Desde los meandros.

De todo un poco pero abreviando (no como los meandros).

Transporte en Venezuela. 9 enero 2012

Rescato otro de los artículos que escribí para Heraldo de Aragón. Este está fechado el 12 de diciembre de 2010. Se pedía que se explicara cómo se había seguido en Venezuela el paro de los controladores aéreos españoles (recuérdese que es el puente de diciembre de 2010 en donde muchos ciudadanos se quedaron sin volar) y además cómo son los medios de transporte en Venezuela:

“El brutal paro de los controladores aéreos ha tenido bastante seguimiento en Venezuela. Los diversos medios de comunicación se hicieron eco del chantaje que dejó en tierra a numerosos turistas. Quizás habría sido más entendible hacer el paro entre semana en donde los daños serían para grandes empresas que suelen ser quienes viajan durante la semana y no en periodos de vacaciones, en donde los perjudicados son simples ciudadanos con ganas de desconectar unos días de la asfixiante rutina.

También yo lo padecí porque esperaba una gran variedad de productos aragoneses traídos por mi tío, quien me visita estos días. Prometí a mis amigos venezolanos deleitarles con un sabroso jamón de Teruel, la exquisita Trenza de Almudévar y la inconfundible longaniza de Graus el día de mi cumpleaños. Pero lo que tenía que llegar el sábado acabó llegando el martes por la mañana. En fin, la excusa para hacer otra fiesta.

El bus llega a todos lugares en Venezuela, además muy barato.

En general los vuelos nacionales en Venezuela son baratos para un europeo y la clase alta del país. Pero para la mayoría de la población los precios son prohibitivos. En los vuelos nacionales desde Caracas hay que tener mucho cuidado con el equipaje facturado porque los hurtos son frecuentes.

También hay vuelos internacionales bastante económicos hacia diversos países latinoamericanos y otros países que mantienen buena relación con el Gobierno de Venezuela.

El medio de transporte más usado es el autobús. Es el más económico debido a que la gasolina es tremendamente barata. El ferrocarril está en construcción y se espera que se abran tramos el año próximo.”

 

Llegada al “infierno”. 30 diciembre 2011

Archivado en: Sociedad,Venezuela — Aznar @ 16:51
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Después de una semana en Venezuela esto escribí. No lo pude colgar hasta hoy que he repasado qué documentos tenía porque en ese momento no tenía internet y luego se me pasó. Pero bueno, aunque sea del 30 de octubre de 2010 creo que puede venir bien a cualquiera que se plantee ir a Venezuela, primeras impresiones:

En la anterior entrada aludía a que para muchos me dirigía hacia el infierno, un país inhabitable en donde la vida diaria no es posible. Bien, Venezuela solo puede ser denominado como infierno porque hace mucho calor y presenta una elevadísima humedad. Es un shock cuando sales del avión proveniente de una Zaragoza a 10ºC y con cierzo y aterrizas en Caracas a 33ºC y una humedad relativa descomunal. En un breve lapso de tiempo se normaliza la situación porque en Venezuela tienen una gran adicción: el uso del aire acondicionado a toda potencia y en todos lugares inimaginables. A raíz de la crisis energética de hace unos años la atmósfera interior de centros comerciales, “carros”, buses, etc. se ha convertido en una acogedora primavera, desterrando el arduo invierno siberiano de tiempos pretéritos.

Partiendo de la idea europea de que Venezuela es un estado quasidictatorial y en conflicto prebélico casi la totalidad de lo que ve sorprende gratamente al forastero. Uno espera encontrarse carreteras de un carril para ambos sentidos atestadas de coches y con controles de carretera cada 10 kilómetros y lo que se encuentra son autovías de dos carriles por sentido entre las principales ciudades del país en las que en 2008 se suprimieron los peajes por la incompetencia de la empresa concesionaria para mantener el firme en buen estado. Ahora el firme no está bien, pero al menos son gratis. También uno espera ver en las cunetas paramilitares, militares y guerrilleros ataviados con Kalashnikov y sin embargo encuentra vendedores de helados, de tortas de maíz, de pan, de arepas, etc.

Por supuesto esto no es tan seguro como Helsinki, Oslo o Goteborg, pero en Venezuela se lleva el día a día con normalidad, sin ostentar. De hecho un estudio mundial del “World Values Survey” determina que los venezolanos son los más felices del mundo. Al menos, se declara el 55% de la población como “muy felices”. Eso sí, también se oyen casos de hurtos, atracos y robos con intimidación. Sin lugar a dudas hay delincuencia y es violenta, la diferencia está en que la situación previa en mi cabeza era tremendamente negativa.

 

Blanca navidad en el trópico. 23 diciembre 2011

Archivado en: Sociedad,Venezuela — Aznar @ 13:35
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Continúo con la serie de los artículos que escribí para Heraldo de Aragón cuando estaba en Venezuela. Hace justo un año estaba por allá y Venezuela se siente muy próxima estos días por varias razones que han tenido lugar recientemente en Huesca. Así que os dejo con este artículo en el que se responde a la pregunta de cómo se pasa la Navidad en Venezuela, del 5 de diciembre de 2010:

Venezuela es un país geográficamente muy diverso y aquí se puede encontrar una cristalina playa caribeña, el delta más grande de Sudamérica, la cascada más larga del planeta y la inhóspita gran sabana (entre otras muchas maravillas naturales). Además de lo anterior Venezuela se asienta en el comienzo -un chileno probablemente diría en el final- de la cordillera de los Andes en la que el Pico Bolívar sobrepasa los 5.000 metros de altitud. Entre los Andes se encuentra la ciudad de Mérida en donde sí nieva de manera excepcional. Ni siquiera el Pico Bolívar con su enorme altitud mantiene nieves perpetuas.

Exceptuando las rarísimas ocasiones en las que la zona de Mérida aparece nevada, Venezuela y la nieve son completamente incompatibles. No obstante a los venezolanos les encanta pasar frío. De otra forma no se entienden las bajísimas temperaturas que se padecen en los cines, centros comerciales, autobuses y demás lugares similares.

Playa en el Estado de Carabobo (Venezuela). Para un europeo, un exótico lugar donde pasar una Navidad diferente.

A pesar de las temperaturas tropicales toda la decoración navideña es completamente invernal y nival. Además de muy prematura, a comienzos de noviembre ya se encuentran los motivos navideños allí por donde se mire. En la Navidad venezolana uno puede tomar helados en una terraza, darse un baño en el Caribe y despedir el año en mangas de camisa al aire libre.

Sin embargo el ser humano siempre anhela lo que no tiene y estos días muchos venezolanos disfrutan conversando sobre una Navidad blanca.

 

Bajo el mandato de Hugo Chávez. 19 diciembre 2011

Los diez últimos años de Venezuela coinciden casi con el Gobierno de Chávez, quien llegó en 1999. En este tiempo Venezuela ha cambiado notablemente. Ahora bien, los cambios se ven de una forma u otra según la óptica con la que se mire.

Está el caso del europeo harto de la sociedad capitalista reinante en Europa, en la que lo único que se hace semana tras semana es trabajar y trabajar para, básicamente, conseguir pagar una vivienda y enriquecer a los dueños de la empresa de turno. Siempre con la única esperanza de disfrutar de unos días de vacaciones. A pesar de esa deshumanizante vorágine de vida, se considera un afortunado porque su forma de vida (casi esclava) causa miles de pobres y hambrientos en el mundo. Al menos en Europa no se pasa hambre. Este europeo ve a Venezuela como una pequeña burbuja de esperanza a la tan injusta sociedad capitalista.

Al hablar del venezolano depende de su clase social. La clase alta en estos diez años ha perdido latifundios de su dudosa propiedad y ciertas empresas que generalmente no cumplían con los requisitos mínimos de cordura social. En general enviaban su dinero al extranjero. Actualmente lo siguen haciendo aunque revierte una parte al Estado debido al control monetario.

La clase media, escasa hace unos años en comparación con el porcentaje de clase media europea, es la que más ha padecido en estos diez años. Las medidas del Gobierno no se promulgaron en su contra. Pero muchas de ellas sí que se volvieron en su contra, en gran parte por la presión ejercida desde el exterior. Produjo el colapso de multitud de pequeñas y medianas empresas, sustento principal de esta clase media que las había sacado adelante con sobresaliente esfuerzo. Padecen el control monetario que casi imposibilita la compra de material en el extranjero y la inflación es extremadamente cruenta. De tal forma que este grupo en general sí que se siente mucho peor que hace diez años.

La bandera de Venezuela sobre una cara venezolana.

Por otro lado están las clases más bajas de la población, casi el 70% del país estaba por debajo del umbral de la pobreza hace algo más de diez años. Hoy en día ese porcentaje ha disminuido notablemente y además ya casi nadie pasa hambre en Venezuela. El Gobierno ha hecho un gran esfuerzo por dignificar las condiciones de vida de estas personas (la mayoría del país) con facilidades para la educación, sanidad, vivienda, alimentación, etc. Hasta tal punto que pueden ser desincentivadores de la actividad y ciertos sectores de la población se contentan con esperar a que lleguen nuevas ayudas. Esta supervivencia a base de subvenciones insostenible en cualquier lugar del mundo aquí se prolonga gracias al petróleo.

Cabe destacar que muchos de los perjuicios ocasionados son producto de la presión que ejercen otros organismos sobre el país. A lo que hay que añadir la brutal oposición reinante en Venezuela que prácticamente aboca a la mitad de la población en trabajar en contra del país. Se dan casos de boicot comercial como el de grandes empresas estadounidenses que se niegan a vender recambios a las máquinas hospitalarias de Venezuela por prescripción de la Casa Blanca. O los recientes casos desvelados por Wikileaks en donde los EE.UU. intentaron desprestigiar las medidas del Presidente Chávez (como la Misión Barrio Adentro).

En definitiva, Venezuela en estos años ha tratado de crear un sistema diferente. La teoría ha sido aceptable pero la práctica ha fallado notablemente. Y además se ha encontrado con una brutal oposición externa y también interna. No obstante para mucha gente sin ningún tipo de esperanza ni posibilidad los avances han sido notorios. Y, en cualquier caso, para un europeo la situación venezolana es inmensamente mejor a la esperada tras atender a los medios de comunicación del viejo continente.

Nota: este artículo, escrito por mi, responde a una petición del Heraldo de Aragón para publicarlo hace justo un año (19/12/2010) cuando la primera década del primer milenio estaba próxima a terminar. Pedía una visión de cómo había cambiado el país en la última década.

Nota 2: lo dejo aquí esperando comentarios para ver si entre todos completamos la información de primera mano.

 

Generación Black Berry. 18 diciembre 2011

Archivado en: Sociedad,Venezuela — Aznar @ 21:18
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Nota: el siguiente artículo fue publicado el 21 de noviembre de 2010 en la sección Heraldo Abierto del Heraldo de Aragón. Es otro artículo de los que escribí sobre los temas de Venezuela que el periódico consideraba interesante cuando allí me encontraba. Se suma a otros ya publicados en este blog, y espero subir todos en breve.

En Venezuela gusta mucho aparentar. Se hace de formas tan variopintas como pueden ser unos senos voluminosos de quirófano, ropa de la marca más cara, uñas arregladas a la perfección y por supuesto un Black Berry ayuda en gran medida a potenciar lo anterior.

Es un país muy marcado por las modas y el consumismo, mucho más de lo que sucede en Aragón. En Venezuela si alguien en un grupo de amigos se hace con un Black Berry el resto del grupo dispone de una semana para adquirir otro. Es una norma no escrita especialmente en los grupos de clases altas, aunque este esquema sucede a lo largo y ancho del planeta para las clases acaudaladas. Suena exagerado pero el consumismo venezolano es feroz. A ello contribuye la elevada inflación (de un 24% este año), es decir que dejar el dinero un año en el banco es como perder la cuarta parte del mismo: mejor gastarlo.

Lo más sorprendente y que mejor contextualiza el tema de las nuevas tecnologías en Venezuela es el fenómeno Black Berry. Nunca había visto este aparato con aspecto de móvil y funciones de computadora en Zaragoza. Desde que estoy aquí lo veo todos los días y me conozco al dedillo sus funciones; aunque, es cierto, nunca lo he usado. En realidad la mayoría de las funciones no suponen más que una pérdida de tiempo, es útil el aparato pero incita a un uso nada productivo. Se usa especialmente para actualizar redes sociales. Por unos 10 € al mes lo tienen siempre operativo con Internet, llamadas, mensajes, etc. Estos aparatos no se muestran mucho en la vía pública debido a la inseguridad. No obstante en los centros comerciales, universidades, colegios, etc. se encuentran por doquier. Llama la atención que niños de 10 o 12 años ya tienen un Black Berry y que no solo las clases altas lo utilizan.

Jóvenes usando sus Black Berrys en la zona común de una urbanización privada.

Además del caso concreto del Black Berry las nuevas tecnologías están muy bien asentadas en el país. Internet en los hogares es barato, rápido y muy frecuente. También existen cibercafés extremadamente baratos (0,15 € por 30 minutos) aunque a veces es desesperantemente lento.

Otra gran diferencia tecnológica entre Aragón y Venezuela es la facilidad en el país americano para obtener películas y discos de música a precios extremadamente baratos (menos de 1 €). Son copias que se venden en numerosos quioscos destinados únicamente a ese comercio. Un alivio para los europeos que podemos disfrutar del arte a un precio muy alejado de los abusivos precios del viejo continente.

 

Homeopatía en Venezuela. 30 marzo 2011

Archivado en: Venezuela — Aznar @ 20:56
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Mientras vivía en Venezuela estuve escribiendo para Heraldo de Aragón sobre algunos temas que ellos pedían cada semana a algunos aragoneses que vivían en el extranjero. Ya lo comenté en un post anterior en el que reproduje mi artículo sobre el tabaco en Venezuela y poco a poco iré subiendo el resto. Creo que este fue uno de los primeros que envié:

“Tradicionalmente el sistema de salud venezolano ha sido bastante deficiente. Eso ha creado una tendencia poblacional de rechazo hacia el mismo. Es cierto que en los últimos años se han creado diversas organizaciones públicas -denominadas “misiones”- que se encargan de paliar las carencias del sistema y que básicamente constituyen un sistema sanitario alternativo más cercano y sin burocracia. Gracias a la Misión Barrio Adentro se ha podido mejorar el sistema con nuevos centros de atención primaria equipados con buenos medios y con doctores cubanos -puesto que en ellos el sueldo no es tan alto y los facultativos venezolanos en su mayoría no muestran interés en ellos- que están realizando una buen labor y que comienza a cambiar la negativa percepción venezolana de su sistema sanitario.

Potenciada por un sistema de salud deficiente desde hace muchos lustros la homeopatía en Venezuela tiene más peso que en Aragón. Las carencias sanitarias obligaron a la población a encontrar remedios efectivos contra dolencias y enfermedades. Debido a ello hoy se encuentran dos tipos de homeopatías muy diferentes. El más moderno se basa en los conocimientos de países europeos y norteamericanos con buena acogida entre las clases media-alta y alta de la sociedad que incluso combina esta práctica con la acupuntura. Es más frecuente en las grandes ciudades, especialmente en Caracas y Valencia. Muestra del auge de este tipo de tendencia es el caso de un famoso homeópata en Cubiro quien cuenta con una clínica privada únicamente de homeopatía con capacidad para ingresar a los numerosos pacientes que por allí aparecen.

Existe otro tipo de homeopatía más común que la anterior para las clases bajas y rurales. Mantiene relación con las artes chamánicas fruto del conocimiento de la naturaleza y el cuerpo humano desde tiempos inmemoriales, tanto de pueblos indígenas como de los africanos traídos para trabajar como esclavos. Hay comercios que los venezolanos llaman coloquialmente “ratoneras”, porque en ellos, dicen con su perenne tono jocoso, se encuentran más ratones que productos, en los que se pueden adquirir todo tipo de ungüentos naturales para prevenir y curar dolencias y enfermedades.

Esta última práctica guarda en parte un origen similar con la demostración espiritual que se realiza en el Monte Sorte, que viene a ser como el Moncayo de la zona y que se lleva a cabo el día del Pilar, denominado aquí el Día de la Resistencia Indígena. Ese día se reúnen miles de personas para, en trance, hablar con espíritus. Y se pueden ver actos extraordinarios como morder brasas incandescentes, cortarse con machetes sin sangrar, caminar sobre cristales sin aparente dolor, etc. Pero eso ya es otra historia y tendrá que esperar a otra semana…”

11 de Noviembre de 2010.

 

Gracias Venezuela. 27 enero 2011

Ya hace más de una semana que partí de Venezuela. Este fin de semana recordaba caminando por el señorial Paseo de la Independencia de Zaragoza que hacía justo un fin de semana me encontraba en la Plaza Bolívar de Caracas. Estuve en muchas plazas en honor al Libertador de la Gran Colombia. De todas recuerdo algo que me hace sonreír y, aun tan temprano, ya me produce gran nostalgia.

Recuerdo la más grande de cuantas existen en Venezuela, la de Maracay, en donde una familia me tomó media docena de fotos hacia todas direcciones posibles mientras yo estaba, sin saberlo aun, con dengue. Me acuerdo de ese paso fugaz con Paolo por la de Barquisimeto el primer día que llegué a Venezuela tras una minutada buscándola. También de las fotos en la de Valencia con la familia Román, todos nosotros ataviados para subir al cerro Casupo. No me olvido de la única que visité con un familiar: en Ciudad Bolívar. En la que contemplé con la compañía de un buen helado de “mantecado” y oreo el discurrir de la vida en una ciudad flanqueada por picos de cinco mil metros. Qué bonita es Mérida. Pero, la que más me impactó fue la de Caracas.

Los gustos siempre dependen de los momentos y las expectativas, entre otros tantos factores. En Caracas surgió así. Simplemente me encantó el lugar, era el momento. La zona donde está la plaza ya me llamó la atención por asemejarse a un casco histórico como los que se encuentran en Europa, con sus calles peatonales y un ir y venir de gente que siempre hace a cualquier lugar muy entretenido e interesante. Vamos, que tenía nostalgia de Europa después de tanto tiempo y ahí me sentí como si estuviera en un lugar sureño del Viejo Continente. La plaza en sí misma deslumbra por su diseño, tanto la parte urbanística como por el estilo de sus zonas verdes que confieren un frescor al caluroso ambiente tropical. El verde invita a la tranquilidad, algo tan ansiado en una gran urbe como Caracas.

Lo que me sucedió con Caracas en particular lo asemejo a lo que sentí con Venezuela en general. Un lugar al que llegas inseguro por todas las historias que te han contado y que probablemente muchas personas dejan de visitar por eso mismo. ¡No saben lo que se pierden! Visité Caracas cuando mi temor por Venezuela había desaparecido, solo quedaba respeto y precaución. Pero Caracas aun seguían siendo palabras mayores. Allí seguí respetándola, pero no temiéndola. ¡Disfrute en ella! Tal y como lo hice en todo el país.

Sin duda el patrimonio natural que presencié en Venezuela deja boquiabierto. Y no solo hay un tipo de hábitat, ¡hay miles! Desde la selva más frondosa, al desierto, pasando por los Andes, los llanos, la Gran Sabana, etc. La laguna de Canaima quita las preocupaciones a cualquiera cuando se zambulle en ella, es algo indescriptible la sensación de paz que uno respira a la orilla de la laguna entre esas inmensas cascadas que la alimentan y bajo los inconmensurables tepuys que la custodian. Como dicen en Lara: ¡Naguará! No hay expresión más útil y exacta para expresarlo.

Probablemente lo que más me impactó fue la forma de vida. Completamente diferente a una Europa normalizada y legislada hasta la extenuación. Allí comprendes que no pasa nada por saltarse un semáforo en rojo si no perjudicas a nadie y vas a tener que estar esperando 70 segundos para nada. Comprendes que el tiempo es el que es, que vale la pena aprovecharlo y, especialmente, disfrutarlo. Se piensa en el hoy, y el mañana ya se verá. ¿Para qué ese pensamiento europeo de tengo que cotizar porque me quedo sin pensión? ¿Vas a estar toda la vida esclavo para poder pagarte una residencia? Eso si al final cobramos pensión…

Si te adaptas a la forma de vida de allí se vive con mucha menos preocupación. En Europa quedas con alguien a las 22:00 y si no estás tienes problemas. En Venezuela tienes problemas si estás a las 22:00 porque no va a ver nadie hasta dentro de dos horas. Ya está, se asume y no pasa nada, si luego no te apetece ir no vas y punto. Y tan amigos. Se hace lo que se quiere. Como debería ser. Eso sí, lo anterior no quiere decir que la palabra de un venezolano no valga. En absoluto, hay que comprender en qué situación se está y cuando se queda para salir por ahí pues no es algo de vital importancia que el amigo aparezca porque si quieres salir la oferta no es escasa y si no es con uno será con otro. Cuando la situación lo requiere la presencia de un amigo es segura.

Dejo para el final lo más importante. El carácter de la gente. Jamás había estado en ningún país en el que la gente al percatarse de que era de fuera (aunque me sintiera un guaro más, jejeje) me preguntara “¿Estás a gusto?” y me dijera “bienvenido a mi país”. Era algo que de verdad emociona y que tendría que copiar el mundo entero para los extranjeros. Claro que tiene sus riesgos… Porque imagina que te preguntan esto en Finlandia. Te entras ganas de decir: “Pues mira chico, estoy hasta los huevos de no ver el sol desde hace 3 meses”. Y el pobre finlandés se queda con un palmo de narices. No es plan. Ya no quiero pensar lo que te dirían en España con el otro tópico que más se repetía: “Perdona las cosas malas de mi país”. ¡Eso ya no emociona, dan ganas de cantar! Como si el tendero que me vendía la botella de agua tuviera alguna culpa de las cosas malas. Es como si mañana al primer extranjero que vea le digo: “maño, perdona por el paro, la corrupción, la holgazanería, la tauromaquia, la ignorancia, la televisión…”. No sé el porqué, no sé si es por orgullo o porque no somos tan acogedores (al menos de primeras). Pero esas frases que reconfortan sobre manera cuando estás a 10.000 km de casa no las veo exportables a Europa.

En cualquier caso, gracias por los helados en diciembre y enero, gracias por las playas caribeñas, gracias por las noches en el Cambural, gracias por ese proyecto que me tocó desarrollar, gracias por los viajes larenses, gracias por la hospitalidad, gracias por tener curiaras no fabricadas en el Ikea, gracias por lo barato de la gasolina, gracias por las noches de joda en el apartamento, gracias por los ratos en el Cardenalito, gracias por la mosquitera, gracias por los jugos de guayaba y parchita, gracias por los paseos por la Lara, gracias por el vuelo en avioneta, gracias por hacerte del Zaragoza, gracias por las visitas, gracias por la cinemateca de Barquisimeto, gracias por los rapiditos, gracias por la chicha y el gorro, gracias por las noches de joda y cartas en Valencia, gracias por el aceite de oliva italiano, gracias por las risas, gracias por los pirulines y el mapa de Barquisimeto, gracias por el béisbol, gracias por las noches en el Bunker, gracias por el queso blanco, gracias por la atención y por el suero, gracias por los paseos por el Orinoco, gracias por las conversaciones de Canaima y Buja, gracias Alitalia por la manta, gracias por la amistad, gracias por el alojamiento, gracias por la comida baresí de Carora, gracias por las infructuosas clases de salsa, merengue y similares, gracias por el celular, gracias por Transnitria, gracias por las comidas y cenas en la UCLA, gracias por el cine, gracias por “darme la cola”, gracias por las explicaciones e indicaciones, gracias por esa ascensión fugaz al techo de Mérida, gracias por las hallacas, gracias por el salto en parapente, gracias por estar en el terminal diciendo “Acarigua, Acarigua, Acarigua. Acarigua saliendo, Acarigua, Acarigua, Acarigua…”, gracias por los partidos de fútbol del condominio, gracias por las ostras, gracias por decir también “Maracay, Maracay, Maracay, Maracay directo, Maracay…”, gracias por la despedida en Caracas y el viaje hasta Caracas, gracias por enseñarme el ¡Naguará! y, cónchale, gracias también por el aire acondicionado y ¡por el dengue! Aunque este último espero no repetirlo…

Gracias Venezuela.

 

Venezuela. 24 enero 2011

Llegué a Venezuela bien entrado el mes de octubre. No lo hice con temor, porque tenía allí contactos y confiaba en ellos por las referencias recibidas anteriormente. Pero no llegué con total tranquilidad. No me sentía en el aeropuerto de Caracas como me puedo sentir en el de Zaragoza o en el de Helsinki. Estaba inseguro, alerta, quizás asustado.

Pronto se recupera uno del brutal impacto que recibe, hablando de temperatura y humedad. Enseguida, dentro del aeropuerto con el aire acondicionado (asiduo compañero durante los siguientes tres meses) uno se olvida de esa brutal humedad y del calor sofocante. Siendo que unas horas antes el Cierzo azotaba mis labios hasta cortarlos resulta impactante sentir ese fuerte bochorno en tan poco periodo de tiempo.

No obstante, conforme transcurren los días y especialmente las semanas en aquel país uno comienza a percibir las cosas tal cual son. O al menos más alejadas a la fatal idea preconcebida desde Europa. Mi pensamiento sobre Venezuela antes de pisar ese país era completamente negativo. Sobre todo en lo que hace referencia a la forma de vida en aquella nación. Pensaba que uno podía encontrarse con cadáveres prácticamente todos los días cuando salía a comprar el pan por la mañana, que era imposible estar por la calle tranquilo, etc. Simple y llanamente es la información a la que has tenido acceso como un europeo normal, del montón. Las noticias malas de Venezuela son las que suelen prevalecer en cualquier medio de comunicación. En los que no falta documentales monotemáticos sobre la violencia de Venezuela y, como llegué a ver en Cuatro una vez, diciendo que financiada e incentivada por el propio Gobierno.

Al pasar las semanas agarras confianza, conoces más gente, se abren nuevas puertas; en definitiva vives en Venezuela. No eres un mero turista. Puedes empezar a comprender el país por ti mismo, sin que tus ojos vean lo que otros han seleccionado y contado para ti como ellos quieren. En ese momento comienzas a comprender que es mejor decir “agarrar” en lugar de “coger”. Pero también comprendes que hay multitud de acciones positivas encaminadas a desarrollar una sociedad más justa y equilibrada. Universidad gratis, con comida, cena y transporte. Fomento de la educación a todos los niveles, promoción de la lactancia materna, dignificación de las comunidades indígenas, leyes que protegen a los trabajadores, etc.

No obstante, todo es un proceso. Y, al menos, el mío no finalizó ahí. Porque tras ese citado período de entusiasmo en el que uno descubre que no está en el infierno. Y no solo no está en el infierno si no que siente que existe un país en este mundo en el que el Gobierno no piensa única y prevalencientemente en favorecer a las empresas que están consumiendo la vida de millones de trabajadores en todo el mundo. Es decir, no solo no se está en el infierno, si no que se promulgan verdaderos avances sociales, culturales, etc.

Como digo, no terminó en ese optimismo. Tras ese brutal optimismo y felicidad de comprender que Venezuela no es lo que te pintan desde Europa llega la decepción. Efectivamente dista mucho de ser el país oprimido, triste y casi en guerra que uno piensa en el viejo continente. Pero si se analizan sus medidas muchas hacen agua. No llegan a buen puerto. La teoría es muy buena pero la práctica falla. ¿Por qué falla? Es una gran pregunta que según mi punto de vista tiene bastantes factores pero que el principal es la naturaleza venezolana. Hay quien me ha dicho que es así la forma de ser del latinoamericano pero lo dudo bastante, proque en Venezuela hay mucho petróleo y esta forma de ser puede seguir existiendo, creo, gracias a eso. Me refiero a que todo el mundo se intenta aprovechar del vecino. No del vecino exactamente, si no de cualquier hecho que le vaya a beneficiar a él y que generalmente va en contra del interés común. Es aprovechar la oportunidad que se presta y después ya se verá. Un claro ejemplo es el de las cooperativas agrarias en el medio rural, un ente que en Europa funciona bien y se puede decir que es casi imprescindible para que al pequeño agricultor reciba un mínimo de respeto. Pues bien, en muchos pueblos de Venezuela se dieron ayudas para desarrollar una cooperativa y ese dinero se volatilizó en una moto, un carro (coche en España) y la ampliación de una vivienda por parte de dos o tres personas del pueblo de turno. ¡Ni cooperativa ni vainas! Y el dinero fuera. Es un ejemplo. Pero hay miles. Esa cultura de aprovecharse cuanto se pueda del resto es algo que está aceptado y casi se aplaude y se dice “qué listo eres, chamo”.

Luego está la variante de este comportamiento a gran escala que es la corrupción de la clase política. Que intenta hacer lo mismo. Hay quien ha visto la oportunidad de su vida y se ha visto en lo más alto del poder con facilidad para mangonear y siguiendo esta tónica se aprovecha. Pues la variante del mismo problema.

Por otro lado está el problema de los embargos. Es decir que Venezuela tiene dinero contante y sonante ( o tenía) para comprar repuestos de ciertas máquinas médicas que solo se fabrican en EE.UU. y La Casa Blanca prohíbe a sus empresas vender esas piezas a Venezuela. A esto hay que unir la presión política y mediática de EE.UU. en contra del Gobierno (véanse cables de wikileaks). En fin, y un largo etcétera que solo sirve para que pierda la población, especialmente la clase media, la cual es con diferencia quien más ha perdido en estos últimos tiempos.

Y no puedo olvidarme de que en Venezuela la inflación no la regular el Banco Central si no que lo hace una entidad privada, tal y como sucede en Estados Unidos. Probablemente como medida de presión contra el Gobierno la inflación sube un 25 % anualmente. Algo que sin duda es una auténtica barbaridad.

[Continuará...]

 

¿De Disney Land a Vietnam? 25 octubre 2010

Hace menos de una semana quien escribe estas líneas se encontraba en la ciudad más latina de todo Norteamérica, en la metrópolis de la provincia canadiense de Québec. En la apacible, divertida y segura ciudad de Montréal. Visto desde un punto de vista simple aquello parecía Disney Land, un mundo de diversión, felicidad y entretenimiento. Al menos esa sensación tuve en el escaso mes que viví en su zona centro. Y esa es la idea de la mayoría de aragoneses con los que he hablado.

Bien, hoy escribo estas líneas ya en suelo europeo, desde Zaragoza, mientras espero en la puerta de la Ciudad Universitaria a mis amigos para despedirme de ellos hasta el 2011 porque mañana viajo a Venezuela por tres meses. Sí, a Venezuela. También está en América como Montréal y también es latina la lengua que se habla pero la diferencia es notable. Al menos eso es lo que se dice porque nunca he estado allí.

Mucha gente, y por tanto también muchos lectores estarán pensando que qué se me ha perdido por allí, que por qué hago esto y cuestiones similares. A los más caseros se les vendrán a la mente imágenes de anacondas con la cara de Chávez y bandoleros asaltando turistas en Caracas. Otros sentirán compasión y entenderán lo difícil que se ha puesto el mercado laboral español: “Probecico, se tiene que ir tan lejos…”. Los menos se asombran y se alegran sinceramente de la oportunidad que se presenta. Este último caso es una rara excepción entre la sociedad aragonesa, pero era la posición que más se repitió durante mi estancia en Canadá.

En definitiva, la gran mayoría de aragoneses al oír que alguien se va tres meses a Venezuela a hacer unas prácticas de la Universidad se asusta o directamente piensa que has perdido el juicio o ambas dos. Piensan que es casi como ir al Vietnam en guerra de décadas atrás. Especialmente si esos aragoneses son señoras de edad avanzada y parte de mi familia a las cuales llamo “yaya”.

Pero bueno, nunca he estado en Venezuela y tampoco estuve en ese Vietnam bélico, simplemente porque no había nacido. Así que no puedo comparar nada ahora mismo desde mi casa del barrio de San José, pero invito al lector a que lo vaya descubriendo conmigo durantes estos próximos tres meses.

 

 
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