonia.

 

Tampere (Finlandia) 25 noviembre 2009

Archivado en: Excursiones,Viajes — Aznar @ 18:38
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Tampere es una ciudad predominantemente industrial a unos 150km de Helsinki en dirección noroeste. Nació hace poco más de dos siglos como un mercado y supo aprovechar después una auténtica curiosidad natural. El canal que conecta los lagos Näsijärvi y Pyhäjärvi y que atraviesa ahora toda la ciudad perfectamente canalizado y estabilizado.

Probablemente lo más sorprendente de esta ciudad de unos 200.000 habitantes es la formación de esa conexión entre los dos lagos. Que estando uno a una altura superior al otro originó unos terribles rápidos. En la actualidad diferentes presas y azudes salvan los desniveles existentes y el agua circula plácidamente por la mayor parte de la ciudad.

La vida cultural es muy importante, ha dado grandes escritores fineses y realiza todos años un festival internacional de teatro. Por cierto, nosotros pudimos asistir a un concierto de órgano en su catedral y fuimos invitados a te y pastas muy amablemente por los paisanos del lugar.

La mejor vista de la ciudad se consigue desde una torre elevada que está en lo alto de la montaña cercana, el problema es que si el día está con niebla es mejor no intentarlo (así fue nuestro caso). Y en verano el parque de atracciones rebosa de actividad así como el planetario.

 

 
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